De Perpiñán a Granada: la desaparición de los cines porno en España | eslang

De Perpiñán a Granada: la desaparición de los cines porno en España

Cartel de la sala porno de la calle Postas, en Madrid./ Tomás Fano (Flickr)

El oscurantismo, la invisibilidad y la discreción son tres de las aristas que definieron y definen el negocio de los cines porno en España. Treinta y cuatro años después de su nacimiento, las buenas noticias brillan por su ausencia. Los últimos cierres dejaron al sector herido de muerte. De las 22 salas x que nacieron al albor de la Ley Miró en 1982, sólo quedan dos en pie, una en Granada y otra en Valencia*. Son los últimos cines porno del país.

“En los años ochenta, quisieron dejar atrás la imagen de prohibición. Pero lo hicieron con peros. Ya comenzaron a marcar a la gente que entraba en las salas X como mala o pervertida”, señala el presidente de la Asociación de Productores y Editores de Obras y Grabaciones Audiovisuales (APEOGA) y promotor de XCanal, Antonio Marcos.

El experto pornográfico Luis Landeira completa: “Vivimos en un país en el que el porno llegó tarde, mal y a rastras, y donde persisten ciertos tabúes culturales, sociales e incluso religiosos”. Porque persisten. De hecho, la Federación de Cines de España (FECE) y los gerentes de la última sala de cine porno de España declinaron hacer declaraciones para este reportaje.

De los más de 800.000 espectadores de 1989 a los 9.532 que entraron en la sala de Granada en 2015. De los más de cinco millones de euros de recaudación (ajustada a inflación) entre todas las salas a nivel nacional en 1989 a los apenas 70.013 de 2015. Es la imagen del declive en cifras.

El análisis realizado sobre la base de datos de salas de cine X del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte [ver ‘Nota a pie de artículo’] evidencia que, en la actualidad, el negocio da sus últimos coletazos. Y ésta es su historia.

Años ochenta: la época dorada

Un antes y un después del cine porno en España con la ley 1/1982, de 24 de febrero (conocida como ley Miró). Un antes en los años sesenta en el que “la gente se marchaba a Perpiñán a ver las películas eróticas”, cuenta el presidente de APEOGA. Y otro antes durante los setenta, cuando algunos cines comerciales empezaron a proyectar películas ‘S’.

En 1982, la conocida directora de cine y por aquel entonces directora general de Cinematografía, Pilar Miró, impulsó una legislación en favor de la apertura de salas de cine específicas para el llamado cine X, el cine pornográfico. Dos años después, en 1984, se concedían 22 licencias (de 94 solicitudes) a locales de exhibición.

Se iniciaba la era de las salas de cine X en el país. Y como la primera etapa, ninguna. “Tras el franquismo, había demanda de pornografía”, explica Landeira. Una sociedad ansiosa por lo hasta entonces prohibido: “Fue la edad dorada de las salas X por una sencilla razón: durante gran parte de esa década, entrar en una sala de este tipo era la única forma humana que existía para ver películas porno”, añade.

Cartel, en estado de deterioro, de la sala X de Sevilla (en 2012)./ Ana Rey (Flickr)
Cartel, en estado de deterioro, de la sala X de Sevilla (en 2012)./ Ana Rey (Flickr)

Sin embargo, los entrevistados critican el contenido -la creación de unos guetos culturales- y la finalidad de la ley Miró para con las salas X. “Quisieron marcar este tipo de cine con unos impuestos superiores [del 30%] y se negaron a apoyar económicamente [ni ayudas, ni protección ni subvenciones] las películas destinadas a estos locales”, asegura Marcos.

Lo ocurrido tiempo más tarde, con la aparición de nuevas tecnologías, les da la razón. Gran parte del público dejó de asistir a las salas cuando el aroma a prohibición desaparecía. Esto es, a finales de los ochenta.

De 1989 a 1997: las vacas flacas para los cines porno

Llega el primer desplome serio de la recaudación (ajustada a inflación) en las salas de cine X. Desde 1989 hasta 1997, la pérdida de ingresos es constante. Muy similar es la caída en el número de espectadores: de casi un millón a algo más de 500.000. En estos años, hasta tres locales echan el cierre: uno en Barcelona, en Málaga y Almería.

Los avances tecnológicas causan estragos al negocio. Llegan las televisiones privadas a España y, con ellas, una mayor oferta erótica, como las famosas emisiones nocturnas de Canal +. Se populariza y abarata el VHS y aparecen los primeros videoclubs (algunos de ellos, especializados en porno).

Aun así, Marcos agrega una variable crítica con la propia industria: “Influyó mucho la calidad de las películas que se proyectaban. Ésta empezó a bajar, se colmó el vaso de los contenidos eróticos y había falta de inventiva en los guiones. Entonces fue cuando las salas X comenzaron a utilizarse para otros usos”.

De 1998 a 2003: la clientela fija

El barco de los cines porno se estabiliza en 1997. Por entonces, las nuevas herramientas para consumir porno permitieron al público “más variopinto, numeroso, casual y juvenil”, según Landeira, abandonar la embarcación. Sólo unos fieles, con unos gustos particulares (aunque con excepciones), siguieron acudiendo. Muchos de ellos, al menos, hasta bien entrado el nuevo siglo.

“El público convencional se fue apartando para dar paso a un tipo de personas que buscaban algo determinado. Los cines se empezaron a utilizar como puntos de contacto. Hasta las prostitutas entraban para hacer sus trabajos”, recuerda Marcos. Y amplía, entre risas: “Se hacían las pajas con música”.

