Benidorm mola y tú aún no te has enterado | eslang

Benidorm mola y tú aún no te has enterado

(Foto: Flickr/Stephen)

Oda a Benidorm:

  • Mientras que la UNESCO se decide a darle o no el título de Patrimonio de la Humanidad...
  • ... defendemos a capa y espada la 'molabilidad' de la ciudad levantina más turística y retro

No tiene los paisajes de Galicia, la gastronomía del norte de España, la exclusividad de Ibiza, las playas de Cádiz o los parajes naturales de las Islas Canarias. Pero tiene de todo. Benidorm es blanco o negro, o te encanta o te horroriza. Yo soy de los primeros. De los que pienso que Benidorm mola. Y mucho más de lo que te piensas. Aunque a muchos les suene a viajes del IMSERSO, ingleses pasados de rosca y menús de ocho euros, es mucho más que eso. O al menos es para mí. Sin ser yo un viejuno ni nada de eso, que servidor nació quince días después del primer millennial. Es decir, en enero de 1984.

No es que no conociera la ciudad, ya que fui cuando tenía 19 años. Hablo de ciudad porque en verano la población flotante hace que esta localidad sobrepase los 400.000 habitantes de media, o lo que es lo mismo, dos veces Móstoles. Mi tabla de medir es así, las cosas grandes en campos de fútbol y las ciudades en cuántas veces son Móstoles. De mi primer viaje apenas recuerdo nada, por cierto. Pero este año, por cosas de la vida, se me han presentado tres viajes a Benidorm tan distintos como unas vacaciones con mi pareja, un festival y la boda de unas amigas muy molonas que sin ser benidormenses han decidido casarse allí. Normal, ellas también piensan que Benidorm mola. Por si hay alguna duda: Sí, he tenido que mirar en la interné el gentilicio de Benidorm.

Podría decir que estoy en Bali. Pero es Benidorm. #visitbenidorm #igersalicante #alicante #benidorm

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Al principio me daba mucha pereza, lo reconozco. Pobre de mí. En la semana de vacaciones que pasé allí descubrí un sitio con un montón de posibilidades vacacionales para gente joven que nada tienen que ver con cenar en El Rincón de María Jesús mientras toca en directo Los pajaritos. Algo que no hice, por cierto, porque no me dio tiempo. Muchas de estas posibilidades son muy interesantes para los que les guste hacer deporte, que no es para nada mi caso. Senderismo, buceo o rutas en bicicleta son algunas de estas alternativas. Otras culturales, como conciertos o festivales.

Una de las cosas que más me flipó fue la oferta gastronómica de la ciudad más allá de los fast food. Especialmente del barrio vasco de Benidorm. Calles llenas de gastrobares y locales de pintxos con mobiliario idéntico al de cualquier sidrería de Durango. Además de las clásicas arrocerías alicantinas. La vida nocturna es parecida a la de cualquier localidad de la costa española. Es decir, desde poder ir a un rooftop a tomar un gintonic a discotecas de lo más maquinero. Cuando fui con 19 iba a lo segundo, ahora a lo primero.

Un momento. ¿Barrio vasco en Benidorm? ¿Por qué? Su existencia se debe a que de allí llegaron los primeros turistas a esta ciudad vertical ideada en la década de los 50 por Pedro Zaragoza, visionario alcalde del pueblo y autor intelectual del invento con su plan urbanístico de 1951. Aunque pasará a la historia por ser el tío que se enfrentó a los curas y a la guardia Civil por su empeño en que las mujeres pudieran usar bikini. La historia, por cierto, tiene tela. Zaragoza cogió una vespa y se fue hasta Madrid para reunirse con Franco y pedirle que permitiese el uso de este tipo de bañadores. Un cortometraje dirigido por Óscar Bernàcer con Carlos Areces como protagonista recrea con humor esta odisea.

Para los que como yo son fans de lo demodé, lo kitsch y lo retro, la ciudad es un mausoleo. De obligada visita son los bares con fotos de platos combinados que se tomaron en 1985, las coctelerías de paseo marítimo y los bingos. Ay, los bingos, qué buenos ratos echamos en ellos durante esa semana. Y sobre todo, sol y playa. Porque al final Benidorm es eso. Mucho sol y mucha playa. La arquitectura vertical -más de 30 edificios superan los 100 metros y hay hasta 310 edificios con más de 35 metros, siendo la tercera ciudad de Europa con más rascacielos tras Milán y Londres- consigue que haya mucha gente muy cerca de la playa.

Mi segundo viaje fue al Low Festival y reafirmó todo lo que he dicho antes. Por cierto, el Low ya se ha convertido en mi festival favorito de España. Por organización, cartel y localización. Aunque sé que esto es muy subjetivo y más en un país como España, en el que no dejan de nacer festivales y partidos de izquierdas todos los años. Un festival que junta a lo mejor de la música indie nacional que cumple diez ediciones el próximo verano. El tercero lo realizaré el próximo mes de octubre a la boda de mis amigas. Aunque iré unos días antes para aprovechar el viaje.

En resumen: Benidorm mola, porque hay muchos Benidorms que se adaptan a las posibilidades y gustos de casi cualquier tipo de turista. Hace un par de años vi una obra de teatro de la que no recuerdo el nombre que transcurría en un hotel de Benidorm. Pero sí recuerdo su última frase y me viene al pelo: “Si alguien dice que Benidorm no le gusta sólo hay dos opciones: miente o no ha estado”. Pues eso.

SÍNDROME POSTVACACIONAL.

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  • Álvaro Velasco

    Álvaro Velasco

    Guionista, periodista y cómico. Hago todas las cosas que sean necesarias por ganar dinero sin levantarme antes de las doce de la mañana.

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