Cultura Popular

Ángelo Néstore: “Es necesario poner en tela de juicio la hombría desde dentro”

Poeta, editor e investigador 'queer', anhela el tiempo en el que el género deje de existir:

· "Busco la reivindicación para todo aquel individuo que no cumple con las expectativas de la norma hegemónica"

· "Debemos acabar con la plumofobia por el mismo motivo por el que debemos acabar, por ejemplo, con la islamofobia"

Poeta, editor e investigador 'queer', anhela el tiempo en el que el género deje de existir:

· "Busco la reivindicación para todo aquel individuo que no cumple con las expectativas de la norma hegemónica"

· "Debemos acabar con la plumofobia por el mismo motivo por el que debemos acabar, por ejemplo, con la islamofobia"

La poesía como acto de reivindicación. En esta era tan convulsa, es incuestionable que las muestras artísticas y culturales se han politizado sin remedio, y entre pelis, series, novelas y cómics peleones, hemos olvidado que un arte tan antiguo como el verso siempre ha sido un arma para luchar contra lo establecido. Parece que Ángelo Néstore (Lecce, Italia, 1986) está muy de acuerdo con el hecho de que sus dos poemarios recientes se han alzado como reivindicativas lecturas para estos días de Orgullo LGTB, porque sus inquietudes centrales son evidentes. Adán o nada: un drama transgénero (Bandaàparte) y Actos impuros (XXIII Premio de Poesía Hiperión) abordan el género y la sexualidad, con un hilo conductor muy interesante: el peso dañino de las ideas sobre la masculinidad que llevan siglos transmitiéndonos.

Aprovechamos la celebración del Día del Orgullo LGTB y el World Prime Madrid 2017, así como la puesta en escena de Adán o nada dentro del Festival Internacional de las Artes de Castilla y León, que se celebra hasta el 2 de julio, para hablar con el poeta, editor e investigador queer. Ángelo Néstore es una de las figuras jóvenes más interesantes de la poesía actual en castellano, y una oportunidad ideal para reivindicar una cultura LGTB comprometida, que duela, que desenmascare, que trascienda.

¿Cuándo empezaste a escribir poesía y cuándo surgieron Adán o nada y Actos impuros? ¿Son recopilaciones de poemas esporádicos o están escritos para ellos?

Llego a la escritura poética de una manera casual, como la mayoría de las cosas que han ido cobrando importancia en mi vida. En 2011, cuando llevaba tres años estudiando español (me vine de Erasmus desde Italia y decidí quedarme), me enamoré de la poesía de María-Eloy García y decidí traducirla al italiano. Después de la publicación del libro y su presentación, volví a Málaga cambiado, ya tenía el germen de la poesía asomando desde dentro. Empecé un trabajo de purga poética que luego se convirtió en un camino hacia el descubrimiento de mi voz. Me acerqué a la poesía desde la necesidad más íntima de buscar otras maneras de entender el mundo. El poema es la manera más inmediata de aplacar una urgencia que brota desde dentro, de amansar a la bestia.

¿Querías tratar explícitamente temas como el género o la sexualidad o te diste cuenta de que habían surgido espontáneamente cuando escribías?

El tema de la sexualidad y del género me ha acompañado a lo largo de toda la vida, desde que era un niño. Supongo que vivir en una pequeña ciudad en el sur de Italia ha influido en mi desarrollo y en la construcción de mi conciencia política. Con ocho o diez años no entendía por qué tenía que conformarme con lo que veía a mi alrededor: por qué las mujeres de mi familia tenían que dedicarse a las tareas del hogar mientras los hombres veían partidos de fútbol o por qué se empeñaban en decirme que no podían comprarme la muñeca que tanto añoraba y que jugara mejor con robots y soldados. Por casualidad, con catorce años me topé con Oscar Wilde y su De profundis y luego con Virginia Woolf y su Orlando, y gracias a la lectura pude ensanchar el concepto de identidad que tenía en mi cabeza y contestar a muchas preguntas que orbitaban en mi interior. Por eso, la sexualidad y el género siempre han sido el eje de mi escritura, porque entiendo este proceso como un lugar reivindicativo y de resistencia. También el teatro fue fundamental porque me permitía experimentar y jugar a ser cualquier persona y, claro, no estaba mal visto socialmente al tratarse de algo ficticio: dentro de la ficción era donde más libre me sentía. Recuerdo que le di mi primer beso al chico que me gustaba en un escenario porque no me atrevía a hacerlo fuera.

