Creadores

María Hesse: “Me encantaría ilustrar la biografía de Björk si la escribiera ella”

Foto: Laura Martín.

Aunque ahora prefiere aparcar las vidas ajenas y dedicarse a proyectos personales:

· Expone decenas de sus originales en el Museo ABC de Madrid

· Y recuerda todos los portazos que conlleva empezar en la profesión, y lo que ayuda ir con el portfolio bajo el brazo

Aunque ahora prefiere aparcar las vidas ajenas y dedicarse a proyectos personales:

· Expone decenas de sus originales en el Museo ABC de Madrid

· Y recuerda todos los portazos que conlleva empezar en la profesión, y lo que ayuda ir con el portfolio bajo el brazo

Un talento especial no. No sé si dibujaba mejor o peor que otros niños, pero lo que sí que hacía desde pequeña es contar historias con mis dibujos”, cuenta la ilustradora y escritora María Hesse cuando se le pregunta cuándo se dio cuenta de que quería ser artista. Desde que su madre y una profesora del cole descubrieran que la niña valía para el dibujo, ha contado ya muchas historias con tinta. La de David, un prodigio de mirada desigual nacido en Brixton. La de Frida, una mujer que convirtió su dolor en arte. La de Jo March y sus hermanas. La de Elizabeth Bennet y el señor Darcy. Algunas de estas estampas podrán verse en el Museo ABC de Madrid hasta el 25 de noviembre, la primera vez que la obra de esta andaluza de Huelva cuelga en las paredes de un museo.

Las líneas delicadas, los rostros de ojos separados y bocas de piñón, los colores suaves y las ramas saliendo de pechos y cabezas... Tu estilo es muy reconocible, pero, ¿en qué dirías que ha cambiado desde que empezaste hasta ahora?

Creo que ha sido una evolución muy progresiva. Yo dibujaba mucho en digital y luego volví a la técnica tradicional y eso marcó un cambio en mi trabajo. O cuando me planteé en vez de hacerlo para niños que fuera dirigido a un público adulto... Yo era súper barroca, quise simplificar, luego fui recargando otra vez. Las narices se han alargado, hay más sombras... Lo importante es trabajar y dibujar mucho y estas cosas van saliendo.

¿Y cuando no salen? ¿Dónde buscas inspiración cuando necesitas ideas para la forma y el fondo?

Ocurre una cosa muy curiosa: cuando estás trabajando mucho lo de quedarte en blanco te pasa menos. Cuando tienes tiempo libre y puedes dibujar lo que te da la gana te surgen los bloqueos. El cine, las series, todo lo que veo fuera del dibujo me suele influir bastante. Los videoclips…

Tu último trabajo ha sido una biografía muy celebrada de David Bowie (publicada junto al biógrafo Fran Ruiz), y el gran público te descubrió por contar y dibujar otra vida apasionante, la de Frida Kahlo (2016). Si pudieras pintar otra vida, ¿la de quién sería? 

Fíjate que ahora lo que me apetece es no hacer biografías. El siguiente libro que tengo como proyecto personal no va a serlo. Pero me encantaría ilustrar la biografía Björk si la escribiera ella.

¿Y un libro escrito por otra persona, te gustaría?

Sí. Lo estoy haciendo por mi cuenta: Mujeres, de Eduardo Galeano.

Empezaste a dedicarte profesionalmente a la ilustración muy cerca de los 30. ¿Piensas que eso ha influido en el devenir de tu carrera?

Era muy floja en el instituto y como Bellas Artes era un 5 y entrabas, me daba igual la nota. Pero en el año en que tenía que hacer la Selectividad quitaron la prueba de acceso y se entraba por nota. Así que tuve que coger otra carrera que me gustaba pero que no era esa, y luego decidí hacerlo a toda costa. Cuando estudié ilustración tuve un grupo de compañeros muy apañado. Éramos más mayores, habíamos pasado por trabajos que no nos gustaban… La madurez se nota. Tenemos que decidir muy jóvenes qué queremos hacer, aunque ahora hay gente muy joven que dibuja súper bien, con las ideas muy claras y lo están petando.

¿Y las redes sociales, Instagram? ¿Cuánto crees que han influido?

