Identidades

Hablemos del aborto espontáneo: de eliminar el sentimiento de culpa a reinvidicar el derecho al duelo

Si lo que no se nombra no existe, hablemos de ello:

· Una de cada cinco mujeres sufre un aborto espontáneo

· El riesgo de sufrirlo es de un 15% por debajo de los 34 años, un porcentaje que aumenta hasta el 25% pasados los 35 y llega al 50% a los 40

Si lo que no se nombra no existe, hablemos de ello:

· Una de cada cinco mujeres sufre un aborto espontáneo

· El riesgo de sufrirlo es de un 15% por debajo de los 34 años, un porcentaje que aumenta hasta el 25% pasados los 35 y llega al 50% a los 40

En su libro Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión (Literatura Random House), Paula Bonet ha querido contribuir a romper con el silencio que rodea al aborto espontáneo. Más como un compromiso social que por ganas personales de gritarlo al mundo. ¿Por qué? Este tuit de la ilustradora lo explica a la perfección:

A pesar de que una de cada cinco mujeres sufre un aborto espontáneo, esta realidad tan común sigue siendo desconocida y evitada por gran parte de la sociedad. “En el primer aborto participé de este silencio colectivo”, reconoce Bonet en el tercer episodio de La Mitad del Mundo, un podcast de ABC que recorre los espacios cotidianos de discriminación de las mujeres. “En el segundo aborto me di cuenta de la necesidad de hablar de este tema que afecta a tantísimas mujeres y que es tan cotidiano y doloroso. No solo te sientes con una tara, sino que además ves cómo el contexto no te permite hacer un duelo”, reflexiona.

La artista villarrealense pone sobre la mesa de este modo no solo el tabú de la interrupción espontánea del embarazo, sino también la invisibilización del dolor que supone esa pérdida y el sentimiento de culpa al que estas mujeres tienen que hacer frente. “Las mujeres nacemos y en menos de un año ya tenemos un bebé de plástico entre los brazos. Si desde pequeña has ido inconscientemente dirigiéndote hacia la maternidad, en el momento en el que decides ser madre y no puedes lo primero que sientes es que tienes una tara”.

Y volvemos al punto de partida, a esa contestación que el taxista dio a Bonet cuando esta utilizó las palabras aborto involuntario. “Las mujeres no os cuidáis y entonces lo perdéis, ¿no?”. Un mensaje lapidario y erróneo que, debido al desconocimiento y a ese tabú social, sigue calando hondo. De hecho, una de las primeras preguntas que hacen las mujeres que pasan por este trance es “¿esto es algo que he hecho?”. Arrancar ese sentimiento de culpa es fundamental.

“Lo básico es alivianarle el sentimiento de culpa a las pacientes”, asegura Sofía Fournier, ginecóloga. “Cuando en la consulta le explicas a esa mujer que el motivo de su aborto no tiene nada que ver con que el otro día estuvo trabajando mucho rato, con que se fuera al gimnasio o con que comiera tal cosa, su cara de relax dentro de su tristeza es muy importante”, refiere. Porque la verdad es que la causa principal suele ser una causa genética para la cual la paciente no tiene absolutamente ninguna capacidad de influencia.

La pérdida gestacional de forma espontánea se da normalmente en el primer trimestre del embarazo -esto es, por debajo de las 12 semanas- y ocurre con mucha mayor frecuencia de lo que podríamos llegar a imaginar. Según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, el riesgo de aborto espontáneo aumenta con la edad materna: hay un 11% de posibilidades de tener un aborto espontáneo entre los 20 y los 24 años; menos del 15% cuando la mujer está por debajo de los 34 años; un 25% entre los 35 y los 39 años y más del 50% a partir de 40.

Esta relativa frecuencia con la que se dan los abortos espontáneos hace que, en ocasiones, el sistema sanitario no sea todo lo empático de lo que a las pacientes les gustaría. Fournier entona el mea culpa en este sentido: “Somos conscientes de todo el proceso de duelo que conlleva cuando una paciente pierde un embarazo cuando está a punto de dar a luz, pero muchas veces minimizamos o frivolizamos el dolor que puede experimentar una paciente cuando pierde un embarazo de 7 u 8 semanas”. Quizás no darle tantísima importancia a ese duelo, reflexiona la ginecóloga, puede ser “un mecanismo para intentar animar a la paciente y decirle que lo que le ha pasado es algo relativamente habitual y que por muy doloroso que sea para ella no ha de sentirse extraña”.

En este sentido, además, hasta que no se produce por tercera vez un aborto espontáneo no se activan los protocolos. “Son muchos factores los que hacen que la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia considere que no está justificado iniciar el protocolo antes”, defiende. Poner en marcha toda la batería de pruebas diagnósticas para intentar buscar alguna causa mas allá de un error genético conlleva un gasto de recursos, tiempo y estrés emocional a la mujer.

“Lo más probable es que no encontremos ningún motivo externo y con que la pareja no sea portadora de ninguna patología”, asegura la ginecóloga. El mensaje, entonces, suele ser que un nuevo intento lo más probable es que la gestación no se interrumpa. “Después de haber hecho todas las pruebas, estas noticias -que todo está normal- también pueden ser un poco frustrantes”, agrega.

Así, son muchas las mujeres que han sufrido estos abortos involuntarios que refieren que les habría gustado obtener una mayor comprensión por parte de su entorno y del sistema sanitario, ya que las guías y protocolos sobre cómo abordar las interrupciones espontáneas del embarazo suelen estar centrados en pérdidas en estados más avanzados, como las muertes perinatales (desde las 28 semanas de embarazo hasta la primera semana de vida) y neonatales (desde el nacimiento a los 28 días).

Desconocimiento, poca empatía y falta de recursos

La falta de empatía y desconocimiento son algunas de las claves, pero la falta de recursos también manda: muchas mujeres que han sufrido un aborto natural tienen que compartir espacio con mujeres que están a punto de dar a luz.

“Cada hospital intenta poner en marcha un protocolo para que eso ocurra en el mínimo número de casos, pero desgraciadamente la atención ocurre por puro espacio físico y distribución de recursos sanitarios en una misma área de especialización”, manifiesta Fournier. “Intentamos disponer de salas de recuperación separadas para que las pacientes que están pasando por un duelo y una situación nada agradable no tengan que convivir con pacientes felices por el momento de su maternidad”, pero señala que los centros privados pueden organizar de manera diferente sus recursos que los hospitales públicos. “A veces los recursos son los que son y no queda otra. Ahí queda el ingenio y la capacidad de hacer malabarismos de los médicos, que van a intentar de la forma que buenamente pueden que no coincidan en el tiempo estas situaciones”, sentencia.

Compartir el dolor de una interrupción involuntaria del embarazo en el primer trimestre ayuda a aliviarlo, contribuye a darnos cuenta de que es mucho más frecuente de lo que nos pensamos y, sobre todo, sirve para que las mujeres se despojen de ese sentimiento de autoculpa. Como indica Fournier, dar visibilidad a los abortos espontáneos sirve “para abrirle los ojos a las mujeres, para que sepan que es algo relativamente frecuente, y para abrirnos los ojos a nosotros como médicos. Por muy frecuente que sea, la mujer sufre mucho en este proceso, que eso no se nos olvide”.

* Las declaraciones recogidas en este artículo forman parte de las entrevistas realizadas por Elena Gómez para el podcast ‘La Mitad del Mundo’ que puedes escuchar aquí:

  • Cecilia Marín

    Por Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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