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¡Empotra, empótrame empó…! Ética, estética y deontología del Empotrador

Merodeamos por un concepto muy presente en nuestras vidas:

· No te sorprendas, sabes tan bien como nosotros de lo que estamos hablando

· ¿Eres tú uno de esos empotradores? Mientras no seas el primero, nos vale

Merodeamos por un concepto muy presente en nuestras vidas:

· No te sorprendas, sabes tan bien como nosotros de lo que estamos hablando

· ¿Eres tú uno de esos empotradores? Mientras no seas el primero, nos vale

Empotrar:

De potro

1. tr. Meter algo en la pared o en el suelo, generalmente asegurándolo con fábrica.

2. tr. Entre colmeneros, poner en un hoyo las colmenas para partirlas.

3. tr. Incrustar una cosa en otra, especialmente al hacerlas chocar con violencia entre sí. Empotró el coche EN la fachada. U. t. c. prnl. U. t. en sent. fig.

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¡Señora, ha llegado a su casa, El Empotrador! Un término recientemente acuñado que no sirve sino para dar forma a un concepto tan escurridizo como vetusto. Arcaico, primitivo, rudimentario, instintivo, vehemente, básico. ¿Cómo definir la pulsión eros-tánatos? Pues mira, aquí no estamos para abrir esos melones, querida. Que de aquellos polvos vienen estos lodos. Quizá nunca mejor dicho.

Tras una concienzuda investigación por diferentes fuentes con un elevado índice de citación en prestigiosas publicaciones científicas de gran impacto, resulta altamente arriesgado afirmar que pueda existir una definición que realmente se haga eco de lo que el Empotrador supone para la civilización occidental. De modo que hemos llegado a la conclusión de que, en torno a la noción “del que viene a empotrarnos”, tan sólo cabe marcarnos una disección absolutamente arbitraria y demencial. (In)conscientes somos de que nos estamos metiendo en un jardín del que sólo podemos salir con cardos clavados bajo las enaguas.

El imaginario Empotrador nos conduce irremediablemente a la penetración. Ya lo siento. Tampoco he opuesto demasiada resistencia, la verdad. MODO mujer heterosexual normativa ON. No obstante, no se queden ustedes estancados en el mero arte del taladraje. Los Empotradores son seres que aportan algo a la cultura popular mucho más allá de su fascinante virtud para rellenar pavos. De hecho, lo más interesante del concepto son las expectativas, desilusiones y todas las narrativas posibles que su portentosa colección de elementos simbólicos nos lega.

Al turrón. Tipos de Empotradores:

1. El EmpotraNOT

Empecemos por la negación.

El pseudo-empotrador o empotrador-fake puede catalogarse, a su vez, en dos subtipos. Desde el punto de vista más obvio, se trata de ese papito con su vaina loca y su músicadefuturo.

Su hábitat natural suele ser el madrileño barrio de Huertas, al cual debéis tomar como metonimia de todos esos enclaves equivalentes que conocéis. Lugares en donde solamente su corazón de Don Juan Tenorio puede palpitar al ritmo de Pablo Alborán. Es tan la Tuna. Es tan invitarte a cenar espagueti carbonara y Lambrusco. Es tan regalarte una rosa de plástico. Es tan espuni. El espécimen “forocochiano” (…it’s an attitude) realmente vive imbuido en la extravagante fantasía de que el Ars amatoria es su libro de cabecera. Cuando se mira en el espejo para depilarse las cejas se reafirma: “Tengo todo lo que quieren las wachas…”:   

No suele ser especialmente peligroso a nivel de nuestras expectativas pisoteadas como colillas en la acera, puesto que se le ve venir tan a la legua como a Paco Clavel con un chaleco reflectante. De hecho, si son ustedes grandes voyeristas, pueden disfrutar y mucho del hecho observacional ante semejante despliegue pirotécnico.

Pero cuidado con el reverso tenebroso de los EmpotraNOT, puesto que ahí sí que está en juego que nuestras fantasías más hermosas se desvanezcan como lágrimas en la lluvia y que incluso lleguemos a pensar que los Empotradores son criaturas mitológicas que cabalgan por realidades paralelas montados en flamantes unicornios, perdiendo toda la fe en la posibilidad de toparnos con uno de ellos en el ascensor.

Nos referimos a los Reyes Magos del empotramiento. A los crueles prestidigitadores que harán añicos nuestros anhelos de acabar siendo incrustadas en la pared de un urinario. Por ejemplo. Un ejemplo tonto y aleatorio. No le demos más importancia, de verdad.