Ha sido una herramienta más. Vengo de la vieja escuela, de ir con el portfolio enseñando mi trabajo. De hecho Frida no me salió por Instagram, me salió porque fui a Ilustratour [un festival de ilustración] con mi portfolio bajo el brazo y se lo enseñé a Lumen y yo ahí tenía 2000 seguidores, que eso no es nada. Ellos confiaron en mi trabajo. Instagram es una herramienta bastante buena porque consigues enseñar tu trabajo sin necesidad de intermediarios. Si antes una galería o una editorial no confiaban en ti, tu trabajo no lo veía nadie. Ahora no te hace falta. Creo que lo que no es nada sano es que la gente se piense que la solución está en las redes sociales. El contacto directo es muy importante. Las empresas quieren ver que eres una persona trabajadora, que tienes algo que contar… Pero eso para mí, ¡que igual soy muy antigua para estas cosas!

Sueles hablar a menudo de la cosificación del cuerpo de la mujer, y de cómo intentas despojarlo de la mirada masculina cuando lo pintas. En una publicación de Instagram de hace unos meses dibujabas a una mujer orinando un arcoiris, y escribías: “Soy pudorosa, casta, limpia. No tengo pezones, culo, vagina o cualquier otro elemento que pueda perturbar tu mente perfecta. No menstruo. Defeco pompas de jabón y orino arco iris”. ¿Además de dejar de cosificar, hace falta dejar de idealizar el cuerpo de la mujer?

Hay que humanizar el cuerpo de la mujer con todo lo que conlleva.  Esto es como la persona que dice lo de no soy machista ni feminista, yo creo en el ser humano. Bueno, yo soy feminista, quiero la igualdad y quiero humanizar el cuerpo de la mujer con todo lo que conlleva: naturalizar la sexualidad, que nos tiramos pedos y hacemos caca… Esa publicación surgió porque censuraron una ilustración de una mujer masturbándose. Masturbarse no es nada malo, es disfrutar de nuestro cuerpo sin más.

Hace nada hemos celebrado un año del #MeToo, un movimiento que ha contribuido a situar el feminismo y la igualdad en el debate público, en lo mainstream. ¿Cómo crees que ha afectado este clima a tu trabajo?

Totalmente. Yo era de las que decía que no era feminista, y no es que haya empezado este año a decir que soy feminista, ha sido un proceso. Ahora se ha puesto de moda, y bendita moda. Hay gente que lo ve como un problema pero si es la forma de que empiece a llegar a más gente, pues fenomenal. Luego hay que ver cuántas perduramos en la lucha, porque nos queda mucho. Así que sí que influye, vas tomando conciencia… Es una putada, en el momento en que te pones las gafas moradas y empiezas a ver, yo me cojo unos cabreos enormes. En mi trabajo ha influido, yo ahora que tengo el altavoz que tengo, quiero utilizarlo para esto.

Se estila mucho pedirle a los ilustradores, diseñadores (y profesionales de otros sectores, especialmente de los considerados ‘vocacionales’) trabajar gratis, ‘a cambio de visibilidad’. ¿Te ha ocurrido?

Es muy complicado. Cuando empezamos, tenemos tanta ansia de trabajar que aceptamos condiciones que no son buenas y perjudica al gremio. Si una editorial sabe que puede pagar mucho menos por un trabajo que también es de calidad… Es algo que no deberíamos hacer. Pero lo entiendo. El consejo que doy al que esté empezando es que valore bien si lo que está haciendo le va a aportar algo. A veces cogemos trabajos en los que no nos pagan nada por tener una oportunidad y luego solo sirve para decir que lo has hecho. Empezar en ilustración es muy difícil. Te tienes que topar con un montón de portazos en las narices.

¿Qué es lo próximo que tienes en mente?

Estoy con un libro que ha escrito otra persona, tiene que salir otro colectivo de varios autores y luego estoy con un proyecto personal que escribo e ilustro yo y que llevo mucho tiempo con ganas de hacer. No puedo decir nada más pero el que me sigue en redes sociales puede imaginar por dónde van los tiros…

Conoce a María Hesse en un minuto:

 

  • Laura Caso

    Por Laura Caso

    Me gusta preguntar, me interesa casi todo y llevo fatal esperar. Si algún día me parezco a Bette Davis será que lo he hecho bien.

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