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Sexo

¿Has llamado a tu pareja por el nombre de tu ex? La ciencia te ayuda a justificarte

La razón de tu despiste no está (solo) en tu estulticia o subconsciente:

· Que tu madre te llame por el nombre de tu hermano no significa que le quiera más a él

· Pero intentar explicarle eso a tu pareja puede que no sea tan sencillo... hasta ahora

Estáis ahí, metidos en materia. Bailando, subiendo y bajando. Y cuando todo parece que va a hacer ¡CHAS! hace CHOF: has llamado a tu pareja por el nombre de tu ex. ¡Y en qué momento! ¡En qué estarías pensando, alma de cántaro! Sí, ya, la respuesta es que no estabas pensando, pero el daño ya está hecho y probablemente tu actual pareja – o pretérita, después de esto- se haya cogido un cabreo del quince y esté desahogandóse y buscando respuestas a semejante desplante en Internet. Y ojalá que se deje de Forocoches y Foro Enfemenino y tope con este artículo, porque ya te avisamos de que somos tu única tabla de salvación para justificar tamaño guirigay. Al menos, la de mayor evidencia empírica. Porque querido/a metepatas, la respuesta a tu despiste no está (solo) en tu estulticia o tu subconsciente, sino en, como casi todo, la ciencia.

Ross pronuncia el nombre de Rachel en vez del de Emily en su boda (Friends).

Un estudio publicado en abril en Memory & Cognition sugiere que estas confusiones se producen con gran frecuencia. No solo la de los novios, sino otras como que tu madre te llame por el nombre de uno de tus hermanos o que un amigo te llame por el nombre de otro. De hecho, los investigadores dan fe de que las personas que tienden a confundir los nombres siguen unos mismos patrones y que, además, los nombres incorrectos no son fruto del azar.

Cuando llamamos a alguien por el nombre equivocado tendemos a llamar a ese alguien como a otra persona que pertenece al mismo grupo social. Eso, o porque el nombre es similar al de otra persona.

Para el estudio se entrevistó a más de 1.700 personas que alguna vez habían llamado a otro por el nombre equivocado o que habían sido víctimas de este lapsus linguae. En todos los casos se había producido este fenómeno con personas de su entorno. Lo que los investigadores concluyeron fue que el nombre que habían pronunciado de manera incorrecta pertenecía, en su mayoría, al mismo grupo social que el de la otra persona. Por ejemplo, una madre que llama a su hijo por el nombre de otro hijo o un amigo que llama a otro por el nombre de alguien de su misma condición.

Equivocarnos de nombre es, por lo tanto, “un error cognitivo”, matiza David Rubin, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad de Duke y autor principal del estudio, quien ofrece además otra razón para esta equivocación: los nombres que suenan parecido también son susceptibles de ser confundidos entre sí con frecuencia (Laura/Lara, Jorge/Jose).

La apariencia física de una persona, por contra, no es un factor tan importante a la hora de cometer estos errores. De este modo, aunque una persona te recuerde a otra, no confundirás sus nombres por regla general. La edad, asimismo, tampoco parece influir en que la gente se confunda nombrando a otra persona: en el estudio había tanto jóvenes universitarios como personas mayores, y los errores ocurrieron con la misma frecuencia en ambos grupos.

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Pero  los investigadores no limitaron el estudio solo a los seres humanos, también lo ampliaron a nuestras mascotas: 42 participantes aseguraron que o bien ellos mismos habían sido llamados por el nombre de una mascota o que ellos habían llamado a otro por el nombre del animalito. En todos los casos, excepto en uno, el nombre de la mascota se pronunció cuando se quería decir el nombre de un miembro de la familia.

Y las mascotas que más suelen adueñarse de nuestros lapsus son los perros. Llamar a un miembro de la familia por el nombre de nuestro perro es mucho más habitual que, por ejemplo, el de nuestro gato. “Los perros responden a sus nombres mucho más que los gatos, por lo que esos nombres se utilizan con más frecuencia”, explicó Samantha Deffler, estudiante de Duke y otra de las autoras del estudio. “Tal vez por eso el nombre del perro parece estar tan integrado en la concepción que tenemos de familia”, culmina.

Así que ya sabes, si te has confundido de nombre (o tu pareja es quien se ha confundido) tiene(s) una razón científica para ello. Ahora bien: puede que sea el caso, o puede que no. Después de lo de Beyoncé ya nos lo creemos todo.

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  • Cecilia Marín

    Por Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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