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CRISPR Wars, guerra de patentes por la tecnología del futuro

La innovadora tecnología CRIPSR ha desatado una guerra por las patentes:

· Todo un drama de abogados y traiciones que, de momento, lo único que está suponiendo es un retraso en la aplicación real de esta tecnología. ¿Pueden solucionarlo de una vez?

La innovadora tecnología CRIPSR ha desatado una guerra por las patentes:

· Todo un drama de abogados y traiciones que, de momento, lo único que está suponiendo es un retraso en la aplicación real de esta tecnología. ¿Pueden solucionarlo de una vez?

Todo tiene un lado oscuro, incluso la investigación científica. Hasta los descubrimientos científicos más notables se han visto enfangados por las luchas acerca de su autoría final y los beneficios derivados. A veces son los egos de los científicos los que originan estas guerras y otras veces los intereses comerciales. Como diría nuestro queridísimo Rodrigo Rato: “es el mercado, amigo”. La innovadora tecnología CRIPSR ha desatado una guerra por las patentes que tiene visos de ser dramática y que nos da un ejemplo de cómo se las gastan los laboratorios y otras empresas relacionadas con la innovación y la tecnología.

Para comprender a fondo los motivos de esta guerra por el control de las patentes, hay que conocer en primer lugar la tecnología CRISPR-Cas9 (aunque actualmente se conoce como CRISPR). Se trata de un descubrimiento realizado por el investigador Francis Mojica en el año 1993. Esta tecnología ha servido de base en muchas investigaciones durante los últimos años y, a raíz de varios descubrimientos revolucionarios, fue elegida como la tecnología más relevante del año en 2015 por la revista Science.

¿Cómo funciona la tecnología CRISPR?

CRISPR es una herramienta molecular empleada para modificar y corregir el genoma de cualquier célula, incluidas las células humanas. Dicho de una manera simple, es como utilizar función “Cortar” de un ordenador pero aplicándola a partes de moléculas de ADN. Su nombre significa “Clustered Regularly Interspaced Shor Palindromic Repeats” lo que en nuestro idioma se traduce por “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas”.

Los palíndromos son palabras que se leen al derecho y al revés de igual forma. ¿Qué pintan en el ADN? Los estudios demostraron que el genoma de microorganismos está lleno de repeticiones palindrómicas sin aparente funcionalidad. Estas secuencias formaban parte de una estructura genética mayor, compuesta de “espaciadores” y secuencias que abrían el proceso, las conocidas como CRISPR. Toda esta ingeniería genética natural responde a la necesidad de las células a asumir parte del ADN de virus que la atacan para generar una defensa inmunológica. Cuando tienes el ADN de un invasor integrado en el propio, es más fácil defenderte.

El bombazo científico llegó en el año 2012 cuando un equipo de investigadores dirigido por las doctoras Emmanuelle Charpentier en la Universidad de Umeå y Jennifer Doudna, en la Universidad de California en Berkeley, consiguieron aprovechar este diseño genético para cortar y editar trozos del ADN. Localizando las secuencias CRISPR se podría extraer el resto del ADN asociado.

Y lo consiguieron no sólo trabajando en trozos de secuencias de ADN vírico, sino que esta tecnología permitía cortar todo tipo de ADN. Pudiendo modificar así cualquier expresión genética, identificar funciones de genes e incluso corregir genes defectuosos.

Este descubrimiento ha supuesto la llegada de una nueva era para el sector de ingeniería genética, temida y amada a partes iguales. Cualquier genoma se puede corregir, editar, alterar, modificar de manera rápida, barata y con una precisión asombrosa. Por ejemplo, se especula con la posibilidad de usar CRISPR para que corte la cadena genómica del virus VIH. No sólo se podrán curar enfermedades, también se podrán generar nuevos alimentos, se podrán modificar bacterias y otros microorganismos para uso industrial. La lista de aplicaciones aumenta día tras día.

Comienza la guerra

Ya conocemos los beneficios en términos científicos, pero ¿en cuánto se valora el impacto económico de CRISPR? Se estima que esta tecnología tiene un volumen de mercado que puede alcanzar los 50.000 millones de dólares y sólo en el campo de la medicina. Una cantidad que ha hecho salir de sus guaridas a los abogados y ha lanzado a los laboratorios a una guerra sin cuartel por la patente. Es decir, la exclusividad en el uso de esta tecnología.