Imagino que hay experiencias vitales en tus dos trabajos. ¿Alguna que te haya marcado mucho?

Sí, realmente todos mis poemas tienen una base biográfica que luego utilizo como excusa para reflexionar sobre el mundo. De pequeño era monaguillo y, sin duda, esta experiencia, que iba totalmente en contra de mis principios pero que me vi obligado a sufrir por complacer a mi madre, me ayudó a reflexionar sobre las expectativas y la construcción de la masculinidad canónica. Realmente fue algo positivo porque me dio la posibilidad de madurar un discurso subversivo dentro de lo normativo y creo que eso es algo fundamental. Considero que no deberíamos elaborar teorías solo desde los márgenes, olvidándonos del contexto social en el que vivimos. Es necesario salir de la zona de confort y, sin duda, es una difícil tarea.

Noto muy presentes las referencias a las figuras materna y paterna. ¿Por qué es algo tan importante en tu obra? ¿Cómo crees que ha influido tu relación con tus padres?

Mis padres han sido todo mi mundo y el espejo de la sociedad en la que vivía durante mucho tiempo. Vivía en una pequeña localidad en el sur de Italia, un sitio aislado de las grandes ciudades y con una mentalidad bastante anclada a la tradición. Además, era hijo único y no tenía primos y vivía en las afueras en un barrio donde los demás niños no querían jugar conmigo porque no me gustaba el fútbol. Por tanto, me relacionaba más con mis perros (teníamos cinco) y con mis padres. Eso sí, tenía un ejército de amigas y amigos imaginarios. No me aburría en absoluto y no sufría por mi soledad.

No veo necesario un Orgullo hetero, porque las personas homosexuales hemos tenido que luchar durante siglos para no ser invisibilizadas, maltratadas, asesinadas”

Ángelo Néstore

También está muy presente el reflejo contrario, el de ser padre o madre. ¿Por qué te fascina tanto esa idea y por qué te parece tan interesante creativamente?

Tener treinta años y estar rodeado de amigas embarazadas y con hijos me ha hecho plantear y reflexionar desde un punto de vista crítico sobre cuestiones como la paternidad y maternidad en las que antes no me había fijado. Por un lado, me parecía honesto hablar públicamente sobre este tema, hacer hincapié en lo político que se esconde detrás de algo que parece natural porque aún hay que avanzar mucho en ese sentido, luchar para que ciertas prácticas como la adopción sean más democráticas y accesibles. Por otro lado, la escritura ha tenido un efecto catártico porque me ha permitido experimentar, en cierto modo, la maternidad.

¿Qué lecturas y autores te han marcado a la hora de vivir y escribir?

Sin duda las primeras voces fueron Oscar Wilde, Virginia Woolf y Pier Paolo Pasolini. Descubrí la literatura española con veinte años y algunas autoras que me han marcado a la hora de vivir y escribir han sido Luisa Castro, María Eloy-García, Angélica Liddell, Miriam Reyes, Erika Martínez, Javier Fernández o Alejandro Simón Partal. También le debo mucho a Wislawa Szymborska, Louis Aragon o a Lorca, entre muchas otras.

Se desprende de tu obra un sentimiento habitual en los que formamos parte del colectivo LGTB, el de la vergüenza a no cumplir las expectativas culturales y familiares. ¿Es cierto que hay algo de eso en tu obra? ¿Cómo deberíamos afrontarlo?

Sí, sin duda está presente, pero también creo que de una manera integral: no busco solo la reivindicación desde un punto de vista LGTBQI, sino desde la postura del ‘cuerpo abyecto’, como lo definiría la teórica queer Judith Butler, todo aquel individuo que no cumple con las expectativas de la norma hegemónica. Eso amplía el abanico de las identidades e incluye a cualquier persona sin la necesidad de etiquetarla.

El peso de las ideas preconcebidas sobre la masculinidad es un tema central. ¿Por qué crees que son tan dañinas y cómo deberíamos aprender a erradicarlas?

