Soy (medio) japonesa y me gustan los ‘macho-cafés’ y el manga porno de hombres grandes con buen corazón

¿No sabes cómo sentirte ante esta imagen, verdad? Foto: Facebook Ladybeard Japan.

Bienvenidos al segundo volumen de nuestra saga dedicada a las inclasificables filias de las consumidoras de referencia de cultura popular japonesa en España. Lo que viene siendo: Pasión de Fujoshis.

Cuando una se enfrenta por primera vez a una conversación con Makoto Kageyama (a.k.a. Makorin) relacionada con el yaoi o, simple y llanamente, con sus carnales apetencias respecto al sexo masculino, lo primero que le queda claro es que su prototipo de hombre no es, precisamente, el “hombre blandengue”; en la absoluta literalidad de la expresión.

Makoto es hafu, traslación fonética del half (mitad) inglés, término que se utiliza en japonés para definir a aquellos que son “mitad japoneses”. En su caso, los chorritos de sangre nipona (yo creo que en realidad es una mezcla de purpurina, lentejuelas y un líquido viscoso, ácido y corrosivo de color rosa) que corren por sus venas le vienen del lado materno. Especializada en gestión y administración empresarial, un buen día decidió que iba a mandar a tomar por el orto de Sauron el estrés y las gélidas latitudes europeas en las que se ubicaba por aquel entonces en pro de la búsqueda de su sueño: la ilustración y la elaboración de merchandising inspirado en una estética kawaii tan extrema que desemboca en la ultraviolencia. Sus modelajes y diseños cute as fuck a veces se combinan con lo grotesco dinamitando galaxias enteras con sus daños colaterales.

Pero, ¿con qué alimenta Makoto-san sus fantasías en su tiempo libre?

bara
Príapos, personaje fundacional del género bara perteneciente al universo del autor Mentaiko Itto.

 

“Ha existido mucha discriminación en Japón respecto al hecho de que las mujeres se metieran en el terreno del bara, puesto que se trata originalmente de un subgénero asociado con publicaciones homoeróticas de consumo masculino. Me alegra ver que cada vez somos más las mujeres heterosexuales que estamos saliendo del armario del bara (y del yaoi en general)”, nos aclara Makoto, quien acude a nuestra cita con un precioso conjunto lolita, en un mar de encajes. Su candidez y fragilidad tan sólo son comparables con su capacidad para regalarnos un titular detrás de otro.

“Antes se consumían doujinshis y fanarts bara (desempolvemos el diccionario que nos legase Fujoshi Anónima en su generosa introducción al yaoi), casi en la clandestinidad, al pertenecer a un tipo de pornografía más brusca y explícita. Hoy en día estamos asistiendo prácticamente al nacimiento de un nuevo género de hentai-bara, en el que se representan hombres de estética ruda con mujeres. Y no solamente con mujeres pequeñitas, sino que se estila mucho el concepto de hombres forzudos con mujeres guerreras. Es toda una revolución”.

A las fans del bara nos encantan los hombres grandes e intimidantes, pero que a la vez sean tiernos. Yo lo llamo el encanto yakuza...”

Makoto Kageyama

A Makoto le fascina la capacidad de dulce estremecimiento que puede provocar un señor con las espaldas de un espartano (y lo que no son las espaldas también, claro), la cantidad de vello corporal por metro cúbico del clan Pantoja y el corazón de gominolas. “A las fans del bara nos encantan los hombres grandes e intimidantes, pero que a la vez sean tiernos. Yo lo llamo el encanto yakuza…

Y para la que prefiera un buen rāmen (siempre que digo “me comería un buen rāmen” me da la risa, #tengotreceañostodoelrato), también hay candela en el universo kawaiicore:

En este sentido, Makoto agradece la reivindicación del icono “macho” como un importante estereotipo perteneciente al universo de las fantasías sexuales femeninas; cada vez con más acogida dentro de las fronteras de Japón. Uno de los más pintorescos ejemplos de este fenómeno ha supuesto la proliferación de los conocidos como Macho-Cafés: “En este tipo de establecimientos las mujeres se enganchan a los enormes brazos de los camareros. Pueden ser abrazadas por simpáticos hombres descamisados e hipermusculados… Jo, el concepto Macho-Bar es una maravilla. ¡Se estrujan las latas de refrescos contra el pecho! Para valorar si el servicio ha cumplido con tus expectativas debes marcarlos con una pegatina. Uno muy llamativo es el llamado Kinniku Yakiniku (juego de palabras entre ‘musculos y carne a la parrilla’), en el que puedes disfrutar de una barbacoa muy singular…”, nos relata Makoto ebria de pasión por los bíceps, los tríceps, los cuádriceps y los deltoides…

