Cultura Popular

Paula Ortiz, directora: “En algunos rodajes, por ser mujer, yo he tenido que explicar tres veces dónde va la cámara”

Hablamos con la directora de 'La Novia' de cine, feminismo y democratización de la cultura:

· 'El cine es un arte muy costoso y eso lo hace muy elitista'

· 'Se desconfía sutil y culturalmente de que una mujer pueda sostener grandes producciones'

Hablamos con la directora de 'La Novia' de cine, feminismo y democratización de la cultura:

· 'El cine es un arte muy costoso y eso lo hace muy elitista'

· 'Se desconfía sutil y culturalmente de que una mujer pueda sostener grandes producciones'

La pasada temporada de premios su segunda película, La Novia, nos tuvo siguiéndola por el aire “como una brizna de hierba”. Paula Ortiz (Zaragoza, 1979) obtuvo 12 nominaciones a los Goya por esta adaptación de Bodas de sangre de Lorca, dejando a espectadores y crítica prendados de su estilo. Mientras continúa con su empleo como profesora en la Universidad de Barcelona y trabaja en su tercer largo, se estrena como la primera mujer que dirige el jurado del festival de cortos por antonomasia, el Jameson Notodofilmfest, que acaba de abrir el plazo para participar en la edición número 16.

A la decimosexta va la vencida… Por primera vez en la historia del festival, la directora del jurado es una mujer.

Pues sí, ellos mismos me dijeron que ya era hora. Es un gesto más del momento que estamos viviendo de reivindicación del espacio, ¡de la mitad del espacio!

Muchos de los cortos que participan en el certamen se hacen virales. ¿Cómo crees que te hubieras manejado tú si hubieras tenido que empezar a hacer cine en esta era de la sobreabundancia de oferta audiovisual y la viralidad?

En mi caso, yo sí tengo conciencia de que hago cine porque me pilló la popularización de lo digital y de Internet. Esto socializó la posibilidad de acceder al cine. Si no hubiera sido por esto no sé si hoy haría cine, siendo mujer,  habiendo estudiado en Zaragoza, y perteneciendo a una familia que no se dedicó al cine.

Mis alumnos tienen en torno a 22 años y su mundo ha sido aprehendido y conectado a través de las redes sociales. Esto tiene unas características concretas, que no tienen por qué ser buenas o malas: la participación, la inmediatez y la brevedad. Eso les ha dado un inmenso caudal de relatos audiovisuales y les hace ser muy sofisticados como espectadores y narradores.

Internet y lo digital te dieron acceso al cine, pero las becas fueron fundamentales…

El cine siempre ha sido un arte muy costoso y eso lo hace muy elitista, como casi todo el arte en realidad. Para dedicarte a ello necesitas tener recursos y así poder esperar y resistir sin tener la urgencia de ganarte la vida. En la universidad, por ejemplo, es curioso comprobar a qué estudios acceden los hijos de personas que emigraron: casi todos van a carreras que tengan una traducción laboral inmediata, carreras en las que te puedas colocar laboralmente rápido y con cierto prestigio; las ingenierías, por ejemplo.

Si yo no hubiera tenido becas, y la inmensa mayoría de mis compañeros… Estas políticas son fundamentales para la democratización de la cultura, para que no se pierdan las sensibilidades de muchas personas que si no no podrían dedicarse a ello. Porque pese a que hay un abaratamiento de los medios, la formación sigue siendo la formación: el tiempo de lecturas, de reflexión, de experimentación…

Siguiendo con políticas culturales, parece que 2018 sí será el año en que baje el IVA del cine al 10%. Pero hace falta mucho más, ¿no?

La urgencia de medidas como el IVA creo que es obvia (bueno, obvia y sin embargo sujeta a debate). Sin embargo haría falta un proyecto cultural que abarcase todos los niveles de la educación, transversalmente. Sería necesaria una mayor relación entre todas las artes, todo lo que significa la comunicación, los discursos virtuales, las iniciativas locales y transgeneracionales. Sería un proyecto de palabras mayores que España creo que no acomete desde la República.

Hace ya dos meses que estalló el escándalo Weinstein y el efecto dominó no para.

Creo que es un debate abierto que no va a dar marcha atrás. Las actrices tienen un altavoz muy potente y son el símbolo de muchas cosas. Ellas han sido la voz de todas las demás mujeres, porque esto ocurre en todas las áreas: el periodismo, la ciencia, la empresa… En última instancia, hay una cuestión de dominación, de poder. En cualquier lugar donde una mujer pueda empezar a abrir brecha ocurren esas violencias.

