Cultura Popular

‘Nada es para siempre’ o el injusto ninguneo a una serie que marcó a una generación

No se hizo justicia con ‘Nada es para siempre’:

· Y estamos dispuestos a vengar su recuerdo

· España lo pide, y nosotros vamos a dárselo

No se hizo justicia con ‘Nada es para siempre’:

· Y estamos dispuestos a vengar su recuerdo

· España lo pide, y nosotros vamos a dárselo

Nonelia lleva dos años y medio esperando una contestación a ese tuit. Y como podéis comprender, no podemos dejar que pase más tiempo. Cuando se recuerdan las grandes series juveniles españolas siempre se dibujan en el imaginario común Al salir de clase, Compañeros, Física o Química o incluso SMS. ¡SMS! Pocas veces alguien dice “Yo es que era muy de Nada es para siempre” o, lo que es peor, pocas veces alguien pronuncia esa frase sin obtener una miradita condescendiente como respuesta. A mí me ha pasado, y creo que ya está bien. NONELIA, YO TAMBIÉN VEÍA NADA ES PARA SIEMPRE, y les vamos a contar a los demás por qué.

Buena serie, mejor banda sonora

Qué bien, JoRock, qué bien. Claro que nos acordamos, ¿cómo podríamos no hacerlo? El dúo Cómplices interpretaba la canción que sonó en cada una de las aperturas de los 375 episodios que duró la serie.

Estrenada en el verano de 1999 por Antena 3, Nada es para siempre empezó programada en horario de tarde, pero pronto encontró un hueco fijo en la franja de mediodía. Este remake de la telenovela venezolana A todo corazón (seguro que este hecho os ayuda a entenderlo todo) duró en pantalla hasta diciembre del 2000, año en el que sus creadores decidieron cancelarlo de una manera bastante abrupta, rancia y chapucera. Muchas tramas quedaron inconclusas y la mayoría de espectadores nos hicimos la pregunta clave, esa que deberían haberse hecho los directivos de Antena 3 antes de dar luz verde a una segunda temporada: ¿QUÉ NECESIDAD HABÍA? Efectivamente, ninguna.

La muerte al completo de la familia de Adrián en un accidente de avión marcó el final de la primera temporada y fue el preludio de las majaderías que vendrían después, vampiro emo con poderes sobrenaturales de por medio. Ya no se hacen guiones tan macabros como los de antes:

Junto a la de Marcial en el penúltimo capítulo de Médico de Familia (ya hay que tener mala baba), la muerte de la familia de Adrián fue una de las más innecesarias de la pequeña pantalla. Pero es que esta serie era así, imprevisible. El propio Carlos Castel, que interpretaba a Adrián, aún no se ha repuesto del trauma:

El consuelo que nos quedó es que Adrián nunca estuvo solo, porque a Adrián, el protagonista buenazo, le quería todo el mundo y todos los personajes giraban en torno a él: Patricia (Vanesa Cabeza), la vecina dulce enamorada de Adrián; Natalia (Carola Baleztena), la pija enamorada de Adrián; Gato (Daniel Diges), el amigo gorrón de Adrián; Susana (Patricia Figón), la hermana adolescente de Adrián enamorada del amigo gorrón de Adrián; Manu (José Maria Aretxabala), el malo malísimo enamorado de Patricia, sí, esa que a su vez estaba enamorada de Adrián; Zaqui (Javier Pereira), ese que pasaba por allí y estaba enamorado de Susana, la hermana de Adrián enamorada del amigo gorrón de Adrián; y creo que no hace falta que siga porque ya hemos captado el concepto.

Sin embargo, Adrián sufría el mismo fenómeno que Julián en El Ministerio del Tiempo: no vamos a decir que el personaje resultara prescindible, pero a pesar de ser el cable conductor de la serie, no tenía ni de lejos el carisma de otros de sus compañeros, que se balanceaban entre la absurdidad y el histrionismo con plácida comodidad. Los secundarios de la serie no dejaban cliché suelto y llevaban los estereotipos al extremo: los buenos eran muy buenos y los malos, muy malos, porque para qué complicarnos la vida, que bastante teníamos ya con ser preadolescentes.

Secundarios de lujo

Entre esos secundarios, existe una corriente que defiende que la pareja formada por Max (Borja Vera) y Lorena (Lorena Voces) pudo inspirar la creación de otro romance mítico de sitcom:

“Estoy infectado con el virus I Love You” y “Lo almacenaré en mi disco duro”, refiriéndose a su memoria, fueron dos de las perlas que Max, el nerd obsesionado por los ordenadores, nos dejó para el recuerdo, aunque el mago de la palabra siempre fue el pérfido Manu: “Eso no sirve de nada si no tienes pasta, y no me refiero a los espaguetis, que a ti hay que hacerte un croquis para todo”.

Nada es para siempre ya era un 'guilty pleasure' antes de que conociéramos la existencia de este término

Aunque había una enorme diferencia interpretativa entre los actores veteranos (José Conde, Concha Leza y la colaboración especial de Pastora Vega) y los jóvenes, que se esforzaban pero en muchos casos no llegaban, el reparto era uno de los puntos fuertes de la serie de marras. Siempre se habla de la cantera de actores salidos de Al salir de clase, pero Nada es para siempre fue la escuela de Daniel Diges, el que hoy en día está considerado mejor actor de musicales del país, y de Javier Pereira, el actor pluscuamperfecto por excelencia o, lo que es lo mismo, un actor 360, que diría Paquita.

Nada es para siempre tiene el honor de ser una de las pocas series adolescentes que ha sobrevivido de forma impecable al paso del tiempo. Una revisión rápida a algunos de sus episodios es suficiente para ver que no es que la serie haya envejecido mal, es que ya nació así, defectuosa, como la primera partida del Samsung Galaxy Note 7, solo que los de Antena 3 tardaron un poquito más en retirar su producto del mercado. Nada es para siempre ya era un guilty pleasure antes de que conociéramos la existencia de este término. Y si algo tienen en común todos los fenómenos adelantados a su tiempo es que resultan incomprendidos.

  • Cecilia Marín

    Por Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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