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¿Por qué nos encanta una buena teoría de la conspiración?

Aunque Jesús Gil falleció en 2004, muchos creen que el expolítico se fugó a una isla caribeña.

Hay teorías de la conspiración que nos dan la vida:

  • ¿Por qué hay personas más propensas que otras a creer en historias paralelas?

Jesús Gil falleció en 2004, pero hay quienes creen que el expresidente del Atlético de Madrid fingió su muerte para evadir sus problemas legales y que se refugió en una isla del Caribe para disfrutar del resto de sus días entre lujos y cocoteros. Por extraño que parezca, esta teoría de la conspiración cobró aún más fuerza en 2015 tras la surrealista conversación que mantuvieron Ángel María Villar y Miguel Ángel Gil Marín, en la que el presidente de la RFEF le preguntó al consejero delegado del Atlético de Madrid cómo estaba su padre. A esperpéntica pregunta, esperpéntica respuesta: “Bien, bien”.

Este momento, captado por las cámaras de La Sexta, hizo reverberar la que es la leyenda urbana cañí por excelencia y dejó a los amantes de las teorías de la conspiración agradecidos y emocionados, aunque la cosa no pasó de ahí. ¿Por qué nos gustan tanto las teorías de la conspiración? Según un estudio publicado en el European Journal os Social Psychology, la razón es llana y simple: a las personas nos gusta sentirnos únicas. Solo eso.

Titulado Too special to be duped (Demasiado especial para ser engañado), el estudio lo conforman tres encuestas separadas realizadas por investigadores de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania) que preguntaron a más de 1.000 personas cuánto valoraban lo diferente. Más tarde, les pidieron su opinión acerca de las teorías conspirativas, y lo que se deriva de estas cuestiones es que las personas que creen en las teorías de la conspiración también tienen una gran necesidad de sentirse únicos, y pensar que existe una cara b de determinados hechos puede ser una forma de destacar sobre el resto.

Los investigadores hallaron que la gente que desea sentirse única se siente también indefectiblemente atraída por teorías de la conspiración que parecen exclusivas. Durante la encuesta, los examinadores inventaron una teoría de la conspiración completamente falsa sobre unos detectores de humo en Alemania que liberaban una frecuencia superalta y ponían en peligro la salud pública. La mitad de los participantes leyó un artículo que decía que la mayoría de la gente estaba de acuerdo con la teoría, mientras que la otra mitad leyó un artículo en el que ponía lo contrario.

Curiosamente, los que habían dicho que les gustaba sentirse únicos fueron más propensos a comprar esta teoría si se les había dicho que la mayoría de la gente estaba en desacuerdo con ella. Hablando en plata, opinar igual que la minoría es superatractivo para personas que están buscando distinguirse. Hola a lo indie, adiós a lo mainstrem.

Incluso cuando los investigadores revelaron que ellos mismos habían confeccionado esa teoría de la conspiración y que no había ninguna evidencia para apoyarla, una de cada cuatro personas siguió pensando que los detectores de humo eran peligrosos. “Una vez que se acepta una teoría de la conspiración, cualquier argumento presentado en contra de ella puede ser fácilmente reformulado como parte del gran plan para ocultar estas actividades”, aseguran los investigadores en su estudio.

Creer en una teoría de la conspiración es difícil la primera vez. Luego, es mucho más fácil enredarte en la espiral y creer las siguientes. Así lo demuestran también estudios previos: es raro que las personas que creen en una teoría de la conspiración no crean en más. ¿El porqué? La mayoría de las teorías de la conspiración nos hacen creer que el común de los mortales está siendo engañado constantemente por poderes ocultos, y una vez que aceptas la idea de que el gobierno, lobbies o demás poderes fácticos son capaces de mentir a una escala masiva, eres capaz de creer prácticamente cualquier teoría de la conspiración que se lance. Sea de lo que sea.

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