Creadores

César Brandon: “Tenía muchas ganas de exponerme, pero no de sentirme expuesto”

Foto: Festival Unleash (Trivu)

Hablamos con César Brandon de 'fantasmas', rechazos, Guinea, política y algo de Netflix:

· "Le preguntas a cualquier joven sobre política y no le interesa. Aquí y allí, y es como… La política, aunque no quieras o no te guste, lo es absolutamente todo"

· "La situación que he vivido es muy dicotómica y muy bipolar: hay racismo, pero también no lo hay"

Hablamos con César Brandon de 'fantasmas', rechazos, Guinea, política y algo de Netflix:

· "Le preguntas a cualquier joven sobre política y no le interesa. Aquí y allí, y es como… La política, aunque no quieras o no te guste, lo es absolutamente todo"

· "La situación que he vivido es muy dicotómica y muy bipolar: hay racismo, pero también no lo hay"

Mamá, tal vez yo solo sea un instante, como una de esas faltas de ortografía que en el Word 2016 se corrigen solas, o se borra. Lo siguiente son aplausos, palabras bonitas y convertirse en ganador de ‘Got Talent’. Más adelante han llegado firmas de libros, viajes, la confesión de que parte de su poema ganador fue improvisado y más palabras bonitas. Pero César Brandon (Malabo, Guinea, 1993) intenta seguir con su vida tal y como la desea: escribir, aprender, dormir en el sofá de unos amigos y disfrutar de ellos y de su familia. Lo simple no siempre es fácil, luchas con ‘fantasmas’, unas veces internos y otras de carne y hueso. Algo así es lo que intentó transmitir a los jóvenes asistentes del festival Unleash, organizado por Trivu (antes Pangea). Es educador social y está educado socialmente por Mamá, Papá, su Tía Mamá y sus hermanos y hermanas, entre otros. Quizá por esto tenga la palabra ‘ayudar’ siempre en negrita y tamaño 72.

¿Quién es César Brandon Ndjocu Davies?

César Brandon es un ser humano muy pequeño al que le apasiona contar historias.

“Conquistó un país entero en menos de tres minutos”.

¡Argh! Detesto esa frase. No es cierto. Evidentemente es una frase de marketing, genial, pero desde el momento que la vi no me gustó porque no fueron tres minutos, fueron tres minutos de exposición, un día concreto, pero muchísimos años de trabajo detrás. No estoy de acuerdo con ella, pero teniendo que ver con la televisión… mira, es posible.

Recientemente has compartido tu lucha contra varios fantasmas [“Ser el chico de la tele”, “eso no es poesía”, “producto de marketing”…]. ¿Cómo has logrado entrar en paz con esos calificativos?

Ha sido muy difícil. Tenía muchas ganas de exponerme, pero no de sentirme expuesto. Y lo que ha pasado es que me he sentido completamente expuesto. Hay un mundo detrás de esto que uno no ve hasta que no ha llegado a él, y que es muy, muy, muy, pero que muy doloroso. Al principio me molestaban todos esos descalificativos, pero he tenido que llegar a la paz dándome cuenta de que, al tener el tipo de exposición que he tenido… Evidentemente he salido de un programa de televisión, tengo que aceptar que eso es verdad, tengo que aceptar que hay un proceso de marketing por parte de la editorial con el que yo no tengo nada que ver…

Yo voy a participar a un programa para exponerme, para que suceda lo que tenga que suceder. El objetivo no era ganar, sino que pasara lo que ha pasado: que me vea una editorial y diga “de aquí podemos sacar provecho”. También por parte de ellos, porque, al fin y al cabo, es una empresa pero, por mi parte, ser capaz de exponer lo que hago y que la gente a la que le guste, tenerlo. Esa pelea ha tenido que acabar en el sentido de decir “sí, es verdad, por el proceso es cierto, todas estas cosas son ciertas”, pero al mismo tiempo mi historia también es cierta, y no tengo que pelear las dos cosas. No tengo porqué ser una, puedo ser las dos. Y así es como llega la paz.

