Relaciones

Mariposas o una patada en el estómago: ¿cuándo te diste cuenta de que sentías ESO por tu pareja?

Para unos son mariposas; para otros, una patada en el estómago:

· ¿En qué momento te diste cuenta de que sentías ESO por tu pareja?

· Varias expertas arrojan luz sobre el asunto y los lectores responden a la pregunta

Para unos son mariposas; para otros, una patada en el estómago:

· ¿En qué momento te diste cuenta de que sentías ESO por tu pareja?

· Varias expertas arrojan luz sobre el asunto y los lectores responden a la pregunta

Hoy quiero confesar que estoy enamorada”. Si la primera parte de este artículo (que, por supuesto, era la parte mala, la de Cuando te diste cuenta de que YA NO QUERÍAS a esa persona, porque las noticias malas hay que quitárselas cuanto antes del medio) la empezábamos con una canción de Rocío Jurado, este lo encabezamos con una de Isabel Pantoja. Porque las tonadilleras y el amor/desamor son como átomos indivisibles y, además, porque por qué no. El caso es que la mayoría de artistas, ya hagan pop, rock o canción melódica, encuentran su inspiración en el amor y en la sensación de estar enamorados. “El motor que mueve el mundo”, dicen los más cursis. “El opio de las mujeres”, decía Kate Millett.

Sin tratar de ser este artículo ninguna disertación escrita sobre el verdadero significado de la palabra amor, ¿qué quería confesar exactamente la cantante en su sentida tonadilla? “No es lo mismo enamoramiento que amor”, nos invita primero a recordar la psicóloga y sexóloga Sonia García. Existe una primera fase de enamoramiento en la que, advierte, “idealizamos a la otra persona, ocupa mucho tiempo en nuestros pensamientos y sentimos la necesidad de estar cerca de ella todo el tiempo”.

Una fase sobre la que Laura Morán, psicóloga, terapeuta familiar, de pareja y sexóloga, asegura que es como “cuando ves que el otro o la otra es el príncipe azul o la princesa del cuento y sientes mariposas en el estómago (que no son más que curiosidad y temor a que no sea cierto o correspondido lo que sientes)”. “Si dura más de dos años”, suele decir a sus pacientes, “ya no son mariposas, sino úlcera”. Cuando estás enamorado no ves defectos en el otro; “sin embargo, cuando quieres o amas a alguien, lo haces, A PESAR de ellos”, matiza. Cuando hablamos de querer, sigue en la línea García, nos referimos a un amor “más maduro, estable y realista”, al que “también podemos permitirle unas dosis de enamoramiento, por supuesto”.

Y entonces, ¿cómo sabemos que estamos enamorados de esa persona? “Buena pregunta”, contesta Morán. Según el psicólogo Robert Stenberg, una relación amorosa sana necesita tres pilares: compromiso, intimidad y pasión. Es decir, quieres o amas a alguien “cuando sientes que puedes confiar en esa persona, se da la intimidad y complicidad suficientes como para expresar lo que sientes y lo que deseas”; además de tener “un deseo sexual y/o romántico por ella” y, por último, “hay una disposición a tener un compromiso con esa persona para cuidar esa relación”, remarca la psicóloga. “Esto no significa que haya exclusividad sexual. Las parejas abiertas, por ejemplo, tienen un fuerte compromiso, pero no practican la exclusividad sexual”, menciona.

Cuando hablamos de sentimientos no hay verdades definitivas. “Los sentimientos son subjetivos y el caso del amor no es diferente. Mis pacientes dicen que, cuando se quiere a una persona, se sabe, se nota, uno mismo se da cuenta”, dice, por su parte, García. ¿Sabrías decirnos cuándo te diste cuenta tú?