Para Landeira, el cambio de la clientela hizo que, con el paso del tiempo, las salas sirviesen únicamente para “el sexo furtivo, enfermizo y penumbroso”. Adiós a las pajas con música y bienvenida a un ambiente “más deprimente”.

En este entorno, han predominado los hombres de avanzada edad (aunque también de mediana edad en busca de nuevas aventuras), jóvenes chaperos, travestis y, en ocasiones, prostitutas para ofrecer sus servicios, según los entrevistados. Ni rastro -o un rastro escaso- de mujeres.

De 2004 a 2016: Internet, la crisis, el declive…

La pérdida de recaudación y clientes de los noventa fue un susto comparado con los primeros años del siglo XXI. La llegada del DVD y el auge de Internet fue una auténtica pesadilla para las salas de cine porno.

Entre 2003 y 2006 cierran hasta siete cines, según los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Y con ellos, una importante caída de recaudación y de espectadores hasta cifras nunca vistas con anterioridad. “El porqué es sencillo: si tienes barra libre de porno gratis en la intimidad de tu hogar, ¿a santo de qué vas a ir a una sala X?”, se pregunta Landeira.

“Internet nos empezó a ocasionar muchos problemas como industria”, afirma Marcos. Pero deja claro que Internet no era el verdadero enemigo: “Es muy positivo para la sociedad”. La hostilidad fue obra de la piratería: “No estamos en contra del público, pero sí de la piratería, porque el chorizo es el que saca el dinero de una forma u otra”. Y añade: “Ante esto, los Gobiernos cierran los ojos. Todos ellos”.

Las primaveras posteriores (acrecentadas por una crisis económica acaecida en torno a 2008) siguieron evidenciando esta tendencia. El cierre de cines – se pasó de nueve en 2007 a uno en 2015- y, como consecuencia, el descenso de clientes y de recaudación a nivel nacional ha sido la habitual año sí, año también. Sin excepciones.

Pero con los cierres, ¿qué pasó con esta clientela habitual de estos cines? Algunos optaron por quedarse en casa y adentrarse en el mundo de Internet. Otros, buscaron otras alternativas como las cabinas que ofrecen ciertos sex shops, que “alquilan a un módico precio para que parejas de caballeros discretos cometan actos impuros”, las saunas, los aseos, los cuartos oscuros o, también, las relaciones (denominadas como cruising y dogging) en determinadas zonas públicas.

… y los intentos de renovación

Aun así, en los últimos años, algunas de las salas que permanecían en pie buscaron renovarse para mantener a su clientela fija y poder así sobrevivir. Pero este camino sólo le funcionó a la sala X Cinema de Granada. En su caso, la renovación llegó en forma de diversificación: venta de películas pornográficas, de preservativos, lubricantes y diversos ‘juguetes’ sexuales.

Luis Landeira añade: “Ha introducido, además de una sesión continua de cine, cabinas multicanal, glory holes, espectáculos de striptease y hasta una sesión gay propiamente dicha y abiertamente tolerada”. Es decir, la aplicación de una perfecta simbiosis -cine, sex shop y local de ambiente- que, de momento, parece funcionar.

Entrada (del portal) de la sala X Cinema de Granada./ Elaboración propia
Entrada (del portal) de la sala X Cinema de Granada./ Elaboración propia

La renovación para la sala Duque de Alba fue bien diferente. Este local, próximo al metro Tirso de Molina, comenzó a proyectar películas cinematográficas en 1934. Luego, en la década de los setenta, se sumó a la moda de las películas ‘S’ y, desde 1986, funcionó como sala de cine porno.

El documental Paradiso (2014), dirigido por Omar A. Razzak, habla sobre él. Un local un tanto lúgubre, siniestro pero, también, alegre. El gerente, Rafael Sánchez, anhela por todos los medios mantener el lugar limpio y atractivo para los clientes a través de nuevas propuestas más allá del cine. No fue suficiente. En 2015 cerró por impagos al propietario del local, según una información del diario ABC.

Esta sala es la cruz de una moneda que ya suma muchas pequeñas cruces: el resto de cines eróticos que cerraron en España. La sala de Granada es la cara. La única cara de la moneda. Pero no es más que la excepción que confirma la regla: los cines porno en España forman parte del pasado.

*El artículo original indicaba que sólo quedaba, a finales de 2016, una sala de cine porno en España, la de Granada. Esta cifra procede de la base de datos enviada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD) a este servidor. Sin embargo, tras la publicación del artículo hemos podido comprobar que, en Valencia, hay otra sala de cine porno abierta (al menos, hasta febrero de 2017), por lo que se ha decidido modificar el artículo original para intentar reducir los errores que contenía la información original. Pese a que se ha intentado conocer por qué la sala de Valencia no estaba en la bbdd del MECD en 2016 aun estando abierta, no se ha obtenido respuesta alguna por parte del Ministerio en cuestión.

Nota a pie de artículo Arriba

Los datos utilizados en este artículo se han obtenido a partir de una petición de información -vía correo electrónico- al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Los datos van desde 1989 hasta el verano de 2016, si bien es cierto que el nacimiento de los cines X en España se produce años antes con la ley 1/1982, de 24 de febrero.

Con respecto a las cifras de espectadores, al igual que ocurre con cifras cinematográficas, una persona puede representar varios espectadores. Lo que se contabiliza es la compra de la entrada.

Por último, el ajuste de los precios (de recaudación) a inflación, que se ha realizado a partir de la aplicación ‘¿Quiere actualizar una renta?’ que ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE) en este enlace.

  • Carlos Muñoz

    Carlos Muñoz

    Periodista de datos. O eso dicen las estadísticas. También soy escéptico, pero con un axioma vital: correlación no implica causalidad.

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