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Nadie quiere a los vírgenes

Steve Carrell era virgen a los 40. ¿Y?

Un nuevo estudio pone de manifiesto el estigma de la sexualidad:

  • Ni siquiera los inexpertos sexuales quieren mantener relaciones con personas vírgenes
  • La sexóloga Delfina Mieville Manni nos hace replantearnos el concepto de virginidad

“Daniel tiene 27 años, es informático y aún es virgen. Busca una chica que le quiera y que le haga descubrir el sexo, y además, que sea completamente opuesta a su madre… ¡cría cuervos!”. Esa era la descripción que se hacía del concursante Daniel del Río en la primera edición de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, el reality más tróspido de Cuatro para encontrar pareja. Ser virgen aterrizando en la treintena es un estigma social, una afrenta digna de mención que convierte al aludido en bicho raro de forma automática.

Daniel y su madre Pilar, de '¿Quién quiere casarse con mi hijo?'.
Daniel y Pilar, de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’.

Históricamente a las mujeres que habían tenido la ‘virtud de esperar’ se les había ensalzado con ‘el don de la virginidad’ –una virtud diseñada por un sistema patriarcal que presentaba a las mujeres como objetos de placer-, pero ahora, tanto para hombres como mujeres, esa inexperiencia se ha transformado en una pesada cargada. Un nuevo estudio publicado en The Journal of Sex Research viene a reforzar la teoría del estigma. Tras analizar encuestas sobre la vida sexual de 560 adultos heterosexuales estadounidenses de entre 18 y 71 años, los investigadores encontraron que los hombres y mujeres vírgenes (entendido esto como “la ausencia de penetración vaginal”) se sentían estigmatizados por ser sexualmente inexpertos.

A la vez, se percibían a sí mismos mucho menos atractivos que cualquier otra persona que ya hubiera practicado sexo. Pero hay un dato especialmente llamativo. En un estudio separado hecho a 4.934 solteros heterosexuales se les preguntó que calificaran en una escala del 1 al 4 lo dispuestos que estarían a salir con una persona virgen, y la respuesta media fue de 2,41. Mientras las mujeres se mostraban más dispuestas a salir con hombres ‘inmaculados’, el dato más llamativo es que los propios vírgenes estaban menos dispuestos a salir con otro virgen que aquellos que no lo eran.  Esa es la realidad: incluso a los vírgenes no les gustan los vírgenes. Se sienten tan estigmatizados que hacen lo mismo con los que consideran iguales.

Pink Ladies

“La virginidad puede ser una membrana o un estado psicoemocional”

¿Está la sociedad hipersexualizada? ¿Por qué se le da tanta importancia a las relaciones sexuales hasta el punto de que nos resulte sospechoso o motivo de mofa que alguien sea virgen alcanzada determinada edad? Delfina Mieville Manni, sexóloga y socióloga experta en Género y Derechos Humanos, nos invita a reflexionar sobre el concepto de virginidad: “Se da por supuesto que la virginidad es la ruptura del himen por penetración pene en vagina, y esto reafirma una visión coitocéntrica de la sexualidad“. Porque la realidad es que la virginidad puede ser “una membrana o un estado psicoemocional”.

Hablar de experiencia vs virginidad es, por tanto, una falacia en sí misma, según Mieville. “El hecho de que exista un concepto tan rígido y patriarcal de la virginidad hace que la sexualidad se vea muy reducida a pocas prácticas y vivencias, ya que solo eso está considero como ‘verdadero sexo’. Podemos perder la virginidad poco a poco, y con algo de suerte, seremos siempre vírgenes en algo. Siempre habrá algún territorio por explorar”, esgrime. “Si en lugar de penetración hablamos de otros tipo de prácticas sexuales… ¿sería la persona tan inexperta sexualmente?”, se pregunta. Las fantasías, la autoerótica, el apego, la seducción… Todo ello forma parte de la sexualidad.

Según una Encuesta sobre Sexualidad y Anticoncepción en la Juventud Española, los españoles perdemos la virginidad a los 16 años. Permanecer virgen a una edad “socialmente inaceptable” se convierte en una fuerte carga emocional en ocasiones difícil de superar. “La virginidad a edades tardías puede significar pocas habilidades socioafectivas, pero existen muchas personas que aun no siendo vírgenes, son poco hábiles”, advierte Mieville.

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¿Entonces, de dónde proviene ese estigma? La virginidad o la poca experiencia es estigma porque existe un “mercantilismo sexual”. “No tener sexo, en concreto, penetración, equivale a no estar en el mercado, a no ser ciudadanos de primera categoría, y el tener que responder a un modelo consumista sexual crea un enorme estrés en las personas y a crear ideas falsas sobre lo que significa tener éxito sexual”, explica la sexóloga a la vez que advierte de que “cada vez hay más desajustes sexoafectivos”.

Hay quien lo vive como un tabú, como una rareza o como un trauma, y todo porque se vende un producto único y deseable para todos y todas, pero no todos y todas somos iguales. “El sexo mercantilista viene a ser una talla 36 en nuestra vida. Muy pocas personas caben en ella y están a gusto, pero todo el mundo lo intenta”, matiza. “Sin lugar a dudas la sociedad – occidental de clase media post capitalista- está hipersexualizada”, concluye.

  • Cecilia Marín

    Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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