Política

España, un país ‘hostil’ para los jóvenes

España se sigue haciendo vieja. Pero así de vieja: dos millones y medio de jóvenes de entre 15 y 34 años menos en 2016 con respecto a 2001. El peso demográfico de los jóvenes en España no ha parado de reducirse desde que se inició el siglo XXI.

La población total en España creció de forma permanente hasta 2011 (pasando de 41 millones de personas en 2001 a 47 en 2011). Luego, entre 2012 y 2016, registró un leve descenso anual, dejando una última cifra de 46,5 millones de habitantes.

La población joven, por su parte, registró un crecimiento exiguo entre 2001 y 2008 (pasando de 12,3 a 13 millones). A partir de 2009, el número de jóvenes se redujo de forma drástica hasta los 10,2 millones en 2016 (ver gráfico ‘Evolución de la población en España’), según los datos analizados del Instituto Nacional de Estadística (INE).

En resumen: mientras la población total crecía en grandes cantidades a principios de siglo, los jóvenes lo hacían pero en mucha menor medida. Posteriormente, mientras la población total descendía poco a poco, los habitantes de entre 15 y 34 años lo hacían de forma drástica.

[Lea la metodología para conocer por qué los objetivos del artículo y el uso de edades y periodo de tiempo]

En 2001, representaban el 31% de la población total; en 2016, el 22%. Una caída de nueve puntos porcentuales (o del 27 por ciento) en apenas tres lustros (ver gráfico ‘Evolución del peso relativo (con respecto al total de población) de los jóvenes’). De hecho, es el segundo país de Europa con menor porcentaje de población joven (sólo por delante de Italia), según Eurostat. ¿A qué se debe?

Evolución de la población en España (2001-2016)

Evolución del peso relativo (con respecto al total de población) de los jóvenes

Los ‘baby boomers’ ya no son unos chavales

“Los baby boomers [aquellos nacidos entre 1958 y 1979] relativizan la importancia de cualquier otro grupo demográfico”, explica Pau Miret, investigador de Centre d’Estudis Demogràfics (CED) de Cataluña.

Como se puede observar en esta pirámide poblacional interactiva que va del 1970 al 2014, gran parte de este grupo de edad ha ido dejando atrás la juventud a lo largo de este siglo XXI. Se han hecho mayores y han permitido aumentar el peso demográfico de las personas entre 35 y 54 años. Son la principal causa de la pérdida de peso relativo de los jóvenes en España.

En 2001, las personas entre 35 y 54 años representaban el 27,6% (los jóvenes, el 31%); en 2016, suponen el 32,2% (los jóvenes, el 22%). Les han ganado la partida. “Los baby boomers achican al resto de grupos demográficos. Cuando lleguen a edades más avanzadas, de nuevo, harán que esa franja de edad sea la más numerosa”, agrega Miret.

Hoy, el español medio tiene 41 años

A medida que los baby boomers van creciendo, una conclusión es obvia: España se hace cada vez más vieja. Al constituir un grupo numeroso, arrastra la media hacia edades más altas. “La edad del español medio ha pasado de ser un joven de 28 años en 1900 a un adulto de algo más de 41 en la actualidad”, explica la directora gerente del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), Pilar Chorén, experta en temas demográficos.

Los jóvenes (15 a 34 años) han pasado de representar el 31% de la población en 2001 al 22% en 2016; los adultos de entre 35 y 54 años, por el contrario, han pasado del 27,6% al 32,2%

No sólo hay que fijarse en los baby boomers para comprobar que el país envejece. Otras claves que explican este fenómeno son las bajas tasas de natalidad que se registran desde hace décadas (aunque mejoraron en la primera década del nuevo siglo) y, sobre todo, el aumento de la esperanza de vida en España. “La esperanza de vida al nacer de la población española ha pasado de los 34,8 años en 1900 hasta los 82,7 en 2015”, enumera Chorén.

El aumento de la población anciana también es un buen indicativo del citado envejecimiento. En 2001, los ancianos (65 años o más) representaban el 17,1% de la población total; en 2016, el 18,6%. De la misma forma, y aunque su peso demográfico es reducido, es interesante observar el incremento de las personas con 100 años o más en España: han pasado 8.766 en 2001 a 14.863 en 2016.

Pocos bebés desde hace muchas décadas

“La incorporación de generaciones poco numerosas a esas edades [15-34 años] fruto de unas tasas de natalidad bajas en los años que nacieron” es otra de las causas de la continua reducción del peso relativo de los jóvenes en la sociedad actual, afirma Dolores López, profesora de la Universidad de Navarra y experta en Demografía y Geografía de la población, entre otros ámbitos. Mientras una numerosa población deja la juventud por arriba, hay poca que llegue por debajo para reemplazarla.

Las citadas tasas de natalidad -nacimientos por cada mil habitantes- y los índices de fertilidad -número de hijos por mujer en edad fértil- no son un problema del siglo XXI en España. “Es un problema estructural. Lleva décadas produciéndose. Desde después del baby boom”, señala Miret.