Alucina, vecina, lo que te espera en la oficina…

macho cafés
Foto: www.jprime.jp

No te preocupes si te sientes abrumada por tanta carne. También tienes la oportunidad de probar otros garitos atípicos como la “heladería macho” y degustar la especialidad de la casa, el “matcha-macho-ice-cream”. O si eres demasiado hipster y lánguida para comerte una magdalena o un sobao pasiego, quizá lo tuyo sean las “macho-cupcakes”:

“A pesar de ser un tipo de consumo bastante específico, no todo son fanarts y fanfictions. Dentro del género bara se han conseguido consagrar diversos autores de manga, como Mentaiko Itto. Su famoso manga llamado Priapus puede adquirirse traducido al inglés en la librería Berkana. En este caso, a diferencia del yaoi más genérico del que te hablaba Fujoshi Anónima, aquí hay mucha abundancia de autores masculinos, como podrás imaginarte. Una revista que yo coleccionaba y que ninguna fan del bara debería perder de vista es la Nikutaiha…”

macho cafés

Si eres una mujer de acción y Elige tu propia aventura han sido los libros de cabecera de tu pre-adolescencia, Makoto te recomienda que profundices en los juegos otome (literalmente este término significa doncella y hace referencia de forma genérica al material consumido por hembras) o, más concretamente en los juegos otoge (los eróticos). “Me encantan ese tipo de juegos en los que eres una mujer poderosa con tu harén particular de hombres. Creo que su éxito se basa precisamente en reflejar la fantasía femenina por antonomasia: todos los hombres tienen tu total atención y puedes elegir al que te dé la gana y cuando te dé la gana. Los denominados ‘Oto-ero-ge’, en lugar de seguir una ruta romántica, por así decirlo, tienes una ruta directamente sexual…”

ATENCIÓN: CONFESIONES #FujoshiAlert

Makoto prosigue: “Yo he jugado a uno fascinante en el que eres una princesa y puedes aprovecharte de tus vasallos. Cómo acabes con ellos depende, en última instancia, de si has sido una soberana buena o una soberana mala… Si haces la ruta de soberana soberbia, te acabas montando un divertidísimo harén con todos tus sirvientes, los cuales acaban rellenándote por todos tus agujeros como un bollito. Tienes enganchado uno a cada orificio y tú eres capaz de controlarles a través del sexo…”

macho cafés

Ante el nivel de especificidad y concreción al que nos vemos inevitablemente abocados, tan sólo nos queda preguntarle a Makoto por qué juego otome siente auténtica predilección. “Concretamente mi juego bara favorito es uno llamado No. Thank You!!!. Además de la capacidad para regular la cantidad del vello corporal y elegir el sitio en el que éste crezca, la historia es muy atractiva. Resulta que eres un chico al que han encontrado amnésico perdido tirado en la calle. Tu salvador es un tipo que regenta un bar, y te acoge a cambio de que seas su camarero. A través de diferentes minijuegos tienes que ligarte a todos los tíos que van al bar. Por ejemplo, tendrás que adivinar qué bebidas quieren, qué tipo de conversación de barra hay que ofrecerles… Hay un personaje fascinante que es un obrero viudo con una hija y tu misión es tratar de pencártelo a base de café negro solo y whisky. Todo muy “macho”. Y, por supuesto, hablarle mucho de su hija. ¿Qué pasa? Pues que le acabas ablandando. Y consigues entrar por una puerta que él creía que estaba bien cerrada… (risas de lata). Puedes llegar incluso a una ruta en la que lo dejas absolutamente todo y te vas a vivir con el obrero y su niña acaba encantada teniendo dos padres. Pero eh, esto supone alcanzar un nivel mega-pro en el juego. El más difícil es el obrero: ¡es súper jodido!”

macho cafés

  • Laura Maza

    Laura Maza

    Gifmaníaca, cinéfaga, japófila y pánfila. La cultura popular manda, y no tu panda.

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