Hablo de las masculinidades no solo porque es algo que me involucra en primera persona sino también porque siempre he echado en falta más investigaciones sobre este tema dentro de los estudios de género. Existe la falsa convicción en ciertos ámbitos de que la palabra género y todo lo que le rodea es sinónimo de ‘mujer’ y creo que es erróneo, además de ser un reflejo del heteropatriarcado. Es necesario poner en tela de juicio la hombría desde dentro. Y eso es lo que estoy intentando hacer a través de la literatura. Creo que es la única manera de erradicar ciertos prejuicios.

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¿Por qué debemos acabar con la plumofobia?

Por las mismas razones que nos deberían llevar a acabar, por ejemplo, con la islamofobia. Existe un poder hegemónico que hoy día más que nunca es capaz de redireccionar miedos para construir y justificar privilegios en beneficio de una parte de la población. La llegada al poder de Trump o el despertar de la derecha extrema en Europa son sintomáticos de este cambio.

¿Por qué no hay un Orgullo hetero?

Porque la heterosexualidad siempre se ha colocado en un lugar de poder y su justificación se legitima mediante la contraposición con la homosexualidad. Por eso no veo necesario un Orgullo hetero, porque las personas homosexuales hemos tenido que luchar durante siglos para no ser invisibilizadas, maltratadas, asesinadas. Eso no implica que no haya, por supuesto y por suerte, un gran número de personas heterosexuales que se suman a la lucha LGTBQI y que hacen de esa lucha también la suya: ese también es, sin lugar a dudas, su día del Orgullo.

Las recomendaciones de Ángelo Néstore: 'Laurence Anyways', una obra maestra de Xavier Dolan, el libro de poesía 'Las cenizas de Gramsci' (Visor) de Pier Paolo Pasolini, 'Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado' (Penguin Random House), una recopilación de cómics de Alison Bechdel, y la serie 'Transparent'.

¿Estás preparado para que tus poemarios se politicen por parte del colectivo LGTB o están escritos precisamente como un acto político?

Como decía Kate Millett, “lo personal es político” y, ¿hay algo más personal que un libro de poesía? ¿Alguien con más ego que un poeta? No. Por eso, entiendo el arte y mi apuesta como un acto político en el que he querido mojarme y sumarme a una lucha que veo necesaria cada vez más. Detrás de cada verso hay, por tanto, una voluntad política. No podría ser de otra forma.

Nos gustaría pedirte cuatro recomendaciones para estos días de Orgullo: una peli, un libro, un cómic y una serie, todos de temática LGTB.

Aunque no me gusten las etiquetas y, quizás, justamente por eso, os recomiendo la película Laurence Anyways, una obra maestra de Xavier Dolan, el libro de poesía Las cenizas de Gramsci (Visor) de Pier Paolo Pasolini, Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado (Penguin Random House), una recopilación de cómics de Alison Bechdel, y la serie Transparent.

En estos días de celebración LGTB, ¿cuáles crees que son los grandes desafíos de futuro para la comunidad, ya sean sociales o legislativos?

Tenemos el gran reto de ser cada vez más inclusivos, de que se respete la diversidad, de que se trabajen estos temas desde la infancia y en los colegios de una forma profunda y sistemática. Vivo esa lucha con la esperanza de que, algún día, este enfrentamiento binomial hombre-mujer se convierta en algo del pasado, que los géneros se diluyan y que existan políticas más que igualitarias (es tan bonita la diferencia) diría más bien equitativas, para que todo el mundo pueda acceder a los mismos derechos.

¿Y algún aspecto de autocrítica?

El Orgullo me parece genial y necesario, pero creo que hay que estar alerta porque la norma hegemónica tiene la capacidad de fagocitar cualquier iniciativa política subversiva, convertirla en una etiqueta o en una chapita y hacer que todo sea cada vez más homogéneo y controlable. Me gustaría que el Día del Orgullo siguiera siendo un evento complementario, en el que se reflexione sobre el trabajo que se hace a diario más que una fecha puntual en la cual se sale a la calle y se levanta una bandera con la falsa expectativa de que eso es suficiente. Y, desgraciadamente, hay muchas personas que lo hacen y con las mejores intenciones.

  • Víctor M. González

    Por Víctor M. González

    Periodista madrileño, estrella del pop en construcción. Apasionado del cine y la televisión en un encuentro improbable entre Wong Kar-wai y Tony Soprano. No te fíes demasiado de esa mezcla explosiva.

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