Creadores

‘Scrolling after sex’, el relato generacional de los que pedimos la clave del WiFi nada más entrar al bar

Si tienes entre 20 y 35 años, Leticia Sala te ha hecho un retrato robot:

· Tiene 28 años, estudió Derecho pero empezó a publicar en Instagram y una editorial la fichó

· Este libro se lee como pasando pantallas en un smartphone, y la forma acompaña al fondo

Si tienes entre 20 y 35 años, Leticia Sala te ha hecho un retrato robot:

· Tiene 28 años, estudió Derecho pero empezó a publicar en Instagram y una editorial la fichó

· Este libro se lee como pasando pantallas en un smartphone, y la forma acompaña al fondo

Scrolling after sex va un poco sobre todos nosotros. Sobre cualquiera que pregunte en un bar por el WiFi antes que por la carta, que vea una pintada guapa en una pared y piense ‘esto es carne de stories’, cualquier hijo de vecino que haya ligado por Tinder o sido ghosteado por WhatsApp, que vaya leyendo hilos de Twitter en el metro, vea un recuerdo de hace cinco años en Facebook y ni se le ocurra compartirlo. Es la primera novela de Leticia Sala, una barcelonesa del 89 que estudió Derecho, fue un par de años abogada pero decidió que si llevaba escribiendo desde la adolescencia, era por algo. Empezó a colgar algunos de sus escritos, casi a modo de aforismos, en Instagram, una práctica que ahora está muy extendida pero que, cuando ella comenzó, aún sorprendía a la gente. El editor de Terranova se asomó a su cuenta y pensó que ahí había madera de libro. Ella se puso manos a la obra, y un año después nace este ejemplar, un compendio de historias profundamente generacionales en fondo y forma.

Scrolling after sex se construye a base de pantallazos de WhatsApp (con acotaciones al margen), entradas de fotolog, poemas breves y pequeños relatos (sobre Taylor Swift, sobre los foros de Enfemenino, sobre perros que comentan las rupturas de sus dueños). Hay amor y desamor, claro, pero también reflexiones acerca de la amistad (ir cumpliendo veintitantos es ir perdiendo amigos), la maternidad, sobre las personas que fuimos o la búsqueda de la aprobación de los demás en forma de like. “Hay algo que me gusta mucho del libro que es el efecto scrolling. Cuando hacemos scroll en Twitter, Facebook o Instagram podemos ver temas muy variados que coexisten, desde a Kim Kardashian en Miami hasta la BBC”. Pasar páginas en este libro es como pasar pantallas, aunque aquí prima la narración y no el algoritmo: “Luis [Cerveró, editor de Terranova], y yo le encontramos un orden muy sutil, las cosas no están puestas así porque sí”.

“¿Tendré acceso a mi cuenta actual de Instagram cuando tenga 90 años?”, se pregunta la escritora en el texto. ¿Cómo confrontaremos nuestra huella digital en una o dos décadas? ¿Qué nos parecerán lecturas tan furiosamente presentes, tan testigos del ahora, cuando pase el tiempo? “Al título le di muchas vueltas, porque en 20 años igual la palabra scrolling ni se utiliza. Yo en esto he sido poco calculadora, he pensado que en este momento eran los temas que más me preocupaban. Que este libro se quede como el recuerdo de un momento me parece perfecto, porque la gente de esta generación se lo tomará como un pequeño referente de este tiempo. Tiene una forma que puede parecer muy moderna pero en realidad el mensaje de fondo es bastante profundo y universal: la muerte, ser mujer, el amor… Eso sí que confío en que trascienda”, explica.

#poema dentro de #scrollingaftersex

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Su debut literario es autoficción, un enfoque de escritura que a Sala no le parece casualidad que esté en auge. El ser humano, por naturaleza y por supervivencia, se narra constantemente a sí mismo, pero las redes sociales nos han dado la oportunidad -o nos han tendido la trampa- de hacerlo de manera más sofisticada y pública. Y esto se refleja en el arte: “Creo que viene por la realidad con la que nos encontramos, exponemos mucha parte de nuestra realidad en las redes. Las redes se supone que están hechas para la información y la comunicación pero aumentan la ficción de uno mismo. Nadie va a poner su story en el momento más aburrido”.

Sala es, por nacimiento, millennial, y si hay algo nos une a los millennials, además del odio que suscitamos entre los señores y la crisis que nunca acaba, es la nostalgia. Y echar de menos el Fotolog. Eso lo comprobamos cuando cerró, cuando hablamos con Carolina Iglesias (a.k.a. Percebes y Grelos), que junto a Soy una Pringada se marcó un espectáculo pidiendo que volviera y también leyendo Scrolling after sex. ¿Qué tenía Fotolog? ¿Por qué añoramos tanto el pasado, si tampoco tenemos tanto? En cuanto a lo primero, Sala opina que fue la edad de la inocencia: “Creo que para mucha gente fue la primera red social que se utilizaba y aún no se había pervertido. Ahora las redes están muy bien, pero a la gente le generan inseguridad, se comparan, hay sentimientos negativos que surgen de ahí”. Para lo segundo, la saudade constante respecto a lo que fue, apunta a nuestro “gen europeo”: “En Estados Unidos se premia el presente, pero en Europa, el Viejo Continente… eso lo tenemos dentro y conforma nuestra idea de belleza”.

Es una tendencia ya consolidada que las editoriales publiquen libros de influencers, una tendencia que muchos contemplan desde la crítica -se deja al margen la calidad para premiar los followers y, por tanto, las ventas potenciales- pero que no deja de ser el reflejo inevitable de cómo ha crecido y cómo vive una nueva generación de escritores. Sala, cuestionada sobre esto, opina: “En mi caso particular, jamás hubiese pensado que a nadie se le ocurriría sacarme un libro. Quizá algún artículo para un medio, pero de ahí a hacer un libro… No entraba en mis planes. Sé que mi editor no tuvo nada en cuenta mis seguidores, porque cuando me fichó yo tenía como 2000. Ahora tengo 15.000 [en realidad algo más de 17.000, que hemos ido a comprobarlo], pero en aquel entonces no era nada muy relevante. Pero entiendo la pregunta porque seguramente haya otras editoriales que tengan esto en cuenta, al final es un negocio”.

En la era de los escritores influencers, también están los lectoreseditores. Hace no tanto, los escritores contaban con ocasiones contadas para conocer la opinión de sus lectores -por carta, por mail, en las presentaciones o en las firmas de sus libros, por medios que en definitiva dificultaban un poco más lo de decir ‘tu libro es una basura’-. Sin embargo, ser una escritora con miles de seguidores en una red social, incluso si es la generalmente más amable Instagram, supone exponerse al juicio directo de tu obra con cada nuevo post: “Está genial tener la posibilidad de tener un feedback directo con los lectores, es un privilegio, así valoras si se te está entiendo, si gusta o no gusta. También hay que intentar que ese no sea el único criterio. Si solo nos basamos en likes y comentarios nos estamos reduciendo. Es un criterio muy bueno pero que no debe ser el único, como escritores debemos hacer mucho esfuerzo para que eso no nos condicione. Si estamos convencidos de que el texto es genial, tenemos que apostar por él, aunque no guste”.

 

 

  • Laura Caso

    Por Laura Caso

    Me gusta preguntar, me interesa casi todo y llevo fatal esperar. Si algún día me parezco a Bette Davis será que lo he hecho bien.

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