Pasaron tres meses desde que ganaste el concurso hasta que volviste a escribir. ¿Cómo recuerdas esa etapa?

Fatal. Bueno, es también un poco dicotómica: está la parte de ir a las firmas y que te vengan 300, 400, 700 personas y te digan cosas maravillosas, pero al mismo que se acabe ese momento y no ser capaz de sentir esa felicidad plena, que es lo que nos dicen miles y miles de veces y parece el discurso que siempre se ha dado: ni el dinero ni los objetos dan la felicidad. Lo dice todo el mundo pero hasta que no estás ahí no te das cuenta de que es completamente cierto. Me sentía un poco incompleto porque con todo el movimiento era completamente imposible escribir, pero después de una firma, creo que la de León, volviendo a casa saco el portátil y, por estar echando de menos a mis amigos me surge una historia sobre eso y vuelvo a escribir.

Desde los 9 años querías ser escritor. Le echaste huevos, escribiste y autoeditaste un libro sobre 101 almas. Las editoriales te rechazaban. ¿Por qué seguiste adelante?

Las ganas, tío. Te cuento una cosa: el programa no lo he visto, me he escuchado, porque es inevitable, pero a día de hoy no me he parado a ver ni uno de los tres relatos. No me gusta escucharme, es algo que puede parecer raro, es como con los audios de WhatsApp, no me gusta. Y 2016 fue, probablemente, el peor año de mi existencia. Volví a Guinea. Mi hermano mayor es motivador personal y tuvimos un montón de conversaciones. Durante todo ese verano acudo a sus talleres de motivación y hay un momento en el que ya, después del proceso, nos dice a todos los que estamos presentes algo en plan “Dentro de tres años, ¿dónde os veis?” Y yo le digo: “En menos de un año, no tres, voy a publicar un libro“.

Me fui para quedarme en Guinea porque no teníamos medios para poder estudiar el máster, pero, por cosas de la vida, mi tía consigue dejarme dinero para poder venir a estudiar a España y todo ese año, prácticamente, lo dedico a intentar cumplir esa promesa que le hice a él y a mí mismo. Después de escribirlo, que es lo más importante, acabar las cosas, que si no las acabas no vas a ninguna parte, se lo mando a todas las editoriales habidas y por haber. Fíjate que a la única que no mando es a la que me ha publicado. Que tampoco me habría contestado, lo sé, es evidente. Y, entre las que no contestan y las que dicen que no, digo “no pasa nada, lo voy a hacer por mi propia cuenta”.

Lo hago y se venden como 80 libros en Amazon. El objetivo no era vender libros, era la exposición, nunca sabes quién lo va a coger. Lo regalo por la calle, por el metro… mano a mano, encontrar a una persona por la calle y decirle “oye, quieres leer un libro… Toma, este es mi libro”, y entre que te dicen que no, quien te mira mal, quien lo coge y luego te escribe “oye he leído tu libro y me gusta…”. Es de lo más orgulloso que estoy a día de hoy, el hecho de poder decir que este libro, que tanto se está vendiendo y que gusta a tanta gente, tiene un trabajo bastante duro detrás.

¿Qué te hace sonreír?

Estas cosas. Me hacen sonreír las pequeñas cosas.

Eres educador social. ¿Qué lección te has llevado de la carrera?

Desde segundo de Bachillerato había querido ser abogado por las series de televisión de abogados, que se pelean ahí en la corte, pero llega un momento en mi vida que… Es una completa tontería, pero asocio el ser abogado con llevar traje, corbata, maletín… Que no tiene nada que ver, puedes ser abogado y no hacer eso. Esa asociación me ayuda a decirme a mí mismo que no quiero eso en mi vida, yo lo que quiero es ayudar a la gente. Que siendo abogado puedes, de hecho me gustaría estudiar Derecho, pero necesitaba algo más de campo, más directo y descubro lo que es la carrera de la Educación Social y, al meterme, me quedo totalmente enamorado de ella por todas las facetas que hay dentro, las cosas que descubres, la realidad, porque hay muchísimo contacto con las familias que de verdad lo están pasando mal, los alumnos con necesidades educativas especiales…

