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Cómo un botánico ayudó a que terminase la Segunda Guerra Mundial

Foto: WikiImages / Pixabay

De trabajar como botánico a acabar con la guerra:

· Geoffrey Tandy fue una de las personas clave para derrotar a los alemanes

· Y eso que había llegado a la instalación militar secreta por error

De trabajar como botánico a acabar con la guerra:

· Geoffrey Tandy fue una de las personas clave para derrotar a los alemanes

· Y eso que había llegado a la instalación militar secreta por error

Un día trabajas como botánico en el Museo de Historia Natural en Londres y a los dos años estás ayudando a terminar con la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de Geoffrey Tandy, un británico especializado en plantas criptógamas —vegetales sin semillas como algas o helechos. Tandy fue “el hombre de las algas” durante mucho tiempo, hasta que en 1939 decidió unirse a la reserva de la Marina Real del Reino Unido.

Pese a que sabía que sus conocimientos sobre líquenes no serían la cosa más útil para una guerra, él quería ayudar. Y posiblemente tenía razón, porque de no ser por la confusión lectora del ministro de Defensa británico del momento, probablemente Tandy no habría hecho historia. Si has visto la peli de The Imitation Game, puede que este relato te suene, aunque quizá ya la habías olvidado. Florence Schechter, tuitera británica, ha vuelto a revivir la magnifica historia de cómo una erre de más en los ojos del ministro fue la culpable de que el botánico inglés acabase ayudando a descifrar el lenguaje secreto que usaban los nazis durante la guerra. 

El ministro de Defensa se había quedado impresionado por todo el currículo de Tandy, aunque lo que más le gustó es que leyó que era criptógrafo —una persona que descifra mensajes secretos—. Pero no, no lo era. Él era botánico. ¿Que cómo pudo confundir el ministro ‘botánico’ con ‘criptógrafo’? En castellano, desde luego, no hay lugar a duda entre ambas palabras, pero sí en otros idiomas. En inglés, para referirse a un botánico o a alguien que estudia las plantas criptógamas se usa la palabra cryptogamist, y a un criptógrafo se le llama cryptogramist. No es que la Segunda Guerra Mundial acabase solamente gracias a una erre, pero casi. 

Así que con el título de criptógrafo mandaron a Tandy a una misión especial y súper secreta: a Bletchley Park, una instalación militar británica, localizada en Buckinghamshire. Cuando llegó allí, sus compañeros fueron inmediatamente a pedirle ayuda al que pensaban que era el mejor criptógrafo del mundo y él les explicó que no era un experto en códigos, sino en algas. ¡Ups!

El personal, desilusionado, no lo pudo llevar de vuelta a Londres porque la localización de la  instalación era totalmente secreta. Así que allí estuvo dos años sin hacer prácticamente nada.

Pero en 1941 Tandy entró en acción. Las fuerzas aliadas atacaron un submarino alemán y consiguieron recuperar muchos documentos de los restos, incluidos algunos documentos que enseñaban a descifrar los mensajes de la ‘Máquina Enigma’, que era usada por los alemanes para comunicarse entre ellos sin que los aliados lo entendiese. El problema era que la tinta que habían usado se había dañado con el agua y los papeles estaban totalmente mojados. Necesitaban una restauración inmediata antes de que se perdiesen los datos por completo.

En ese momento, Tandy se puso manos a la obra. Él era un experto en algas y en secar cosas empapadas él era el mejor. Y eso era justo lo que necesitaba el ministro.

Obtuvo materiales de un museo cercano y consiguió recuperar la legibilidad a las páginas. Los criptógrafos de Bletchley Park consiguieron usar esa información para descifrar los códigos alemanes y romper sus comunicaciones, así los aliados consiguieron crear su estrategia.

Se calcula que la ayuda de Geoffrey hizo que la guerra terminase entre dos y cuatro años antes, salvando muchas vidas. ¿Pero a nadie le extrañó que hubiese un criptógrafo trabajando en el Museo de Historia Natural?

  • Virginia Pérez

    Por Virginia Pérez

    Proyecto de periodista. Tengo la cabeza más en Twitter que en la vida real. RuPaul’s Drag Race es mi tema tabú en las cenas familiares de Navidad. Si no veías Art Attack, no eres tan millennial como crees.

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