Los principales actores de este drama son el laboratorio de Jennifer Doudna en la Universidad de California Berkeley y el laboratorio de Feng Zhang del Instituto Broad, una fundación dedicada a la investigación vinculada a la Universidad de Harvard y el Instituto de Tecnología de Massachussets. Cuando comenzó sus estudios Doudna hizo una solicitud provisional de la patente de su invento a la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO). Zhang presentó seis meses después una solicitud de patente la misma técnica CRISPR adaptada para su uso específico en células con núcleo, es decir, de mamíferos, como los humanos, abriendo la posibilidad de investigar con agilidad curas para enfermedades de origen genético.

La doctora Jennifer Doudna, de la Universidad de California en Berkeley.

La doctora Jennifer Doudna, de la Universidad de California en Berkeley.

En abril de 2014, el Instituto Broad consiguió la patente adelantándose no a Berkeley. Hicieron una jugada arriesgada: utilizar la vía rápida, pagando más dinero, en la que se revisan todos los puntos de la patente pero no hay posibilidad de modificaciones. Sí o no, todo al rojo. La apuesta les salió bien porque, a día de hoy, con esta aprobación controlan casi todos los usos comerciales de la aplicación en células con núcleo. Es decir, las células de los mamíferos, las que tienen una aplicación final en la medicina humana.

La Universidad California Berkeley no se quedó quieta ante esta jugada y puso toda la carne en el asador solicitando la cancelación de esta patente al ser incompatible con la suya propia. De nuevo una apuesta arriesgada, todo al negro. Esta jugada no le salió bien ya que en el momento del registro inicial por parte de la doctora Doudna sólo habían demostrado la posibilidad del empleo de CRISPR en ADN de bacterias u organismos similares. A efectos de la ley americana eran dos aplicaciones distintas, por lo tanto, dos patentes distintas.

Traición y juicios

El drama va en incremento y como no podía ser de otra manera, las traiciones aparecieron. Un estudiante de Feng Zhang enviaba un mail solicitando trabajo a Doudna y reconociendo que sin su estudio previo nadie en el Instituto Broad hubiese sabido por dónde empezar a trabajar. Es decir, la investigación de Zhang no era independiente a la que se realizaba en Berkeley. Esto llevo a la Universidad y a las doctoras investigadores a continuar adelante con la reclamación por la exclusividad de la patente.

El neurocientífico Feng Zhang.

El neurocientífico Feng Zhang.

La expectación es máxima por dos motivos: en primer lugar, en las próximas semanas ambos bandos volverán a verse las caras en base a lo revelado en este correo electrónico. Además, todavía está en el aire la primera petición de patente de Doudna, que puede cambiarlo todo. El sistema americano da prioridad a la primera patente que se inventa en el tiempo y no al que la registra. De hecho, esta probablemente sea la última guerra de patentes ya que este método ha cambiado y es más al estilo europeo: quien registra primero, tiene prioridad.

Pero la verdad tras este drama de abogados, traiciones y patentes, son las posibilidades de aplicación. Los tres científicos, ya que Emmanuelle Charpentier también se apuntó al carro de la patente, han negociado decenas de licencias con empresas y laboratorios para aplicar la tecnología a distintas áreas. Por este motivo la decisión de los tribunales americanos es muy importante, ya que significa miles de millones de dólares.

patentes-CRISPR

Tristemente toda esta guerra supone un retraso en la aplicación real de la tecnología CRISPR, ya que hasta ahora los laboratorios pueden utilizarla en sus investigaciones, pero hasta que la guerra acabe, no se podrán realizar pruebas y aplicaciones en otros entornos. Y parece que esta batalla científica tardará mucho tiempo en tener claro ganador.

A veces la ciencia no es lo primero.

  • Javier Iglesias

    Por Javier Iglesias

    Juntando letras desde que tengo uso de la razón. Soldado de fortuna en el mundo de la comunicación. Una cita de Vinton Cerf: “Todavía hay mucha gente que ofrece contenidos por el mero placer de saber que la información puede resultar útil a otras personas".

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