El campo que más me interesa es el del abuso sexual y el maltrato infantil porque vengo de un país muy complicado, en el que se dan estas situaciones todos los días y el objetivo final, ese “qué es lo que quieres en la vida”, yo siempre lo digo: cada paso, desde autopublicar mi libro, desde el programa, desde estudiar va encaminado a que al final pueda volver a Guinea e intentar ayudar. Estoy completamente enamorado de España, España me lo ha dado prácticamente todo, pero aquí hay muchas cosas que ahí faltan. La idea es conseguir que allí haya estas cosas también.

¿Qué te inspira de Guinea?

Mi infancia. Es lo mejor que he tenido. Prácticamente todo lo que escribo tiene una relación directa con lo que he vivido en mi infancia. Vengo de un país complicado, que vive una situación bastante difícil, entonces me inspira todo: desde lo político hasta lo social, situaciones familiares… Intento, más o menos, transcribir eso de alguna forma a lo que luego hago en los relatos. Muchas veces me preguntan “cómo haces estos relatos”… por ejemplo, con el poema de los números, que tanto le gusta a la gente. Cuando estoy en mi casa no me digo “voy a hacer un poema sobre números”, lo que quiero es contar una historia, una relación de tres personas y los números vienen después para contar la historia.

Si tuvieras la oportunidad, ¿formarías parte del sistema político del país para intentar cambiar cosas?

Definitivamente. Y me doy cuenta de que la juventud está muy al margen de eso. Le preguntas a cualquier joven sobre política y no le interesa. Aquí y allí, y es como… La política, aunque no quieras o no te guste, lo es absolutamente todo. El hecho de que tengamos esta entrevista es pura política, el hecho de que yo simplemente esté aquí porque soy de otro país es política… Aunque no nos guste y queramos ser súper anárquicos, la política lo es todo. A mí me encantaría en algún momento formar parte, directa o indirectamente, del mundo de la política para intentar mejorar las cosas desde mi punto de vista y, evidentemente, siempre teniendo a un equipo, porque siempre pensamos que tenemos las mejores ideas del mundo y hay que tener gente que te diga “tira por aquí, tira por allá”.

Sigues durmiendo en el sofá de la casa de unos amigos.

Jaja Después del evento iré directamente ahí. Vengo de Valencia, de casa de mi novia. Ahí no duermo en el sofá… Gracias… Pero sí, me iré a Móstoles, que es donde tengo a mis amigos y ahí sigo. No he alquilado un piso ni tampoco me voy a comprar una casa todavía. La situación sigue siendo un poco la misma porque somos una familia. Tuvimos la oportunidad de venir a estudiar a España prácticamente el mismo grupo que ya éramos amigos en Guinea. En diferentes ciudades, pero hemos tenido la oportunidad de acabar la carrera y poder seguir estando juntos. No soy el único que duerme en el sofá, ¿eh? Hay algunos en algún colchón en el suelo jaja

Novela, relatos cortos, poesía… ¿Con qué te sientes más cómodo?

Los relatos cortos. Y de ahí tal vez nace la poesía. La idea de sintetizar ideas muy concretas, ya sean por algo emotivo, racional, político, sentimental o lo que sea y acortarlo a algo muy pequeño, como un poema o un relato corto, me vuelve completamente loco. Tal vez es la incapacidad de hacer una novela larga, pero el objetivo también es hacer novelas. Me encantaría porque también quiero dedicarme al mundo de la televisión en el sentido de escribir guiones o películas. No sé, ¿qué quiere todo autor o autora hoy en día? Escribir un libro y que hagan una película de tu libro —sonríe—. En algún momento me encantaría hacer novelas, y creo que va a pasar.

¿Crees que tu triunfo ante millones de espectadores abrió los ojos o cambió estereotipos sobre la comunidad negra?