En 2015, la tasa de natalidad alcanzó su registro más bajo (nueve nacimientos por cada mil habitantes) desde que www.datosmacro.com registra estadísticas al respecto (1960, cuya tasa fue de 21,7 nacimientos). Por su parte, el índice de fecundidad, aunque no es el más bajo de la historia, apenas alcanzó los 1,3 hijos por mujer, cuando la tasa de reemplazo se sitúa en los 2,1 hijos, según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El exilio, un factor importante difícil de medir

Una fuente secundaria del fenómeno aquí descrito es la migración exterior de los jóvenes, ya sean españoles en busca de oportunidades o extranjeros que nos dejan ante la falta de las mismas. “Las dificultades económicas han propiciado la movilidad geográfica de la población laboral, dentro y fuera de nuestras fronteras”, asegura Chorén.

Las bajas tasas de natalidad e índices de fecundidad son un problema estructural. Lleva décadas produciéndose. Desde después del baby boom”

Pau Miret, investigador del Centre d'Estudis Demográfics (CED) de Cataluña

Desde 2009, con el inicio de las crisis económica y laboral, centenares de miles de personas han hecho las maletas. Un indicador que lo refleja es el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE): en torno a 220.000 jóvenes de entre 15 y 34 años han salido del país y se han empadronado en otro.

Sin embargo, este número se queda corto como reflejo de la realidad. “No todos los que se marchan se empadronan en sus países de destino. No tienen incentivos para tener que hacerlo”, aclara Miret. Según la investigación transnacional Generation E, la mitad de los jóvenes españoles que salen al extranjero no se registran en el Consulado de destino. Hablamos así de un porcentaje de jóvenes (fundamentalmente, estudiantes) que continúa empadronado en España pero que, en realidad, no realiza actividad alguna dentro de sus fronteras durante, al menos, unos meses.

Los pueblos donde no queda ni un joven

Los jóvenes han perdido peso demográfico en el 90,7% de los municipios españoles (que agrupan al 98% de la población) con respecto al primer año del siglo XXI. “A escala municipal, los cambios de la población están más relacionados con procesos de movilidad territorial que con fenómenos puramente demográficos”, dice López.

En términos relativos, hay diferencias. Van del 0,2% de peso demográfico que pierde la juventud en Villastar, un pequeño pueblo de Teruel, al 100% -es decir, donde no queda ni uno- en hasta 55 municipios españoles (ninguno con más de cien habitantes), como Pazuengos o Jaramillo Quemado.

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¿Y qué ocurre con los municipios donde los jóvenes han ganado peso relativo en estos quince años? Que son gotas de agua en un océano de arena. Representan el 8% del total de localidades pero apenas agrupan al 0,3% de la población total en España. Un fenómeno muy particular. La mayoría de estos pueblos (ninguno supera los 3.000 habitantes) se sitúa en Cuenca, Guadalajara y Teruel, provincias del interior peninsular en las que “se observa cierto rejuvenecimiento en los últimos años”, destaca Chorén.

El problema: cuando los millennials sean viejos

En el libro La España vacía (2016), de Sergio del Molino, se define el éxodo rural de las pasadas décadas de los 50 y 60 como el Gran Trauma. Una descripción que también actúa como símil cuando hablamos de la situación de los jóvenes en este país en estos primeros años de siglo… y de la situación que está por llegar: una sociedad cada vez más envejecida y con unos jóvenes cuyo peso demográfico será exiguo.

“El problema demográfico no debería darse ahora”, afirma Miret. “Dentro de unos veinte años, los baby boomers llegarán a edades de jubilación pero quienes han sufrido la crisis querrán jubilarse cuanto más tarde, mejor”, prosigue. ¿Por qué? Porque muchos no han podido cotizar lo suficiente durante este periodo crítico (y para cobrar la pensión máxima es necesario trabajar unos 37 años a jornada completa).

Y cuando lleguen a la jubilación, y dejen espacio en el mercado laboral a otras generaciones, la sociedad tendrá que hacer frente a dos nuevas cuestiones: el volumen de los ‘nuevos’ jubilados (porque será un nutrido grupo poblacional cobrando prestaciones) y su longevidad (porque, con el aumento de la esperanza de vida, su vida anciana se alargará).

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Este previsible futuro no es desconocido en la actualidad. Se conoce gracias a las proyecciones poblacionales que ofrece el INE. Según el instituto, en 2064 habrá más población anciana (mayor de 65 años) que joven. Incluso más: los grupos de edad predominantes serán los comprendidos entre los 80 y 89 años (junto al grupo de 55 a 59 años).

  • Carlos Muñoz

    Por Carlos Muñoz

    Periodista de datos. O eso dicen las estadísticas. También soy escéptico, pero con un axioma vital: correlación no implica causalidad.

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