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¿Por qué nos enfadamos más fácilmente cuando tenemos hambre?

Foto: Unsplash / Alex Iby

El hambre no es buena consejera, dice el refranero popular:

· En inglés existe el término 'hangry': 'angry' (enfadado) + 'hungry' (hambriento), y es una sensación que hemos tenido más de una vez

· ¿Pero hace el hambre que nos enfademos o estamos más sensible a lo que nos enfada cuando tenemos hambre?

El hambre no es buena consejera, dice el refranero popular:

· En inglés existe el término 'hangry': 'angry' (enfadado) + 'hungry' (hambriento), y es una sensación que hemos tenido más de una vez

· ¿Pero hace el hambre que nos enfademos o estamos más sensible a lo que nos enfada cuando tenemos hambre?

El término ‘hangry’ se ha incluido en 2018 en el Diccionario Oxford como la unión de ‘hungry’ (hambriento) y ‘angry’ (enfadado). En castellano no existe una traducción literal, pero se entiende como el enfado que nos entra cuando estamos hambrientos.

Todo el mundo ha sentido ese gusanillo en la tripa, esa sensación desagradable que tienes cuando te entra hambre. Picas algo y se te pasa. Sin embargo, no es esto a lo que se refiere el término ‘hangry’. Se trata más de sentir un malestar a causa del hambre que la persona no sabe identificar y acaba achacando a la molestia que le pueda producir una o varias personas o una situación concreta.

Para analizar cuáles son los mecanismos psicológicos de nuestras emociones producidas por el hambre, el departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Carolina del Norte ha realizado una serie de experimentos. Según una de las co autoras de la investigación, Jennifer MacCormack, cuando alguien tiene hambre, existen dos factores claves para que se produzcan o no las emociones negativas: el contexto y la conciencia de uno mismo.

 

Se realizaron primero dos experimentos en línea, en el que participaron 400 personas de Estados Unidos. Las pruebas consistían en mostrar imágenes que causaran placer, otras que fuesen neutras y otras desagradables. Inmediatamente después se les presentó una imagen ambigua, un pictograma chino y se les pidió que lo calificaran del 1 al 7 según cómo de agradable o de desagradable les resultara. Además, los participantes tuvieron que registrar cómo de hambrientos se sentían.

Existen dos factores claves para que se produzcan o no las emociones negativas: el contexto y la conciencia de uno mismo

Los participantes que más hambrientos se encontraban eran más propensos a calificar el pictograma como negativo, pero solo si antes se les había enseñado una imagen negativa. Sin embargo, esto no ocurría con las imágenes positivas o neutras. La conclusión que los psicólogos extrajeron de esto es que las imágenes negativas les daban a las personas un contexto para transformar la sensación desagradable que sentían a causa del hambre en incomodidad por el pictograma chino. 

 

En el segundo experimento de laboratorio se involucró a más de 200 estudiantes universitarios. A unos se les había pedido que viniesen en ayunas, a otros se les había especificado que tenían que comer antes. A una parte de los participantes se les propuso un ejercicio de escritura para el que tenían que focalizarse en sus emociones. A continuación, se creó un escenario estresante. Todos los estudiantes tuvieron que completar en un ordenador una tarea aburrida y tediosa. El ordenador estaba preparado para colgarse antes de que terminasen la prueba. En ese momento, uno de los investigadores entró en la sala y les regañó por estropear el ordenador. Para terminar, tuvieron que rellenar un cuestionario sobre lo que sentían y la calidad del experimento.

Los investigadores comprobaron que las personas que no habían realizado la prueba de escritura y tenían hambre, eran más propensos al estrés y el enfado. En cambio, los que si habían realizado la prueba, no informaron de esos estados emocionales, incluso estando hambrientos.

La investigación de Jennifer MacCormack quería hacer hincapié en la conexión mente-cuerpo. “Nuestros cuerpos desempeñan un papel poderoso en la configuración de nuestras experiencias, percepciones y comportamientos momento a momento, ya sea que tengamos hambre o no, que estamos cansados ​​o descansados”, explicó para la Asociación de Psicología Americana (APA). “Esto significa que es importante cuidar nuestros cuerpos, prestarles atención a esas señales corporales y no descartarlas, porque no importan solo para nuestra salud mental a largo plazo, sino también para el día a día en nuestras experiencias, relaciones sociales y desempeño laboral”. Ya lo dice el refranero popular: “El hambre no es buena consejera”.

 

 

  • Virginia Pérez

    Por Virginia Pérez

    Proyecto de periodista. Tengo la cabeza más en Twitter que en la vida real. RuPaul’s Drag Race es mi tema tabú en las cenas familiares de Navidad. Si no veías Art Attack, no eres tan millennial como crees.

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