Yohanna Alonso, campeona mundial de muay-thai, guardia civil y especialista en violencia de género | eslang

Yohanna Alonso, campeona mundial de muay-thai, guardia civil y especialista en violencia de género

Yohanna Alonso / Cedida

Hasta hace poco las mujeres no solo no podían competir, sino que ni siquiera podían ser espectadoras:

  • "Las mujeres no podemos entrar en el ring por encima o por medio de las cuerdas, sino por debajo", explica la deportista de élite...
  • ... Que además de formar parte de la benemérita, colabora contra el cáncer y ayudando a mujeres víctimas de violencia machista

Yohanna Alonso (Gijón, 1983), es hoy por hoy la agente de la Guardia Civil más famosa que hay en León, donde está destinada. Al menos, desde que se alzara hace unas semanas con el oro en el campeonato mundial de muay-thai de menos de menos de 60 kilos en Tailandia, cuna de este arte marcial. Es la segunda española que se alza con el título, después de la manchega Eva María Naranjo. Yohanna se considera una deportista de élite, pero deja claro que para nada es una deportista profesional: ama su trabajo en la comandancia de Cistierna. Contactamos con ella después de tres intentos por teléfono. Al cuarto contesta. Se oye un jaleo de fondo, como de mucha gente hablando al mismo tiempo. Su voz hace acto de presencia y se disculpa: “Perdona por no haberte respondido antes, pero estábamos entrenando hasta hace nada…”

Apenas lleva un par de días en España, pero ya ha vuelto a sus entrenamientos de crossfit. Su maestro, al que menciona siempre sin el artículo delante, además le ha programado un entrenamiento específico para el viernes. De origen tailandés, el maestro Lek vive casi todo el año en León y va al menos dos veces al año a su país: una por marzo y otra por agosto. Tiene 67 años y los triunfos de ella son también sus triunfos. De hecho, Yohanna nunca habla en singular. Forman un tándem perfecto.

¿Es el oro mundial tu techo?

No creo que haya techos para estas cosas. Es una pelea más que se suma a tu currículum y hay que seguir compitiendo para cosechar más éxitos.

Pero Yohanna no espera que su carrera en la máxima competición vaya a durar muchos años más. Es consciente de la edad de su maestro y también de la suya propia, muy común para deportistas de otras disciplinas que están al máximo nivel como Ruth Beitia (37), pero poco usual para las luchadoras de muay-thai. “Ten en cuenta que allí comienzan a pelear entre los cuatro y los cinco años y que a los veinte ya están planteándose la retirada. Es distinto en occidente, pero no en Tailandia. Además, si mi maestro se retira es muy probable que yo lo haga por simple respeto“, explica.

Yohanna Alonso y su maestro tras conquistar el título / Cedida
Yohanna Alonso y su maestro tras conquistar el título / Cedida

El muay-thai ha sido desde época medieval un signo distintivo de Tailandia, primero practicado como arte de combate militar y posteriormente como deporte. Se cree que lo crearon los monjes budistas. Desde reyes hasta campesinos del país lo practicaban. Se saltaba los estratos sociales, pero no las barreras de género. A los combates no se permitía el acceso a las mujeres y mucho menos, que practicaran tal deporte.

¿Es complicado triunfar en Tailandia cuando practica un deporte dominado por hombres?

Es una sociedad machista, está claro. Ellos tienen la creencia de que por el hecho de tener la regla, las mujeres dan mala suerte. Por ejemplo, en el campo de entrenamiento en el que estaba no podía subir al ring ni tocarlo, ya que era exclusivo para los chicos. Para poder entrenar, llegaba el entrenador que estaba allí y me ponía los paos abajo. Además, las mujeres no podemos entrar en el ring por encima o por medio de las cuerdas, sino por debajo y tampoco podemos tocar las esquinas cuando están los chicos combatiendo… Al final, son creencias que hay que respetar y cuando vas a su país tienes que adaptarte.

La luchadora tiene siempre presente la palabra respeto presente en su vocabulario. En toda la entrevista la menciona varias veces, la tiene grabada. Dice la palabra miedo e inmediatamente la sustituye.  Con esa sensación también llegó al mundial que ha ganado. El mismo en el que se quedó el pasado año a tres puntos de saborear las mieles de la victoria. Quería estar lo mejor posible y por eso viajó unos días antes del inicio del campeonato.

