¿Somos capaces de adivinar el nombre de alguien sin conocerlo? La ciencia dice que sí | eslang

¿Somos capaces de adivinar el nombre de alguien sin conocerlo? La ciencia dice que sí

Máscaras de lucha mexicana / Wikipedia Commons

Ya sabemos que elegir el nombre de un bebé puede ser decisivo:

  • Si lo llamas Mariano quizás no tenga tanta popularidad
  • Pero si lo llamas Diego a lo mejor sale aguerrido y contragolpeador

Querido lector, hemos descubierto una de las razones por la que eres como eres y esta vez puedes echarle la culpa a tus padres. Según un estudio de la Hebrew University de Jerusalén, nuestros nombres podrían determinar nuestra apariencia física.

Para demostrarlo, los investigadores entrevistaron a una serie de personas anónimas a las que se les mostró un conjunto de fotografías tipo carné de gente que no conocían. Después, tenían que atribuirle un nombre entre los siguientes cuatro: Dan, Nathaniel, Jacob o Josef.

En principio, los autores no esperaban que los resultados superaran el 25 por ciento de coincidencia, sin embargo, la realidad les arrojó otro dato. Según explican, los participantes acertaron en un 38 por ciento cuando la foto era de alguien que se llamaba Dan. De hecho, eran capaces de adivinarlo incluso cuando había diferencias étnicas, de edad o cuando solo veían su estilo de peinado.

En lo que puede parecer una cuestión de probabilidad y azar, el estudio asegura que también entra en juego la percepción social de los nombres, influida, a su vez, por la voluntad de nuestros padres a la hora de decidir cómo íbamos a llamarnos. Ruth Mayo, psicóloga y responsable del proyecto, cree que, al igual que ocurre con los estereotipos de género o raza, también hay estereotipos sobre esos nombres. “Este hecho demuestra el inmenso poder que puede tener un factor social sobre nuestra propia identidad, potencialmente influenciado por nuestro estilo”, comenta.

Para comprobar que no caían en un error estadístico, el estudio también contempló hacer el mismo trabajo con nicknames del estilo de forocoches, pero los resultados no fueron del todo satisfactorios: los encuestados no sabían asociarlos bien con los rostros correspondientes.

A pesar de todo, cada cultura tiene sus propias costumbres y sus propios prejuicios, lo que sugiere que en España un nombre como Dan no nos transmitiría ninguna sensación. Al contrario, si nos pusieran delante otros nombres como Carmen o Juan Carlos, la apreciación podría ser distinta.

giphy

Esta hipótesis también se ha podido comprobar en el trabajo y los investigadores han encontrado que cuando alguien es extranjero los resultados no son tan positivos. Mayo explica que es un proceso de ‘profecía autocumplida’, a modo de aceptación social. “Poco a poco nos convertimos en lo que el resto de la gente espera que seamos”, asegura.

En estudios anteriores desarrollados por la misma universidad además pudieron describir las razones por las que un nombre puede evocar ciertos clichés y desechar otros. Aparentemente, la gente relaciona a las personas que se llaman Bob con una cara redonda debido a las características ortográficas de la palabra; a las que se llaman Elisabeth, con atributos como la seriedad y a aquellas que tienen el nombre de Katherine, con el éxito.

Sin embargo, aún existen muchas dudas al respecto, como por qué ciertas personas se alejan de esos estereotipos y son incapaces de asociar un nombre con una cara o cuál es la razón por la que alguien es capaz de reconocer el nombre de una persona en diferentes etapas de su vida. La psicóloga avanza que en los próximos años investigarán más al respecto.

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    Hablar de uno mismo sin parecer idiota es más difícil que elegir nick para el Messenger… sin parecer idiota. Buscamos historias, vivimos en las redes, nos pringamos con lo importante, nos reímos de lo solemne.

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