Creo que sí. Sigue habiendo muchísimos, pero es lo que digo: tengo una forma de acercarme a la problemática del racismo tal vez un poco diferente. Creo que todos los caminos de alguna forma llevan a Roma, ¿no? Cada grupo, cada persona puede intentar acercarse a la problemática de una forma u otra. La situación que he vivido es muy dicotómica y muy bipolar: hay racismo, pero también no lo hay. Creo fuertemente que los racistas se están acabando, solo que lo malo hace más ruido. Siempre.

Una persona racista, aunque sea solo una, siempre va a hacer muchísimo más ruido que las cosas buenas que hay. A mí la gente blanca aquí en España, que no me conocía de nada, me ha ayudado de una forma increíble. Me es difícil tener un discurso completamente aislado, y al mismo tiempo he pasado situaciones difíciles. Es una especie de estar en medio y desde mi posición intentar no justificar mi existencia. Y con lo que hice sí creo que ha habido una exposición diferente, es decir, un chico blanco que está en su casa, me está viendo y se siente emocionado por lo que yo pienso tal vez algo dentro de él cambie y ciertos sesgos desaparezcan o no llegue a tenerlos.

¿Cómo definirías tu próximo libro ‘Toda la felicidad del universo’?

Curioso. Antes de poder publicar siempre me decía a mi mismo que todos los libros que fuese a hacer iban a ser diferentes. Me ha pasado mucho con ‘Las almas de Brandon’: mucha gente tal vez ha abierto el libro pensando que podían encontrar poemas de números… y no tiene nada que ver. Es muy dispar, es muy caótico. Me encanta innovar, me encanta crear, es lo que más me llama. Pero en todos los campos, tanto en la educación social como en la escritura. Este libro es un poco… ‘odd’ [raro] jaja. Es una mezcla de muchas cosas pero, si te hago un pequeño spoiler, el título tal vez sea engañoso, tal vez el libro no sea tan feliz como el título sugiere.

Una serie de Netflix que recomiendes.

Stranger Things… Me encantan todas las de Marvel: Daredevil, Iron Fist, Luke Cage… Pero si tengo que recomendar una… Seven Deadly Sins. Me encantan los animes.

Tienes 25 años. ¿Qué te da miedo?

Diría que me da miedo no ser capaz de cumplir con las expectativas de mi familia. No mías ni de mi entorno, de mi familia. Eso me da mucho miedo… Joder, acabo de aprender algo de mí mismo.

View this post on Instagram

Llevo siete meses peleándome con el fantasma de ser "el chico de la tele"; el "eso no es poesía"; el "producto de marketing"; el "solo es una moda"; y de más adjetivos que usan como descalificativos. Pero hoy, (bueno, desde hace ya unos días) he entrado en paz con todas esas definiciones. Sí, soy todo eso. Definitivamente, indiscutiblemente. ¡Lo soy! Y bueno, aquí no viene la parte en la que digo: "sí soy esas cosas, pero también soy mucho más". No. Aquí no voy a justificar lo que hago, lo que escribo, lo que siento, mi historia. No, porque eso también es pelearse con ese fantasma. Todo el mundo tiene una historia, un porqué al porqué salen cada mañana de la cama y afrontan sus vidas. Y eso le pertenece a cada uno. A mí, hoy, solo me queda decir, como siempre: GRACIAS. Gracias a los que, ya sea a través de vuetras pantallas, televisión, ordenador, móvil, o tal vez mi pequeño libro, me habéis permitido entrar un rato en vuestras vidas. Ni en mis más soberbios, ambiciosos y extraordinarios sueños me había imaginado las cosas que han sucedido en mi vida. Así que, gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Ahora me toca seguir viviendo. Aténtamente, Cés.r. Escribiendo en Instagram desde 2012. En sus cuadernos desde 2008. En su cabeza desde 1998.

A post shared by César Brandon Ndjocu Davies (@ndjocu.davies) on

  • Cristian Buades

    Por Cristian Buades

    Dicen que soy periodista, aunque algunos me llaman juntaletras. Tweetdeck humano, rastreador, un tipo serio.

¿Qué te ha parecido?

Te doy mis diez

Me indigna

Me entristece

Fli-po

Me partooo