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“Ahora bromeo diciendo que la vida me ha costado un riñón”

El 6 de junio se celebra el Día Mundial de los Pacientes Trasplantados:

· España bate el récord mundial en donaciones y trasplantes de órganos desde hace 26 años

· "Yo tenía claro desde muy pequeña que tener un transplante no me iba a parar. Y así fue"

El 6 de junio se celebra el Día Mundial de los Pacientes Trasplantados:

· España bate el récord mundial en donaciones y trasplantes de órganos desde hace 26 años

· "Yo tenía claro desde muy pequeña que tener un transplante no me iba a parar. Y así fue"

Andrea celebra su cumpleaños dos veces al año; una vez por el día en que nació y otra por el que su nuevo hígado la dejó seguir viviendo. Nada más nacer, su hígado ya funcionaba mal. Tanto que al cabo de dos años de tratamiento la única solución era un trasplante. En 1999, cuando Andrea salió de quirófano, España era líder mundial en donaciones y trasplantes. Casi dos décadas más tarde, en 2017, nuestro país sigue conservando ese puesto tras 26 años consecutivos.

5.259 trasplantes hechos en 365 días con órganos que pertenecían a 2.183 donantes diferentes. En España reside una población solidaria: seis personas donan órganos al día de media, ahora un 30% más que en 2014. Esa cantidad de donantes hace que en los quirófanos de la sanidad pública se ejecuten 14 trasplantes diarios, según indica el informe de 2017 de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Y se prevé que siga subiendo: para 2022 se pretende llegar a los 2.500 trasplantes anuales.

Los trasplantes renales son los más comunes. Del total de trasplantes, el 74,92% fueron de riñón, al que le siguen los hepáticos, cardíacos, pulmonares, de páncreas e intestinales.

Superar los 5.000 trasplantes anuales ha sido posible gracias a las medidas adoptadas por el sistema español de transplantes, que optimiza la donación de órganos al haber fomentado la asistolia (donación en parada cardíaca) y tener una mayor colaboración entre las UCIS y el resto de servicios hospitalarios. Pero ha sido posible, sobre todo, por el incremento de personas donantes tanto en asistolia como de muerte cerebral. Los trasplantes renales de donantes vivos han disminuido mínimamente, aunque son más necesarios por la cantidad de enfermedades renales existentes.

 

La necesidad de donar órganos se hace aún más visible en el Día Mundial de los Pacientes Trasplantados. Pese a que el servicios de trasplantes de la sanidad pública española tenga el récord mundial, es indispensable ayudar para que otros puedan seguir viviendo. Dos jóvenes trasplantados cuentan cómo lograron sobrevivir gracias a un donante de órganos y cómo ha sido su vida desde entonces.

 

Andrea, 22 años. Trasplante de hígado

Soy Andrea y tengo un transplante de hígado. Nací hace 22 años y solo un mes después mis padres vieron que algo no iba bien. Me llevaron al médico y descubrieron que mi hígado no funcionaba como debía. Así que a los pocos meses de nacer volví al sitio donde había nacido, al hospital de La Paz, y conocí al equipo de hepatología infantil. Durante un tiempo intentaron solucionar el problema con diversos tratamientos, pero mi salud empeoró y con tan solo dos años me transplantaron el hígado. Por suerte fue con esa edad y yo no tengo recuerdo de ello. Años más tarde me contaron que estuve en una situación muy grave, pero al final conseguí salir de aquello.

En realidad, mi infancia ha sido como la de cualquier otro niño: he llorado, he reído, me he caído y hecho cualquier cosa que hace un niño. Aunque a esa edad no hay muchas personas que han pasado por un trasplante, yo no dejé de vivir mi infancia. Durante mi niñez pasé mucho tiempo en el hospital, pero seguí con mi vida. Seguía yendo al cole, donde hice muchos amigos, y cuando me ponía mala, tenía la suerte de seguir aprendiendo en el cole de La Paz. Incluso hice algunos exámenes desde el hospital. Yo tenía claro desde muy pequeña que tener un transplante no me iba a parar. Y así fue.

