"¿Que soy qué?": así me di cuenta de que era asexual | eslang

“¿Que soy qué?”: así me di cuenta de que era asexual

Eugenia, de 27 años, nos cuenta lo que supone ser asexual.

¿Que soy qué? Esa fue la pregunta que le hice a una amiga cuando me dijo que pensaba que yo era asexual. Pero… ¿cómo se dio cuenta ella de algo que es parte de mí y de lo cual yo no me había percatado? Vivimos en una sociedad heteronormativa, en la que, aunque cada vez es más sencillo identificarse con orientaciones e identidades sexuales hasta hace poco negadas, silenciadas y ocultadas, todavía queda mucho por hacer y muestra de ello son las dificultades a las que se enfrentan cada día las personas LGTBIQ+ en el reconocimiento de sus (nuestros) derechos.

Nunca me había detenido demasiado a pensar acerca de mi orientación sexual hasta ese momento. Tenía claro que no me gustaban las chicas, por lo que descartaba ser homosexual o bisexual, así que suponía que me gustaban los chicos y, aunque no estaba muy convencida de ello, suponía que era heterosexual.

Entre el 1% y el 2% de la población mundial es asexual, según diversos estudios

Durante mi adolescencia, cuando mis amigas y amigos empezaban a interesarse tanto por chicos como por chicas y una de sus mayores inquietudes era ligar, yo tenía otros intereses: la lectura, la música, la pintura… muchos intereses, muchas inquietudes, entre los que no se encontraban, por más que lo intentaba, el fijarme en otras personas, no al menos en la forma en que lo hacían el resto de personas de mi entorno. Compartía mucho tiempo con mis amigos y, por más que lo intentaba, no acababa de entender por qué era tan importante para ellos. Pasé por la adolescencia escuchando aventuras y desventuras amorosas y sexuales de todo tipo y, no sé muy bien porqué, acabé siendo “confidente y consejera” de la mayor parte de mis amistades en estos temas, aunque seguía sin interesarme lo más mínimo el tema.

Muchas veces me preguntaban si me gustaba alguna persona o si tenía novio. Mi respuesta era siempre la misma: no. Recuerdo que una vez una amiga, a la que hacía mucho tiempo que no veía, me preguntó en qué punto estaba mi vida sentimental a lo que le contesté que no tenía tiempo para eso. En aquel momento, estaba muy ocupada con la universidad, el trabajo y algún que otro voluntariado por lo que pensaba que mi respuesta era lo más sincero que podía decirle. En ese momento, ella me dijo “es que eres muy poco romántica, seguro que ya encontrarás a alguien”. La verdad es que no me lo planteaba, no sentía la necesidad de “encontrar a alguien”.

Siguió pasando el tiempo y a los 23 años seguía sin “encontrar a alguien”. Lo cierto es que seguía sin preocuparme. Mi vida cada vez estaba más ocupada por diferentes pasiones: viajar para conocer nuevos lugares y culturas, la lectura, la música, la pintura, el teatro, mis amistades, mi familia, mi trabajo… Algunas personas a mi alrededor estaban realmente preocupadas por mí porque nunca había tenido ninguna relación de pareja, lo cual a mí no me inquietaba en absoluto.

Un día, una buena amiga, en una de esas conversaciones en las que hablas de todo en general y de nada en particular, me dijo “creo que eres asexual”. A lo que le pregunté, con cara de no entender nada, porque realmente no entendía nada: “¿que soy qué?”. “Pues eso, asexual, que creo que eres asexual. Vamos a ver, nos conocemos hace tiempo, nunca has dicho que te guste nadie, siempre dices que no te interesa nadie…”. La conversación se quedó así y seguimos hablando de todo, planificando viajes, el verano que se aproximaba y cuándo nos veríamos la próxima vez. Me fui en el metro pensado en lo que me había dicho.

¿Asexual? ¿Qué habrá querido decirme?

Llegué a casa, encendí el ordenador y escribí ‘asexual’ en el buscador. Uno de los primeros resultados era de la RAE:

asexual
De a-2 y sexual.
1. adj. Sin sexo, ambiguo, indeterminado.
2. adj. Biol. Dicho de la reproducción: Que se verifica sin intervención de gametos; como la gemación.

Seguramente, mi amiga no se refería a esto.

Seguí buscando.

Cambié de término.

‘Asexualidad’.

El primer resultado me dirigía a la “Asexualpedia”.

Ahora sí, creo que a esto se refería mi amiga.