Volvías al mismo lugar donde perdió el año pasado. ¿Qué significa para ti competir en la meca del muay-thai?

Por supuesto, respeto, pues es su tierra y es su cultura. En el triangular en el que competí, me tocó con una luchadora iraní, pero tuvo que abandonar por problemas con la documentación y cuando llegó a Bangkok, la deportaron. Entonces, el cuadro me emparejó con una tailandesa, con la que perdimos el año pasado. Llevas echa la idea de que si vas a Tailandia lo peor que te puede tocar es enfrentarte con alguien de allí. Lo tienes asimilado.

¿Por qué razón viajaste antes?

Fui el día 4 porque tenía que aclimatarme a la temperatura. Allí hace 35 grados con humedad, y claro, cuando vienes de los 5 o 6 grados de León, el cambio es muy fuerte.

¿Es tan dura la rutina de entrenamiento allí?

Para los tailandeses igual no porque están acostumbrados, pero para mi sí lo era. En los días previos a la competición y durante la misma, me levantaba a las cuatro de la madrugada; a las cinco me iba al campo de entrenamiento, corríamos hasta las seis, saltábamos a la comba media hora, hacíamos sombra, pegábamos a los sacos, flexiones, abdominales, saltos, subir a la cuerda…  Hasta las ocho de la mañana. Luego, por la tarde, desde las tres hasta las ocho de la noche, lo mismo. Eso todos los días excepto el domingo por la tarde, que es cuándo descansábamos.

Yohanna, previamente al combate / Cedida
Yohanna, previamente al combate / Cedida

Hace pocos días, un luchador escocés falleció en Tailandia al intentar reducir su peso en tres kilos. ¿Entiendes que un luchador de muay-thai pueda llegar a morir a causa de un sobresfuerzo?

Personalmente creo que no. Hay veces en las que peleas en pesos inferiores para estar más ágil o tirar de menos cuerpo. Cuando he tenido que fijar un peso para las peleas, mi entrenador y mi nutricionista me ponen a dieta durante todo un año. No sé cuál era el caso particular del chico, pero no puedes perder ese peso en un día porque literalmente te mueres. Suena a topicazo, pero es así, con 20 años se ha muerto.

¿Hay cierto miedo a la derrota?

[Piensa un momento] Ten en cuenta que cuando tienes tantos ojos puestos en ti… Pero vamos, es solo una opinión.

Al final, ¿es el balance victorias-derrotas el escaparate de tu carrera deportiva?

Personalmente es lo que menos me importa. Vale, cuando ganas es todo genial, maravilloso, tu sacrificio ha dado sus frutos. Pero cuando pierdes, no pierdes, sino que aprendes y mejoras para el siguiente enfrentamiento. Entrenar cada día y superarme cada día es lo que me importa. No te hace mejor o peor persona perder porque al fin y al cabo, un día malo lo tiene cualquiera.

El muay-thai es un arte marcial espiritual, casi mágico. Antes de cualquier combate, los luchadores se posicionan en el ring y efectúan gráciles movimientos con su cuerpo y agradecen la labor del maestro. Todos tienen su propio rito, pero con un significado distinto. Muchas veces es un momento de concentración personal, otras, una especie de suerte para que te acompañen los dioses en la contienda.  El luchador, de igual modo que los All Blacks de Nueva Zelanda, también puede ejecutar una danza con el objetivo de amedrentar al rival. Yohanna, sin embargo, en esos minutos previos tiene solo un pensamiento.

Tú también tienes tu ritual, ¿no?

En Europa no es tan común como allí, pero yo tengo el que me enseñó maestro, que ya sabes, a su edad está un poco chapado a la antigua [ríe]. Hago varios figuras: un pavo real, un guerrero que lanza flechas… Hasta hace un año, escribía con el dedo el nombre de la rival y lo pisaba. Se supone que cuando voy evolucionando, maestro me va ampliando el repertorio. Pero bueno, el gesto mas importante es mirar al cielo y pensar en mi madre, para que todo salga bien.

Yohanna recuerda minuto a minuto la muerte de su madre. El pasado 7 de diciembre hizo cuatro años de su fallecimiento. Como a otras muchas mujeres, se la llevó el cáncer de mama. “Primero fue el pecho, luego el útero y finalmente el estómago”, recuerda. A raíz de ahí, parte de su éxito va dedicado en exclusividad a ayudar a enfermos. Este año, por ejemplo, ha protagonizado un calendario solidario para la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), con quién tiene firmado un contrato de colaboración.

