Política

Gordofobia, un odio disfrazado de ‘me preocupa tu salud’

Cristina Vallejo siempre ha sido, según sus propias palabras, “una persona gorda”. Desde que un accidente de coche le provocó una discapacidad en una pierna que le dificulta caminar, ganó más peso. A veces, cuando cruza un paso de cebra, algunos conductores le meten prisa, la insultan. Por su falta de movilidad, pero, fundamentalmente, por su cuerpo. Porque la discriminación contra las personas gordas es, como ella explica, una fobia dentro de otra, que quienes sufren comparan con el racismo: si eres negro y gordo, sufrirás discriminación por partida doble.

Hace cuatro años que Cristina se unió a Stop Gordofobia, una iniciativa online con casi 50.000 seguidores en Facebook donde hoy es una de las administradoras y que, como defiende, “no busca fomentar la obesidad, sino la aceptación a todo el mundo”. Aunque no siempre es fácil; justo cuando empezamos a hablar con ella, la red social bloquea la página durante unas horas. Pasa con frecuencia desde que Stop Gordofobia superó los mil ‘me gusta’, no faltan los trolls, la gente que insulta y que denuncia las publicaciones. “Panda de gordas, suicidaos todas”, les escriben en algunos mensajes privados.

Según datos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), más del 50% de la población adulta y casi un tercio de la infantil tienen sobrepeso u obesidad. Cada nueva estadística de prevalencia demuestra que va en aumento; sin embargo, Stop Gordofobia sigue recibiendo a diario decenas de historias de discriminación: en tiendas de ropa, en recreos, en entrevistas de trabajo. Algunas personas quieren que la página lo haga público; otras “solo necesitan desahogarse, hablar con alguien que les mande un abrazo”, que entienda cómo se sienten cuando, con 14 y 15 años, llevan meses sin salir de casa, y su médico solo les prescribe dieta. “Eso no es solo gordura; es un caso de fobia social, tienes que trabajar su autoestima”, señala Cristina, que asegura que todavía existe “mucho desconocimiento”.

“No es solo gordura”

Las consecuencias físicas de la obesidad dejaron de ser noticia hace tiempo. Diego Bellido, especialista en Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol (CHUF) y vicepresidente de la SEEDO, recuerda que constituye un factor de riesgo en el desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, las afecciones cardiovasculares e incluso tipos de cáncer como el de mama, endometrio y colon. Los problemas psicológicos que puede acarrear, en cambio, son menos conocidos.

Impulsividad, ansiedad, hipocondría, dificultad para modular sentimientos y conductas, inhibición social, temor al abandono, trastornos obsesivo-compulsivos e inestabilidad en las relaciones son solo algunos de los ejemplos que pone el médico; unos son consecuencia del exceso de peso y otros, en cambio, pueden ejercer de factor determinante en su desarrollo. Todos ellos, íntimamente relacionados con la discriminación que la obesidad sigue generando, que, según detalla el vicepresidente de la SEEDO, “en la infancia y adolescencia constituye uno de los principales problemas de rechazo social, fracaso escolar y adaptación al medio”, detalla.

Hace poco más de un mes Facebook censuró la imagen de una modelo XL publicada por la plataforma feminista australiana Cherchez la femme por “violar su política de salud y estado físico”. Cristina explica que la gordofobia no se manifiesta únicamente a través de insultos. También están quienes criminalizan lo que consideran un estilo de vida poco sano. “Al vernos, algo se les remueve por dentro de alguna forma, y quieren dar su explicación de por qué ellos siguen otro patrón de vida. Está claro que hay que llevar una vida sana, pero nos hace gracia que desconocidos se preocupen tanto por nuestra salud”, comenta, con risa irónica. “¿De verdad la gente cree que los que estamos gordos no lo sabemos? ¿Que no nos miramos al espejo?”, reza una de las publicaciones de Stop Gordofobia.

Una tormenta de intereses

La obesidad rara vez tiene una sola causa: mala alimentación, sedentarismo, factores psicológicos, alteraciones metabólicas, trastornos neuroendocrinos y genética son algunos de los factores que, según el doctor Bellido, intervienen en ella. El endocrino también habla de la existencia de un ambiente obesogénico, es decir, que favorece la obesidad.

“Conseguir el equilibrio energético -que el gasto energético del cuerpo supere a la ingesta- parece simple, pero es realmente difícil aplicarlo en el día a día en nuestro medio, donde el acceso a la ingesta es libre, la comida hipercalórica y de alta densidad energética es más barata que la dieta sana y las condiciones de vida no facilitan el desarrollo de actividad física mantenida”, explica el especialista en nutrición, que destaca que la obesidad afecta preferentemente a los sectores de la población más desfavorecidos social y económicamente, y más vulnerables, como los niños. Otra vez esa doble discriminación de la que habla Cristina.

