Sexo

Ghosting: Dejar a tu pareja nunca ha sido tan fácil

Lo de 'dejar bien' es una utopía, pero:

· El 'ghosting' es una forma muy sucia de cortar una relación...

· ... Que cada vez es más común por nuestra incapacidad de afrontar conversaciones reales, no digitales

No nos engañemos. Somos hipócritas al cortar una relación. Buscamos tópicos de consuelo (“no es por ti, es por mí”) y los adornamos (“estoy cambiando”) para ocultar que ya no nos apetece ni esforzarnos en inventar excusas. Intentamos que sea rápido, deseamos que llore en su casa y no delante de nosotros. Su dolor es el certificado físico de nuestra culpa, y eso cada vez lo soportamos menos, y nos desesperamos y prometemos medias tintas (“seguiremos siendo amigos, siempre estaré ahí”). El ghosting viene a librarnos del engorro.

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Es una nueva moda que satisface las fantasías de los más cobardes. Esfumarnos como fantasmas, cortar sin previo aviso todo contacto con ella o él, no contestar a los mensajes ni a las llamadas, quizás bloqueando su contacto.

Ana I. conoció a un chico en una fiesta. Se miraron, se gustaron, empezaron a quedar y, como cualquier otro par de jóvenes, fueron dejándose arrastrar por la pasión y la costumbre. Un día, a los cinco meses de relación, Ana I. salió de clase y lo llamó. Comunicaba. Tras varios intentos durante el día, probó tecleando el número de su domicilio. Lo cogió la madre: “Por tu bien, olvídate de él”. Sin saber cómo ni por qué, su idilio había acabado. “Me quedé hecha una puta mierda, destrozada, trastornada. Ha sido de las relaciones que más me han marcado. Pensaba que no iba a volver a confiar en otro, que me iba a ilusionar y se iban a marchar. Después de eso, pasé muchos años sola”.

La psicóloga de ISEP Clinic Madrid, María Tapia, explica el ingrediente traumático de estas rupturas: “Al no conocer la razón del abandono, te impide elaborar bien el sentido de la pérdida. No te permite dar tu opinión o expresar tus emociones, eso genera frustración, impotencia y un sentimiento de pérdida de control y vulnerabilidad que puede dejar huella”.

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A pesar de su crueldad, el ghosting gana adeptos. YouGov, una empresa de estudios de mercado, elaboró un informe en 2014 que detallaba que el 11% de los estadounidenses se había volatilizado alguna vez sin avisar. Más recientemente, enganchando con el ‘ghosteo’ de Charlize Theron a Sean Penn, The New York Times recopiló más de una decena de confesiones fantasmagóricas de sus lectores.

A María Tapia le preocupa que se convierta en un modus operandi habitual: “Es una forma inmadura e irresponsable de dejar una relación, deberíamos ser más consecuentes con nuestros actos y aprender a comunicarnos con mayor asertividad”.

Ahora, rolletes y aventuras románticas, ya surjan en internet o en entornos naturales, desarrollan gran parte de su contenido en redes y apps. Todo escarceo se adapta a los códigos virtuales. Habría que preguntarse si estamos acostumbrándonos a deshacernos de las personas con un click como si fueran una fanpage que ha acabado por aburrirnos. Zigmunt Bauman, el sociólogo del ‘amor líquido’, escribió: “Las relaciones virtuales están provistas de las teclas suprimir y spam que protegen de las pesadas consecuencias (sobre todo, la pérdida de tiempo) de la interacción en profundidad”.

¿A qué huele el ‘ghosting’? ¿Podemos detectarlo? 

Desafortunadamente, los ectoplasmas no se delatan a sí mismos. En ocasiones, las personas más entregadas, esas que enseguida te colapsan la carpeta de privados con emojis cucos y frases de amor en cartelitos otoñales, son las menos fiables. A veces, usamos los post o los mensajes de Facebook como conjuros: no decimos cómo nos sentimos, sino cómo queremos sentirnos. Y, claro, luego hay que apechugar con nuestras palabras, y es cuando ataca el pánico y las ganas de huida.

Lara Castro, Psicóloga y Sexóloga del Institut Gomà, sostiene que las personas propensas a practicar el ghosting pueden presentar dificultades a la hora de enfrentar los problemas y gestionar los conflictos: “Podría ser alguien que siente inseguridad, que tiene miedo de afrontar la conversación y que huye de la responsabilidad de herir a su pareja, o que quiere evitar reconocer los errores cometidos”.

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El mejor sistema de detección es conocer al otro. Conocerlo de verdad. “Es un error basarnos en lo que se expresa en las redes, la realidad se ve en el face-to-face”, puntualiza Castro. También María Tapia recalca que resulta fundamental saber de quién nos enamoramos; aconseja fijarse en “cómo se comporta en distintos contextos, cómo se compromete con un proyecto, cómo afronta las discusiones, las relaciones con sus ex o con su familia o con sus compañeros”. Profundizar en la relación, conversar durante horas, disfrutar sus aficiones, dialogar en los conflictos, aceptar cosas que no nos entusiasman, escuchar, comprender, ceder cuando toca… ¿A que te mueres de ganas de salir corriendo?

  • Esteban Ordóñez

    Por Esteban Ordóñez

    Cronista callejero y degustador de naderías. Me gustaría escribir como la sien derecha de Ignacio Aldecoa.

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