Vida

No soporto a mi compañero de trabajo: cómo acabar con las relaciones laborales tóxicas

Si ya bastante es tener que madrugar para ir a trabajar, un ambiente profesional nocivo es la gota que colma el vaso:

· ¿Cómo podemos lidiar con los malos rollos con un compañero o la tensión desmesurada con los superiores?

· Consultamos a las coach Alejandra Llamas y Berta Álvarez para que nos arrojen un poco de luz sobre el asunto

Si ya bastante es tener que madrugar para ir a trabajar, un ambiente profesional nocivo es la gota que colma el vaso:

· ¿Cómo podemos lidiar con los malos rollos con un compañero o la tensión desmesurada con los superiores?

· Consultamos a las coach Alejandra Llamas y Berta Álvarez para que nos arrojen un poco de luz sobre el asunto

Toxic ha sido la palabra de 2018 para el diccionario Oxford. Y no porque hayan decidido rendir tributo tardío a una de las mejores canciones de Britney, que ya podrían, sino porque este término ha vivido este año un aumento del 45% en las búsquedas en su web. Después de ‘chemical’ (‘químico’), la palabra con la que más se ha asociado ‘toxic’ en las búsquedas es ‘masculinity’ (masculinidad’) y otras como ‘relationship’.

Tendemos a situar las relaciones tóxicas dentro de un contexto sentimental, pero este tipo de relaciones son habituales también en ambientes familiares o laborales. Una relación tensa con un compañero, por ejemplo, puede hacer que el trabajo se nos haga cuesta arriba y no solo no cumplamos nuestros objetivos, sino que esta mala relación traspase lo profesional y haga mella en nuestra vida personal. ¿Cómo podemos afrontar un mal ambiente profesional?

Para empezar, la coach Alejandra Llamas, autora del libro Libérate (editorial Grijalbo), nos anima a deshacernos de la etiqueta ‘tóxico’. “El lenguaje te puede condicionar y engañar”, advierte. “Cuando le pones el título de tóxico estás generando un juicio y hablando como una verdad absoluta. Mientras lo veas así no vas a ver otras posibilidades para esa relación porque el lenguaje te está condicionando emocionalmente”, continúa. Prefiere referirse a este tipo de relaciones como disfuncionales porque “algo en la relación no está funcionando”.

¿Y qué puede ser ese “algo”? Para distinguirlo hay que prestar atención a cómo nos sentimos cuando estamos con nuestros compañeros. Según Berta Álvarez, psicóloga, coach y consultora de RRHH, estas relaciones laborales son nocivas “si nos provocan emociones negativas, es decir, si nos sentimos mal con ellas, perdemos nuestra identidad o forma de ser con ellas, nos alteran de manera que nos es complicado mantener el control y tiene efectos negativos en nuestra vida”.

Este tipo de relaciones disfuncionales con personas de nuestro entorno laboral pueden ver mermado nuestro rendimiento, calidad y productividad, así como aumentar el absentismo laboral, disminuir nuestra motivación e incluso hacer que perdamos o dejemos nuestro trabajo. Y es algo más común de lo que podemos imaginar: según un estudio de la Universidad de Georgetown, el 98% de las personas aseguraban haber sufrido este tipo de relaciones en su trabajo.

Por supuesto, hay diferentes tipos de relaciones tóxicas. Álvarez nos las enumera: “pueden ser relaciones cuya base en la comunicación es la crítica, el prejuicio, la etiqueta, la queja, los problemas y la no acción, relaciones de una única dirección, relaciones idealizadas, relaciones con comunicación pasivo-agresiva, relaciones en las que difícilmente se perdona y se confía, relaciones en las que una de las partes castiga y/o chantajea emocionalmente a la otra por no comportarse acorde a sus expectativas, relaciones basadas en mentiras o relaciones en las que no se dedica tiempo y espacio”.

En cualquiera de esos puntos es en donde nos enquistamos porque no somos capaces de controlar esa toxicidad, pero quizá sí podemos cambiar nuestra forma de pensar o responder ante esa relación. Alejandra Llamas afirma que “cuando estamos en ese punto hay muy poca evolución, tanto de la relación como de los proyectos que queremos hacer en conjunto, pero no existen las malas relaciones, existen las relaciones que nos dan oportunidad para crecer y vernos a nosotros mismos”. Eso no quiere decir que necesariamente nos quedemos en esa relación, matiza, podemos alejarnos y salir de ella, “pero sí que nos cuestionemos más allá del yo soy el bueno y la otra persona la mala”.

Así, la coach sugiere que, si nos encontramos en una relación que se basa en el conflicto y la mala comunicación, veamos “cuál es nuestra participación en esa relación”. “Desde mi punto de vista todas las relaciones son oportunidades para hacer más trabajos interiores para nosotros”, asegura. “Cuando estamos tan reactivos y pensamos que el balón está allí afuera, empezamos a vivir a la defensiva”, comenta, y resalta la importancia de tener un diálogo interno y realizar un fuerte ejercicio de autocrítica. “Para ello debemos estar dispuestos a tener ese espacio de humildad y comenzar a indagar en nosotros mismos”, manifiesta.

Por su parte, Álvarez remacha que en todas las situaciones vivimos dos aspectos: uno, que es el que no podemos controlar y tiene que ver con el otro o variables externas a nosotros, y otro en el que siempre podemos hacer algo, y al igual que Llamas, también se centra en este. La psicóloga insiste en la relevancia de identificar los pensamientos que estamos teniendo y que nos llevarán a la conducta o comportamiento que mostramos. “Normalmente no nos enfadamos por lo que nos dicen, nos enfadamos por lo que nos decimos a nosotros mismos de lo que nos dicen o de lo que sentimos que nos hacen. Los pensamientos se pueden cambiar y con ellos las emociones y las conductas”, garantiza.

Además, ofrece como trucos concentrarnos en nuestra respiración antes de responder, tener autocontrol y practicar la escucha activa, la empatía y la asertividad. “Prestar atención también a la coherencia entre nuestra comunicación no verbal y la verbal. No dejar sin aclarar situaciones confusas (con la persona o, si es alguna situación más grave, como por ejemplo, acoso, con el responsable, pero nunca dejar de comunicarlo)”.

La ironía y el ataque, en cambio, no llevan a ningún sitio. Relativizar todo lo que podamos y echarle humor también pueden servirnos para capear este tipo de relaciones. Ah, y mucha paciencia. Y, por supuesto, ante las situaciones más persistentes y graves, permanecer firmes y contundentes y comunicarlas a nuestro superior.

  • Cecilia Marín

    Por Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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