Son agua de borrajas. Son la gran entelequia. Son la caverna platónica. Son el Anti-Draper:

2. El Empotrador Huevo Kinder.

¡Soooorpreeeeesaaaaa!

En relación con el último y pernicioso subtipo de EmpotraNOTs, donde dije digo, digo Diego. Y “mira lo que se avecina a la vuelta de la esquina viene Diego rumbeando” para resarcirnos a todas. Me atrevería a afirmar con rotundidad que precisamente los Empotradores Huevo Kinder son el mejor tipo de Empotrador posible. Son esos seres en apariencia (y/o en espíritu, poco importa en realidad donde empieza o termina el relato que construimos sobre nosotros mismos y, con mucha más razón, el que construimos sobre los demás) frágiles, quebradizos, trémulos, timoratos. Hombres “blandengues”:

Los reyes del mambo inesperados son la sal, la pimienta, el curry y el pimentón de la vera de la vida. Llegado el momento oportuno, el Empotrador Huevo Kinder manifestará su verdadera naturaleza empotril a través de una mirada vampírica tan penetrante como el olor del cocido en un patio interior. Una mirada tan sucia como inequívoca. Son el Nosferatu. Son una revelación. Una epifanía blasfema. Y lo que parecía iba a convertirse en una velada-duelo de referencias y meta-referencias ingeniosas sobre cualquier tema que podáis arrastrar con vuestra labia hacia la cultura popular se convierte en un salvaje intercambio de fluidos. Magia.

 

3. El Empotrador bucólico o el mito de los hombres que construyen con sus manos (un mundo mejor).

Esos hombres robustos, recios, curtidos, preferiblemente atormentados por su pasado, que han tenido que salir adelante sembrando sus manos de callos, agrietando sus rostros con la sal del sudor de su esfuerzo. Fibrosos y castigados por el sol. Hombres sencillos, parcos en palabras. Hombres de acción, experimentados y útiles. Hombres que saben lo que se hacen y, por ende, lo que te hacen. Sin remilgos. Sin complejos. La carne.

Hombres que, entre que curan tu rebaño de una plaga incomprensible y salvan la cosecha de una tormenta propia del Antiguo Testamento tienen tiempo de sobra para empotrarte contra un buen montículo de heno. Hombres como Gabriel (Alan Bates) en Lejos del mundanal ruido (John Schlesinger, 1967). Hombres, en definitiva, que qué no harán con esas manos y ese ingenio pragmático. Amén:

4. El Empotrador reprimido pasivo agresivo. O el kabe-don japonés.

Si tu rollo es más Cincuenta sombras de Grey aunque en realidad lo que quieres es un buen Marqués de Sade, esta categoría te interesa. Qué decir de esos hombres serios e introspectivos, que tratan de constreñir sus verdaderas apetencias, que se autoflagelan en una constante penitencia afectivo-sexual y que, de pronto, explotan en diversas manifestaciones, cuanto menos, “originales”, reclamando desesperadamente tu atención y castigando, al mismo tiempo, tu pecaminosa y corrupta invasión de su sagrada intimidad.   

La vertiente japófila de todo este asunto (con sus niponas particularidades, claro está) recibe el nombre de kabe-don y describe el acto genérico de acorralar a la turbada hembra escogida para la ocasión contra un muro cualesquiera que este sea, apoyando (“Dios está en los detalles”) la mano contra el susodicho paredón. De hecho, kabe (壁) significa “pared” y don (ドン) es la onomatopeya que describe el golpe de la mano contra este objeto en cuestión.

Digamos que el kabe-don supone el clímax de una tensión sexual no resulta tan tortuosamente dilatada que nos está yermando a todos hasta dejar nuestras entrañas como alga kombu secada al sol de Agosto en Osaka. ¿Y qué pasa cuando hidratas el alga kombu?

vía Giphy

vía Giphy

Pues efectivamente, hermana.  

Nota mental. Nunca confundir kabe-don con kame-hame-ha:

 

5. Michael Fassbender, Vincent Cassel y Joaquin Phoenix. “Eran uno, dos y tres, los famosos Mosqueperros…”

A estas alturas del sesudo artículo de investigación en el que nos encontramos, no es en absoluto necesario que añadamos nada al respecto. Just Let the Sunshine In, baby…

Michael Fassbender
Vicent Cassel
Joaquin Phoenix

 

  • Laura Maza

    Por Laura Maza

    Gifmaníaca, cinéfaga, japófila y pánfila. La cultura popular manda, y no tu panda.

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