La vida de transplantada no me ha afectado en casi nada. He viajado mucho, me he ido de campamento al extranjero muchos veranos e incluso di el paso de irme un verano sola a Canadá. Esa es una de las mejores experiencias que recuerdo. Con un hígado trasplantado, sobreviví a todo aquello. Me gradué en el colegio, ahora lo acabo de hacer en la Universidad y estoy a punto de enfrentarme a mi próxima meta: un máster. La vida me ha puesto muchas barreras, como a todo el mundo, pero no por ello he dejado de luchar.

Foto: Andrea López

El único impedimento en mi vida, por llamarlo de alguna manera, es el alcohol. Habiendo pasado por un trasplante de hígado, soy muy consciente de que no puedo beber alcohol y que me tengo que cuidar. Aunque en realidad no me ha supuesto nada, incluso diría que es mucho mejor. Gracias a ello cada vez que salgo puedo coger el coche y volverme cuando quiera. Sí que he tenido que cuidar de mis amigos, pero ellos han sabido estar a la altura. No poder tomar alcohol no ha hecho que no haya salido de fiesta como la que más. Me he ido de viajes con ellos, a casas rurales a la playa y no beber alcohol no me ha supuesto nada.

Tener un órgano transplantado te hace ser más fuerte, nada más. Hay que luchar por conseguir las metas, porque cada día es una suerte. Y hay que aprovechar todo al máximo, porque es la mejor manera de disfrutar de la vida. Aunque haya malas épocas, siempre hay que ver el lado positivo, porque haber pasado mucho tiempo en hospitales y de médicos, eso no te hace dejar de ser feliz, que es lo importante en esta vida.

 

Alberto, 25 años. Trasplante de riñón

Yo ya vine mal de fábrica. Nací con insuficiencia renal crónica, lo que hizo que uno de los riñones no funcionase del todo bien y el otro fuese demasiado pequeño como para que fuese funcional. Antes de cumplir los dos años ya me habían operado varias veces de reflujo. En total pasé tres veces por cirugía antes del trasplante, pero no sirvió de nada. Eso hizo que mis padres decidieran marcharse a Málaga desde Granada, porque allí había médicos más especializados en trasplantes dentro de la sanidad pública.

Antes del trasplante pasé un tiempo con diálisis en casa. Por las tardes jugaba al fútbol teniendo mucho cuidado de que no me dieran balonazos en la barriga; a la noche me conectaba a una máquina. Era una especie de transformer. Al mes de estar en diálisis nos llamaron de madrugada desde Sevilla diciendo que había un riñón compatible. Cogimos el coche y fuimos directamente hacia el hospital, pero al llegar los médicos me vieron y me dijeron que el riñón era demasiado grande para el tamaño de mi cuerpo.

Aprendí lo que era un trasplante a los doce años o así, dos después de que me operasen. Me trasplantaron el 13 de abril de 2003, durante una Semana Santa en Sevilla. Me recuerdo muy joven, caminando con el bullicio de una celebración que se vive mucho en Andalucía, pero con una sensación de que pasaba algo importante. Salí del hospital con un riñón nuevo y funcional. Al poco tiempo del trasplante tuvimos que mudarnos a Bilbao y, en una revisión, un doctor me dijo que, en esa época, la media de lo que duraba un órgano trasplantado en tu cuerpo era de diez años, pero antes de irme me deseó “que dure para siempre”.

Ahora vivo a más de 800 kilómetros de casa. Me fui para estudiar un máster y me quedé al recibir una beca en un periódico. Tomar pastillas a diario es lo que me diferencia de otras personas de mi edad, pero no más de los que toman pastillas para la tensión. Por lo general no suelo contar que tengo un riñón trasplantado, pero cuando la gente de mi alrededor se entera me miran asombrados como si fuese algo gravísimo. Ahora bromeo diciendo que la vida me ha costado un riñón, pero mis preocupaciones no van más allá de las de la mayoría de los jóvenes. Ya lo dijo mi abuela: “antes pedíamos salud y ahora pedimos trabajo”.

 

 

  • Laura Martín

    Por Laura Martín

    En sexto de primaria suspendí matemáticas por primera vez, ahora me paso el día entre bases de datos y números para convertirlos en historias y cosas bonitas. En mi tiempo libre lucho por erradicar la Comic Sans. Detrás de toda la parafernalia, al final solo soy periodista.

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