Supongo que será un aliciente lo de tu familia…

En toda mi familia por parte materna hemos sufrido esta lacra. Ya no solo mi madre, sino también mi tío, mi tía… y lo he vivido muy de cerca. Es algo que me apetece hacer desde hace tiempo. He dado seminarios benéficos adecuados a la capacidad física de niños enfermos de cáncer o de personas mayores en tratamiento. El hecho de sacarlos de su rutina y contarles alguna batallita, no tiene precio para mí.

La luchadora, durante un descanso / Cedida
La luchadora, durante un descanso / Cedida

Pero su labor social no se limita ahí. La asturiana tiene un postgrado de psicología especializada en violencia de género y ha realizado labores de apoyo a mujeres maltratadas. Reconoce que ahora, por falta de tiempo, no puede dedicarle tiempo, pero que cuando estaba destinada en Alicante formaba parte de sus funciones como agente de la Guardia Civil. “Algunas mujeres llegan muy tocadas. Tanto que ni son capaces de mirarte a los ojos porque están acobardadas”, asegura.

¿Cómo las ayudas a luchar contra tu miedo?

Lo primero, las escuchas porque tienen mucho que decir. Lo segundo, simpatizas con ellas para ver cuál es su situación y les transmites tu sensación. Obviamente, no soy nadie para dar consejos, pero intentas dar una opinión de como dar solución a su problema. Eso sí, cuando hablo con ellas no soy la guardia civil de turno, soy simplemente Yohanna. Tampoco quiero que haya esa barrera entre nosotras: aquí tienes mi teléfono, a cualquier hora puedes llamarme.

¿Notas cierta aprensión hacia ciertos términos como feminismo, violencia doméstica, maltrato psicológico…?

No, creo que poco a poco la sociedad va cambiando. Antaño pienso que sí. Los hemos sufrido, pero no tenían un término como lo tienen ahora. Por ejemplo, el acoso escolar o el maltrato psicológico han existido toda la vida, pero hoy en día tiene nombres y apellidos. En el maltrato doméstico ocurre lo mismo: siempre estaba ahí pero antes no era tan obvio o no estaba tan tipificado como lo está ya.

Deportistas como usted en muay-thai o Lydia Valentín en halterofilia han dejado claro que no existen roles de género sobre los deportes. ¿Consideras que personas como tú transmiten ciertos valores a la sociedad?

Los mensajes que me han enviado algunas mujeres dicen que soy un ejemplo de superación y que las motivo. Yo siempre les digo que si yo puedo, ellas también pueden. No soy ningún tipo de superheroína ni muchísimo menos. Simplemente le dedico esfuerzo y sacrifico parte de mi vida para conseguir todos mis objetivos. Lo que más me gusta es eso: que alguien que, aunque no sienta ganas de salir de casa, lea lo que hago o vea mis fotos y recoja ese mensaje.

Criada en una familia donde su padre y su hermano practicaban la lucha leonesa, finalmente sus logros van a tener un reconocimiento público. Durante estos años las dificultades han sido varias. Por un lado, el muay-thai no está regulado por el Consejo Superior de Deportes y las federaciones españolas están en conflicto por quién lidera ese cambio deportivo. Por otra parte, los patrocinadores son escasos a raíz del desconocimiento y la falta de visibilidad del deporte.

Ahora, Yohanna está llena de orgullo, porque el Principado de Asturias y el Foro Cum Laude le otorgarán el próximo dos de julio la medalla de oro de la comunidad por su carrera en las artes marciales. Habla sobre el tema y se le llena la boca por la satisfacción que supone la noticia. Y sabe que lo ha hecho a su modo, sin aspamientos, sin ganas de llamar la atención. Solo con un objetivo en mente: que la recordaran por sus actos. Cita el escaparate deportivo por el que le preguntamos: “Al final, mi escaparate es lo solidaria que he sido con la gente. Me da igual cualquier otro balance”.

 

  • Miguel Luque

    Miguel Luque

    Periodista, de Jaén y olivarero. Nunca estoy contento con lo que escribo hasta que compruebo que es verdad.

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