Cultura Popular

De los chistes de Macario a Doña Rogelia: los moñecos de la tele de los 90

Se estrena '¿Quién está matando a los moñecos?', una comedia negra e irreverente que está dando mucho que hablar...

· Pero nosotros nos acordamos de las marionetas parlantes que copaban la tele de los 90 de mano de Mary Carmen y José Luis Moreno...

· Y de su humor, que no era lo que se dice fino, precisamente

Se estrena '¿Quién está matando a los moñecos?', una comedia negra e irreverente que está dando mucho que hablar...

· Pero nosotros nos acordamos de las marionetas parlantes que copaban la tele de los 90 de mano de Mary Carmen y José Luis Moreno...

· Y de su humor, que no era lo que se dice fino, precisamente

Este viernes 24 de agosto se estrena en España ¿Quién está matando a los moñecos?, la película con uno de los mejores títulos en castellano EVER. Dirigida por Brian Henson (Los Teleñecos en la isla del tesoro) y protagonizada Melissa McCarthy, Elisabeth Banks y Maya Rudolph, la cinta es una irreverente (y desopilante) comedia negra repleta, como no podía ser de otro modo, de moñecos deslenguados con un humor bastante particular bestia. Todo ello, además, gana enteros si tenemos en cuenta que el pachacho David Broncano es quien pone voz a algunas de estas marionetas.

En la peli hay drogas, gángsters, fluidos corporales a la vista, poco Sésamo y mucho barrio, elementos que han provocado que muchos digan que no han visto nada igual en cines desde TED, aquel oso de peluche parlanchín y descarado.

Quizá sí en cines, pero en la televisión española los muppets políticamente incorrectos no son criaturas nuevas. Desde Rockefeller hasta doña Rogelia, pasando por Macario y sus chistes picantes, no son pocas las marionetas gamberras de nuestra historia. Probablemente una de las más celebradas sea la mentada doña Rogelia, esa viejecilla protestona y cascarrabias (“¡coña!”) oriunda de Orejilla del Sordete con vestimenta de luto y cara de Enrique San Francisco.

Con frases como “Hablo como me sale del crisantesmo”, su ventrílocua María del Carmen Martínez-Villaseñor, más conocida como Mary Carmen, consiguió hacer de doña Rogelia uno de los moñecos más memorables de nuestro país hasta nuestros días. Pero esta malhablada vieja del visillo no fue la única marioneta creada por Mary Carmen. No en vano, por algo se conocía a la cómica conquense con el nombre artístico Mary Carmen y sus muñecos. El burlón pato Nícol, castizo y socarrón como él solo, se atrevió incluso a decirle a Joan Manuel Serrat al comienzo de una entrevista que le veía “raro vestido de moco”, haciendo alusión al traje verde que llevaba puesto el cantante catalán. A eso se le llama romper el hielo.

No tan popular pero igual de carismática era la preadolescente Daisy, quien, en plena edad del pavo, le soltaba todo lo que se le pasaba por la cabeza sin filtros a Mary Carmen, tal vez por un cierto recelo hacia el cariño y atención que esta profesaba a doña Rogelia, a la que llamaba “vieja chupóptera”. “Es tan hortera y tan paleta que el otro día la vi el refajo y es de esparto”, espetó en uno de sus beefs.

Por el contrario, la actitud de Daisy era diametralmente opuesta a la del delicado y sensible Rodolfo, un león homosexual con acento ¿argentino? de quita y pon que ni siquiera sabía rugir, el pobre. Su actitud naif y buenaza, aunque no exenta de carácter, le propició un lugar de honor en el corazón de todos los españoles.

Mary Carmen alcanzó altas cotas de éxito con estos cuatro personajes, una popularidad a repartir con su coetáneo José Luis Moreno. De hecho, esta inició su andadura profesional en el mundo del guiñol con el padre de Moreno. Allí había sitio para todos, porque el rey de la caspa (eh, que este mote no se lo hemos puesto nosotros, le venía ya de serie) triunfó lo más grande con títeres como Monchito, un personaje infatiloide pero nada inocente que hablaba de “jorobaos padres” y “cutres colegios” en los que se aprendían “unas gilipolloncias cosas que no entiende ni cristo”.

Estas oscuras palabras de quien se suponía era un niño, unidas a esa carilla inquietante, hicieron que muchos conocieran el significado de la palabra automatonofobia, que viene a ser el miedo irracional a los moñecos. Y si Macario hacía de la impertinencia su bandera, el cuervo Rockefeller dejaba su carisma en manos de la desvergüenza. Esta ave pasota, chuleta y ricachona, cualidad esta última que podemos deducir de su nombre, vaticinaba en los 90 que aún no habíamos tocado fondo económicamente hablando y nos recomendaba algunos truquis gratis y baratos para pasarlo bien: hacer el amor en casa, darse el placer de dormir a pesar de los ronquidos del pariente o la parienta y reírse a carcajadas.

De la filosofía pajaril de Rockefeller saltamos a la paletez de Macario. El que bien podría ser el álter ego masculino de doña Rogelia era un pueblerino (en el sentido peyorativo de la palabra, trasladémonos a los 90) cejijunto con boina, peto, coderas en la camisa, bigote y muchos pelos en las piernas, una de sus señas de identidad más reconocibles. En este sketch de aquí abajo podemos ver cómo Macario le pregunta a José Luis Moreno si no tendría “una mujer que le sobrara” para “darle un poco al fornicio y practicar” y que no se le cayera “la pichurra de aburrimiento”. De nuevo, eran los 90.

Y terminamos nuestro repaso por los antecesores de los moñecos recordando a la marionetista Herta Frankel. Nacida en Austria, se instaló en España a los 30 años y fue en Barcelona donde desarrolló su carrera artística, haciéndose muy popular al dar vida a marionetas como la perrita Marilín en sus apariciones en Televisión Española allá por los años 60. Marilín no era otra cosa que un caniche grosero e impertinente que era capaz de hablar un perfecto castellano a pesar del marcado acento austriaco de su ventrílocua. Pepito, la ratita Violeta y la tía Cristina fueron otros de sus divertidos moñecos.

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