Estos casos de acoso y violencia contra las mujeres por parte de hombres del mundo de la cultura y del entretenimiento han reabierto el eterno debate de si es posible o deseable separar el autor de su obra. ¿Tú qué piensas?

Este debate está claro: hay que tener tolerancia cero ante los abusos, pero el discurso, la obra… Si la rechazásemos, en algunos casos, en cierto modo, supondría matar toda nuestra cultura. Creo que hay que separar la obra de las dinámicas personales de alguien. Desde el punto de vista teórico es una cuestión que siempre se aborda, y creo que se separa: la obra y su función ya están fuera del artista. Si no nos perderíamos grandes hallazgos. Pero es verdad que es algo muy delicado que habría que analizar caso por caso. Es un debate que me planteo desde el instituto con Juan Ramón Jiménez. Se considera su poesía la más pura del castellano, y machacó a su mujer Zenobia Camprubí, que también era una intelectual. Y nadie se plantea eliminarle del canon.

En alguna ocasión has explicado que durante tu formación nunca sentiste ningún tipo de discriminación machista, que eso ocurrió cuando empezaste a trabajar.

En el periodo de formación mis ideas nunca han sido juzgadas por ser mujer. Y te crees que eso va a seguir siendo así en el entorno laboral y para nada. Yo me he sentido muy cuestionada en equipos totalmente masculinos donde yo era la directora y en mí recaía toda la responsabilidad creativa, técnica y económica. Venían muchos jefes de equipo a decirte: ‘Venga, bonita, que te voy a explicar cómo hacerlo’. O por ejemplo tener que explicar tres veces dónde va la cámara. Si yo fuera un tío, llevara gafas de pasta, barba y midiese 30 centímetros más diría: ‘la cámara va ahí’ y ni siquiera lo justificaría.

Cuando asumes más retos y proyectos mayores, te das cuenta de que la cosa empeora. Se desconfía sutil y culturalmente de que una mujer pueda sostener grandes producciones. Estadísticamente se ve: en España todavía no ha habido una gran producción dirigida por una mujer. Isabel Coixet ha tenido que irse fuera para ello. Es algo que no se puede decir explícitamente porque ellos tampoco te lo dicen explícitamente. Es muy sutil, pero es la realidad. Hay directoras que tienen la capacidad, el prestigio, los premios y la taquilla y no se consideran para un gran proyecto, y sí se ponen encima de la mesa nombres de directores con menos experiencia.

Creo que hay que separar la obra de las dinámicas personales de alguien. Pero es verdad que es algo muy delicado que habría que analizar caso por caso”

Paula Ortiz

Otra de las cosas que ocurren, por ejemplo, es que las directoras acaban haciendo principalmente ‘películas de mujeres’. Por una parte, supone etiquetarse, limitarse y renunciar a hacer otro tipo de cine, pero por otro parece que si las mujeres no cuentan ese tipo de historias nadie las va a contar.

Es el doble filo del cine de mujeres. Creo que hay que revindicar la mirada femenina, ese otro lado de la imaginación y de la mente. Pero que eso no se convierta en una etiqueta, porque entonces solo se nos permite dirigir lo considerado femenino. Creo que hace falta que lo femenino impregne el mainstream, el género.

 

Lo pasaste mal tras rodar tu primera película, De tu ventana la mía. ¿Cómo ha sido la experiencia después de la segunda? ¿Qué tal el post La Novia?

El post La Novia ha sido fuerte, me pilló la maternidad. Con la primera me di cuenta del coste personal que conlleva hacer una película. Una vez oí a un compañero que nuestro trabajo es como de Sísifo, cada película es volver a subir la montaña arrastrando la piedra.

Ahora trabajas en una revisión del cuento de Barba Azul, esa historia en la que una mujer abre la única habitación que su marido le prohíbe abrir de la casa y encuentra allí los cadáveres de sus otras esposas…

Es una adaptación nueva y actualizada y a la vez sincrética del cuento de Barba Azul. He leído muchas versiones, la de Angela Carter, la Amélie Nothomb, la de Clarissa Pinkola en Mujeres que corren con los lobos. Es una fábula como la de Pandora o la de Eva y Adán: cuando las mujeres buscan el conocimiento han de ser castigadas.

¿Te atreverás otra vez con Lorca?

Sí. Me encantaría hacer El público o La casa de Bernarda Alba. La palabra lorquiana es inagotable, es un abismo al que asomarse sin fin.

 

  • Laura Caso

    Por Laura Caso

    Me gusta preguntar, me interesa casi todo y llevo fatal esperar. Si algún día me parezco a Bette Davis será que lo he hecho bien.

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