Tendencias

‘Casi nada que ponerte’: Cómo recordar es (re)inventarse

Un libro inspirado en formas por Marcos Ordóñez, en fondo por Tom Wolfe:

· Un 'cuento de hadas' argentino con raciones de periodismo y autoficción

Un libro inspirado en formas por Marcos Ordóñez, en fondo por Tom Wolfe:

· Un 'cuento de hadas' argentino con raciones de periodismo y autoficción

Ni autoficción, ni novela, ni ejercicio de estilo neoperiodístico y todo lo anterior. Casi nada que ponerte (Libros del Lince) de la periodista Lucía Lijtmaer (barcelonesa, hija de emigrantes argentinos) se pone a contar la historia de una pareja, dos hombres, que se hicieron ricos ‘traficando’ con glamour. Y para ello tiene que narrar cómo era la Argentina cuando eran niños, jóvenes, maduros -el siglo XX-. Pero primero, ha de explicar cómo la vida de estos mercaderes anacrónicos se entremezcló con la de su propia familia, exiliados argentinos en Barcelona. Lo que le lleva, irremediablemente, a hablar de sí misma y de su identidad y del desarraigo y del ser y no ser de un lugar al mismo tiempo.

Dos personajes insólitos y entrañables centran la narración: Mario y Roberto, una pareja homosexual que se hizo millonaria entre los sesenta y principios de los noventa engatusando a la alta sociedad porteña con los tejidos y diseños más exclusivos y delicados del Viejo Continente que importaban a la capital latinoamericana.

Retrato socioeconómico de unas décadas convulsas, pero también reflexión sobre el amor y la obsesión, sobre la voluntad de recordar y el querer ser recordado.

Cuéntame el proceso de escritura.

Como cuento un poco en el libro, al principio tenía algo de encargo: era una historia que a mí me había fascinado desde la infancia y se la conté a un editor y me ofrecieron un adelanto por ir a investigarla en esas fechas, en 2008. Después llegó lo más duro de la crisis, y con un primer borrador del libro entregado, la editorial dejó de lado esa línea periodística y yo me quedé con el original, allá por 2011. Ahí decidí retocarla y guardarla en un cajón. Y hasta ahora, que ha aparecido el ángel en forma de Enrique Murillo (Libros del Lince), el editor perfecto para este libro.

No es una novela, ni un ensayo, ni exactamente autoficción (¿o sí?). Y no es que sea necesario etiquetarlo todo, pero tú, ¿cómo lo ves?

Durante mucho tiempo me obsesioné con que fuera ajustado a la noción de periodismo, con que fuera no ficción estricta. Hay mucho que no aparece, pero me documenté muchísimo sobre urbanismo en Buenos Aires, sobre la estructura de la industria de la moda -que es muy peculiar en Argentina, un país que durante mucho tiempo fue colonia-.

Pero me di cuenta de que tenía un problema: ¿cómo cuento la infancia de alguien si no he estado allí? Me resultaba indispensable explicar la infancia de Mario y de Roberto -la de Mario está en una primera versión del libro, después la eliminé-, pero no tenía suficientes datos. Y me paralicé.

Después me di cuenta de que tenía que perderle el miedo a lo real. Así que recurrí a lo que hizo Tom Wolfe en La izquierda exquisita, uno de sus primeros reportajes de Nuevo Periodismo: utilizar los recuerdos de los entrevistados, ya no desde la primera persona, sino narrando con técnicas literarias. Wolfe lo hace estupendamente con Leonard Bernstein, del que narra un sueño que el propio Bernstein le contó. En vez de decir que es un sueño, lo cuenta como si estuviera dentro del sueño. Claro, los puristas se lo comieron vivo, pero la verdad es que funciona muy bien. Así que hice lo mismo. En vez de que Roberto cuente “mi infancia es la vía del tren”, yo narro la vía del tren.

Casi nada que ponerte

La escritora, Lucía Lijtmaer. Foto: Inma Varandela.

 

En parte del libro juegas con el formato para dar a entender, o eso puede interpretarse, que no te llegabas a creer del todo la historia, o que consideras la reconstrucción del pasado como una ficción, ¿es así?

Absolutamente. La cita de Mario cuando dice que todos representamos nuestra vida, da paso esa idea de ficción. Todos nos narramos de una manera u otra. Mario y Roberto deciden explicar su vida desde la alegría y el espectáculo. Creo que por eso sobreviven.

Y, por otro lado, si lo piensas, todo lo que nos queda de nuestra propia historia son siempre las narraciones, las anécdotas. Sabemos de nuestro pasado familiar, de nuestra historia, a través de lo que nos transmitimos. ¿Es ficción lo que te contó tu abuela sobre la guerra? ¿Se ajusta a la realidad? Quién sabe. Pero siempre se convierten en mitos, que nosotros volvemos a transmitir.

casi nada que ponerte

La modelo Carmen Yazalde, portada y personaje del libro.