La información resulta clave en la prevención, pero, cuando viene de medios de comunicación sostenidos por la publicidad, “rara vez es neutral”, recuerda el médico: “la misma cadena de televisión que anuncia los beneficios del ejercicio físico promocionado por una empresa de material deportivo ofrece inmediatamente después las ventajas de ver sus programas consumiendo comida basura”. Tampoco la industria farmacéutica, añade, dedica “grandes esfuerzos a informar de la gran eficacia de un cambio de vida saludable que evitaría consumir sus productos”.

Y en medio de toda esa tormenta de intereses, en mitad de todos esos refrescos y hamburguesas gigantes y asientos de cines y autobuses y tallas estandarizadas, están las personas gordas. El doctor Bellido explica que, muchas veces, “se ven incapaces de conseguir el cambio que unos le piden, pero otros le dificultan, luchando continuamente en contra de una oferta ilimitada de ocio sedentario y alimento”.

Se sienten culpables de ser obesos, y culpables de no ser capaces de solucionarlo. Miran a su alrededor y ven cómo otros mantienen su peso en un rango saludable sin tener que pensar qué comer, e incluso disfrutando de ello. Tarde o temprano su lucha contra el hambre en medio de la abundancia les hace sucumbir, y sobreviene el fracaso. En este ambiente no es difícil acabar en el aislamiento y la depresión. Atacarles aún más acabaría por hundirlos”, recalca.

No hay etiquetas para las delgadas

De un lado, los insultos; de otro, el “discurso de la salud”, como lo llama Cristina; y, además, todas esas categorizaciones supuestamente amables e inofensivas. Se diría que modelos con tallajes lejos de los estándares han dado, por fin, el salto a la moda, el cine y la publicidad, pero lo han hecho siempre custodiadas por etiquetas -gordibuenas, curvy, fofisanos- que, lejos de romper la norma, se limitan a ampliarla un poco, y que la delgadez sigue sin parecer necesitar. Casi todas las publicaciones de Stop Gordofobia tienen voz femenina; Cristina tiene claro que, aunque los hombres gordos también sufren la discriminación “y mucho”, el estándar de belleza contra el que luchan “ha sido impuesto por una sociedad machista que enfoca más su odio hacia las mujeres”.

Mientras que la lucha contra las discriminaciones de sexo, raza e ideología ya lleva un camino de muchos años, la sensibilización frente a la gordofobia es algo, para Cristina, “entre comillas, bastante nuevo”, que ella relaciona con la liberación femenina: “cuando la mujer se empieza a independizar, deja de llevar corsé, pero por otro lado se crean nuevos patrones para encorsetarnos de otra manera; ya no llevamos corsé, pero tenemos que pesar un número determinado de kilos”.

¿Cómo podríamos esforzarnos por tener una sociedad con menos obesidad y que, al mismo tiempo, sea más solidaria con quienes viven con ella? No podemos permanecer de brazos cruzados ante un problema que va en aumento, recuerda, desde la SEEDO, su vicepresidente. “Es una enfermedad crónica y, como todas las enfermedades crónicas, exige un esfuerzo terapéutico permanente”. El especialista destaca iniciativas como la Estrategia NAOS o la legislación especial que prepara Andalucía, pero dice que hace falta mucho más. Educación nutricional desde la escuela, ciudades sin obstáculos para la actividad física, menos promoción de productos demasiado energéticos… apostar en la práctica por ese estilo de vida mediterráneo del que tanto gusta presumir en la teoría.

Cristina, que es vegana, también defiende la alimentación y los modos de vida saludables. Pero destaca, además, la importancia de educar en el respeto, de “dar siempre una oportunidad a las personas antes de prejuzgarlas por su aspecto”. Ella tiene una hija, con la que trabaja en lo que define como “antibullying”. “En el primer colegio en el que estuvo tenía una compañera con la que había niñas que no querían jugar porque estaba gorda. Lo entendió perfectamente cuando le enseñé fotos mías de pequeña y le dije: tú a mí me hubieras insultado. Ella tiene la grandísima suerte de ser bastante delgadita”. En este mundo, subraya, “eso es una suerte enorme”.

  • Manuela Astasio

    Por Manuela Astasio

    Periodista y mujer orquesta. Como diría Lola Flores, soy “una persona muy sensible que ha visto muchas cosas”.

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