La definición que encontré fue, más o menos, la siguiente:

Un asexual es una persona que no experimenta atracción sexual hacia otras personas. A diferencia del celibato, el cual la gente escoge, la asexualidad es una parte intrínseca de quienes somos. (…) la asexualidad es generalmente considerada como una orientación sexual. Algunos asexuales participan en relaciones sexuales por distintas razones.

Seguí navegando.

Encontré un foro donde personas de diferentes edades y lugares del mundo contaban sus experiencias. Había uno en inglés y otro en castellano y en los dos había muchísimas cosas para leer.

Me lo tomé con calma.

Seleccioné dos o tres hilos en cada foro para leer con tranquilidad.

Las experiencias se parecían bastante a lo que me sucedía a mí. Se trataba de personas que no se sentían atraídas por otras personas. Personas a las que sus familias y amistades preguntaban por qué no tenían pareja o por qué no querían tenerla. Personas que habían vivido una adolescencia similar a la mía, a quienes el plan de salir a ligar todos los fines de semana no les atraía. Pero también eran personas que tenían sus amistades, trabajos, estudios, aficiones. Personas normales a las que lo único que diferenciaba del resto era su falta de atracción sexual hacia otras personas. Sentí que las experiencias que relataban se parecían a muchas de las que yo había vivido.

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Reivindicación de asexuales en el Orgullo Gay de San Francisco 2011. (Flickr/Marilyn Roxie)

Pensé que mi amiga tenía razón en lo de mi asexualidad y continué mi vida con tranquilidad y conociéndome un poco más gracias a ella y a las experiencias que había leído en aquel foro.

Pasó un tiempo, dos o tres años en realidad, desde que me había descubierto a mí misma como asexual y decidí que era hora de participar en los foros. Me registré en AVENes y empecé a participar. Cada vez tenía más claro que sí, que era asexual, pero… seguía sintiéndome diferente a las personas de mi entorno. Decidí hablarlo con gente cercana. Algunas personas lo entendieron, otras ignoraron el tema o le restaron importancia y otras me dijeron que mi problema era que “todavía no había encontrado a la persona adecuada”. Intenté explicarles que no estaba buscando a ninguna persona, ni a la adecuada ni a ninguna otra, pero siguieron sin entenderlo. Supongo que a eso se refieren con el concepto “salir del armario”.

El armario no es algo que hayamos inventado las personas que nos vemos obligadas a salir de él, sino que es un invento de quienes no son capaces de asumir que la diversidad sexual existe”

Eugenia

Las personas heterosexuales no tienen que salir del armario porque al vivir en una sociedad heteronormativa se supone que todas las personas son/somos heterosexuales de partida, pero al no ser así, las personas que no encajamos en esa heteronormatividad nos vemos obligadas a tener que dar explicaciones sobre nuestra orientación sexual. El armario no es algo que hayamos inventado las personas que nos vemos obligadas a salir de él, sino que es un invento de quienes no son capaces de asumir que la diversidad sexual existe.

En verano del año pasado, decidí “dar el paso” y participar en una quedada de AVENes que tenía lugar en Zaragoza. Iría al encuentro de perfectos desconocidos y podía salir todo muy mal o todo muy bien. Afortunadamente, salió todo mejor que bien. A mis 26 años, por primera vez conocía a personas con las que me identificaba en su forma de entender y vivir la sexualidad y las relaciones personales. Personas que, como yo, no sentían atracción sexual o la sentían bajo unas circunstancias muy concretas.

Y aquí estoy. Escribiendo esto y preparándome para volver a ver a esas personas una vez más porque investigaciones científicas afirman que las personas asexuales representamos entre el 1% y el 2% de la población mundial. Pertenecer a una orientación sexual tan minoritaria dificulta que en la vida cotidiana te encuentres a personas como tú, de ahí la necesidad de participar en comunidades virtuales que te permita conocer gente de la misma orientación que tú, que comprende situaciones que has vivido. Y, como consecuencia de las comunidades virtuales, surgen después encuentros entre personas que deciden encontrarse y trabajar por dar visibilidad a su condición, a su orientación sexual, para que otras personas no tengan que pasar por la incertidumbre que pasaron ellas. Así surgió ACEs, una asociación interseccional de personas del espectro asexual que trabajan por la visibilidad de la asexualidad en España.

Eugenia tiene 27 años, es asexual, y ha escrito su testimonio con el objetivo de ayudar a comprender qué es la asexualidad.

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    Hablar de uno mismo sin parecer idiota es más difícil que elegir nick para el Messenger… sin parecer idiota. Buscamos historias, vivimos en las redes, nos pringamos con lo importante, nos reímos de lo solemne.

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