Esa es la pregunta que les hemos hecho a nuestros lectores. Y estas, algunas de las respuestas:

“Tenía un viaje de trabajo y la que a día de hoy es mi compañera de vida se lío la manta a la cabeza y decidió acompañarme. El viaje, por cierto, nada glamouroso. Tenía que ir un día a un pueblo del norte de Cáceres, del conocido como Valle del Jerte. La casualidad quiso que fuera justo el fin de semana que el cerezo florece, consiguiendo un efecto precioso e inundando de blanco los campos de la zona. Apenas llevábamos juntos dos meses y medio, y ya que decidió acompañarme, pensamos en pasar allí el fin de semana entero. Tras un primer día difícil, no por ella, por el desastroso resultado del trabajo que tenía que desempeñar, nos relajamos y pasamos un fin de semana magnífico en el que me di cuenta que había conocido a la persona más especial y maravillosa del planeta y que no me quería separar de ella”.

Álvaro, 34

“El momento en el que me di cuenta de que le quería fue un día que cruzó todo Madrid en coche para llevarme al Mercadona y que no tuviese que ir cargada y andando hasta mi casa. Cualquier día me enamoro del conductor del Cabify”.

Lore, 23

“Todo comenzó con una charla. Empezó por la tarde-noche y se alargó hasta la madrugada. Ella tenía que coger un tren a primera hora del día siguiente, pero no le importó trasnochar. Las horas pasaron demasiado rápido. Llegado el momento de dormir, al despedirnos, me preguntó si me podía dar un abrazo. Yo le dije ¿Por qué? Nos abrazamos y me fui a mi cama, lugar frecuente de meditación. Ahí me di cuenta de que era ella. Para siempre”.

Cristian, 29

“Para mí es un sentimiento muy físico. Pese a que en estos casos se suele hablar más de química, de emociones… y al contrario de lo que se pueda pensar yo el amor no lo siento en el pecho, ni en el corazón, ni en la mente: lo siento en el estómago. Supongo que de ahí viene todo aquello de las “mariposas” en el estómago, pero el que compare esa sensación con el aleteo de unas mariposas es que no ha estado enamorado en su vida. Más que mariposas, cuando ves a esa persona y estás enamorado, se siente como un golpe seco en el estómago”.

Valentín, 26 años

“Me di cuenta a las tres semanas, cuando empecé a reírme más que el resto de la gente con todas sus gracias y cuando todo lo que me contaba me parecía una genialidad”.

María, 38

“Me di cuenta de que quería a mi pareja de una forma bastante peliculera — o al menos eso es lo que me deja recordar el alcohol que había bebido durante todo el día. Fue en un festival a finales de septiembre. Eran alrededor de las dos o las tres de la mañana y todos los amigos con los que habíamos ido ya estaban cansados, pero nosotros queríamos seguir bailando. Mientras todos buscaban un hueco donde sentarse, él desapareció por un momento y yo ya me veía aburrida entre los zombies que en ese momento eran mis amigos. Cuando había perdido la esperanza de ver a Varry Brava, apareció a lo lejos con dos minis de cerveza salvándome del hastío en el que yo estaba cayendo. Cómo no lo iba a querer si me había traído cerveza y me había acompañado a darlo todo con No gires sobre mí“.

Laura, 25

“Llevábamos saliendo unos 9 meses. Estábamos en el sofá viendo la tele, él sentado y yo tumbada con mis piernas por encima de él. En un momento tan cotidiano como ese me invadió una sensación de felicidad plena y sentí que no podía estar más a gusto, no solo por la comodidad del sofá, sino con él. Luego ese sentimiento dio paso a otro más amargo, porque inmediatamente después pensé que nunca íbamos a poder ser tan felices como lo éramos en ese momento. Ya he comprobado que me equivocaba”.

C., 31

“Creo que nunca me he dado cuenta, o al menos no me he parado a pensarlo. El cariño es un sentimiento progresivo, e imagino que, al igual que mucha gente, tras el frenético estilo de vida que se tiene en la actualidad, el hecho de pararse a reflexionar sobre uno mismo y el entorno es casi inviable. Por eso creo que, simplemente, no te das cuenta, sino que un buen día abres los ojos, y te das cuenta que no puedes vivir sin él”.

Antonio, 25

“La vez que más claro vi que quería a mi pareja fue con mi primer amor. Era un amor en la distancia y supe que le quería cuando me costó tanto trabajo separarme de él. Lo sentí después de la primera vez que nos vimos en persona y me tocó volver a casa”.

Miguel Ángel, 26 años

  • Cecilia Marín

    Por Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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