¿Por qué decidiste entremezclar tu vida, exponerte?

Eso fue lo que más me costó, en la primera versión del libro no salgo. Pero me di cuenta que si la primera persona funcionaba cuando hacía la crónica del viaje -por ejemplo, cuando iba a buscar el pueblo del que salió Roberto- no podía dejar de lado cómo conocí a estas dos personas: era una ligazón familiar, desde la infancia. Y ocultar que esa relación existía me parecía una mentira periodística. Es como cuando entrevistas a alguien que conoces en prensa diaria: ¿no debería, por principio ético, conocer el lector que tienes una relación personal con el entrevistado?

Eso me llevó, por defecto, a tener que narrar que para mí un viaje a Buenos Aires no es un viaje a una ciudad cualquiera. Tiene connotaciones especiales que tienen que ver con el exilio. Y ahí tuve que exponerme, por mucho reparo que me pueda dar.

¿Qué lecturas o películas te han inspirado para escribir como has escrito este libro?

En el formato, me inspiró muchísimo el libro de Marcos Ordoñez sobre Ava Gardner, Beberse la vida. Su manera de narrar oralmente -es decir, que los entrevistados hablen sin mediación del narrador-, me parece sublime.

Para algunas escenas volví a leer a Manuel Puig, y sus recuerdos del interior de Argentina, y del cine, y de su infancia. Y las citas musicales del libro son letras que me gustan y me parecían que tenían que ver con lo narrado (Nueva Vulcano, y ese chiste sobre la conciencia de clase, por ejemplo: “que vivan las cosas y las casas que no hay que explicar”. Las casas que no explicas porque son una explicación en sí mismas, no hay ‘linaje’, me encanta).

Por otra parte, como explicaba anteriormente, hubo mucho trabajo de documentación histórica con respecto a los periodos que narro -la estructura social, económica, política- aunque no sean evidentes.

Da la sensación de que en Casi nada que ponerte cuentas un poco un proceso de crecimiento o de madurez, esa búsqueda de qué soy, qué hago, qué pasa con mi vida… ¿Lo ves así?

No te sabría decir, la verdad. Soy incapaz de tomar distancia. Sí creo que hay un proceso de extrañamiento que tiene que ver con volver a un lugar que no es tuyo pero que reconoces. Hace unos años le hacía un chiste a un amigo, diciéndole: los hijos de emigrantes tenemos “la casa del pueblo” muy lejos, en mi caso a 13.000 kilómetros. Eso te genera un conflicto con las distancias, las despedidas… Es extraño.

Seguro que hay crecimiento en el sentido de que el extrañamiento ante la distancia te hace hacerte preguntas sobre cual es tu condición y qué lugar ocupas en el mundo. Alguien que recorre muchos kilómetros para conocer de dónde proviene tiene, por defecto, que explicarlo y explicárselo.

Los hijos de emigrantes tenemos “la casa del pueblo” muy lejos, en mi caso a 13.000 kilómetros. Eso te genera un conflicto con las distancias, las despedidas...”

Lucía Lijtmaer

¿Qué ha sido de Mario y Roberto, han leído ellos Casi nada que ponerte? ¿Y el resto de personajes reales?

Mario y Roberto no han leído el libro, pero conocen de su existencia y están muy contentos (y algo sorprendidos con que quisiera escribir sobre ellos). Están bien, en Buenos Aires, dicen que el año que viene pasarán por España, que quieren viajar otra vez. Roberto está mucho mejor, lo cual es una alegría.

He leído que Carmen Yazalde -la mujer de la portada- está de gira por el interior de Argentina, desfilando. Una diva.

https://www.youtube.com/watch?v=zasaH7Rt-UY

¿Y por qué Casi nada que ponerte?

Es parte de la letra del tango Margot: “Aun me acuerdo/ no tenías casi nada que ponerte/ hoy usas ajuar de seda con rositas rococó”. Narra la historia de una Margarita que se transforma en Margot y se convierte en una mujer casquivana de la noche porteña. Está contado por su ex amante, que dice algo así como “yo te recuerdo de antes que te gustara el champán y la vida loca”. Me gustaba mucho la idea de incluir algo de esa ascensión y caída, y tenía que ver con la moda, que en el fondo era la gran pasión de estos dos personajes. Y, como no, es un homenaje a mi familia, somos todos muy tangueros.

  • Laura Caso

    Por Laura Caso

    Me gusta preguntar, me interesa casi todo y llevo fatal esperar. Si algún día me parezco a Bette Davis será que lo he hecho bien.

¿Qué te ha parecido?

Te doy mis diez

Me indigna

Me entristece

Fli-po

Me partooo