‘Coming Out Day’: así salí del armario

Emily y Alison, de 'Pretty Little Liars'.

El 11 de octubre se celebra el 'Coming Out Day':

  • Una jornada mundial dedicada a tomar conciencia sobre la importancia de 'salir del armario'
  • Varias personas nos cuentan cómo lo hicieron y qué supuso para ellos

El 11 de octubre está marcado en color rojo arcoíris en el calendario: este día se celebra el Coming Out Day, una jornada dirigida a crear conciencia sobre la importancia de salir del armarioprevenir la discriminación y garantizar la igualdad, sea cual sea nuestra orientación sexual. Cuatro chicos y tres chicas nos cuentan su camino hacia esta apertura, cómo lo hicieron y qué supuso para ellos.

“Que mi familia aceptara con naturalidad mi homosexualidad me hizo llevar una relación más plena” (Hombre, 29 años)

“Mi outing fue una cosa muy meditada. ¿A mi favor? jugaban unas férreas convicciones morales (siempre tuve claro que era gay y nunca intenté engañarme con chicas) y esa estúpida idea de pensar que cuando confesara mi homosexualidad ante mi familia sería porque estaba saliendo con hombre serio, respetable y formal. Desde hacía años, mis progenitores se preguntaban por qué alguien como yo -formado y con un trabajo estable- no tenía una novia de similares características. Y supe que el día que volvieran a formular la dichosa pregunta, dejaría de ocultarlo. Entonces yo contaba con 27 y con una relación sentimental de varios años. La pregunta surgió durante una comida y ahí me explayé.

¿La reacción? Mi madre se sorprendió, aunque dijo apoyarme en todo lo que necesitara. Mi padre, por su parte, espetó: “Hacía años que lo tenía asumido y solo estaba esperando a que nos lo dijeras”. Después llegarían las presentaciones oficiales del mozo en cuestión y ese refuerzo positivo que implica que tu familia asuma tu condición sin condiciones y que te acepte con la naturalidad que exige el siglo en que vivimos. A ti y a la persona con quien has decidido compartir tu vida. Algo que me hizo llevar una relación mucho más plena. ¡Fue una liberación! Hasta ahí todo bien. Porque ahora dudo que el yerno perfecto exista. Poco más de dos años después de declarar mi homosexualidad, a ¿mi príncipe azul? le hicieron match en Tinder. Le dejé y hablar de la ruptura con normalidad con mis progenitores fue algo muy gratificante”.

“Contárselo a mi madre fue una de las mejores decisiones que he tomado” (Mujer, 26 años)

“Desde pequeña vi que era diferente a las demás niñas. No prestaba atención a los chicos y, por ejemplo, llevaba fotos de Shakira en carpetas y agendas en vez de al típico guaperas del momento. Llegó un punto en el que me empecé a fijar en una amiga mía y ¡oh! me di cuenta de que era lesbiana. Tenía 19 ó 20 años cuando se lo conté a mis amigos y todos tuvieron una buena reacción, me considero afortunada porque a nadie le pareciera algo raro.

Años más tarde llegó lo más duro: contárselo a mi madre. Ella tiene otra mentalidad y le costó entenderlo, hasta el punto de que estuvo algún tiempo sin hablarme. Gracias a mi hermana mayor, que mantuvo varias charlas con ella, al final logró entrar en razón. Actualmente conoce a mi pareja y hablo con ella sobre el tema sin reprimirme en nada. Contárselo a ella fue una de las mejores decisiones que he tomado. Me quité un peso enorme de encima”.

“Salir del armario no es tan importante como seguir saliendo de él todos los días” (Hombre, 30 años)

“Salir del armario es como perder la virginidad: no es como se ve en las películas, y tampoco como te la has imaginado a lo largo de tu vida. De hecho, según mi experiencia y la de muchas personas que conozco, salir del armario es algo accidental, o motivado por algún suceso no especialmente alegre. Yo le confesé a mi madre que soy gay en medio de una depresión que casi me cuesta mi pareja, y lo hice como un grito de ayuda; poco después empecé a ir al psicólogo, aunque mi problema emocional no tenía nada que ver con mi orientación sexual.

Cuento mi salida del armario ante mi madre porque fue la más importante; ella después se lo dijo a mi padre y a alguno de mis hermanos, resolviéndose de forma positiva en todos los casos, excepto en el de mi padre, que ha olvidado (o se ha obligado a sí mismo a olvidar; fue la primera y la única vez que le he visto llorar) que soy gay. En mi opinión, salir del armario no es tan importante como seguir saliendo de él todos los días, como obligarte a ti mismo y a tus familiares a seguir hablando del tema para normalizarlo. Para mí, aún es imposible hacerlo.

Pero también he tenido buenas experiencias, sobre todo con amigos; algunos de ellos ya se lo imaginaban y nunca cambió nada, excepto que hoy nuestra relación es mucho más honesta. Incluso con mi ex novia, que se lo tomó fatal cuando se lo conté (de forma virtual, por suerte), ahora hablo de este tema sin problema, sin obviar siquiera que una vez estuvimos juntos y nos quisimos. Mi salida del armario preferida, eso sí, ha sido con mi sobrino de 21 años (yo tengo 30), que me ha ayudado a plantear la cuestión en familia con toda la normalidad del mundo”.

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“La primera vez que oí de mi propia voz que me gustaban las mujeres fue muy liberador” (Mujer, 30 años)

“Me di cuenta de que me gustaban las mujeres al poco de empezar la universidad. Había estado con chicos antes, pero las relaciones no duraban porque me faltaba algo. Por aquel entonces ni siquiera me planteaba que me gustaran las chicas porque en mi educación no cabía esa opción: mi familia es católica y nunca se me pasó por la cabeza esa posibilidad, es más, creo que ni sabía que existía. Pero cuando llegué a la universidad y vi a dos chicas juntas se algo se despertó en mí.

Reconocí que era lesbiana (no me gusta nada esa palabra, por cierto) cuando me di cuenta de que me había enamorado de una amiga, aunque sabía perfectamente que ella era heterosexual y que nunca pasaría nada. Por entonces no conocía a nadie homosexual, así que hablar del tema me resultó un poco difícil. Cuando lo asumí se lo conté a una amiga que sabía que me entendería, y así fue como empecé a sentir que realmente era verdad, la primera vez que oí de mi propia voz que me gustaban las mujeres. Fue muy liberador para mí poder mantener esta conversación.

Poco a poco se lo fui contando a mi círculo más cercano y empecé a conocer a chicas lesbianas. Tardé por lo menos un año en salir con una chica. Los comienzos nunca son fáciles y lo pasé un poco mal hasta que lo normalicé, ya que en una ciudad pequeña todo el mundo te conoce… Acabé cambiando de ciudad para estar más tranquila con mi pareja, para vivir con más libertad sin tener que dar explicaciones. Porque aún hoy la gente se queda mirando si ve a dos chicas juntas, e incluso de vez en cuando algún gilipollas te dice cosas bastante poco agradables.

Mi familia se sorprendió cuando se lo conté y a algunos les costó aceptarlo. Decían que no era normal. Sufrí mucho durante aquella época: tenía que andar a escondidas y mintiendo para ocultar que salía con una chica, y la verdad es que a día de hoy, después de llevar más de seis años de relación, sigo ocultándola a la gente que no es de mi confianza. Se ha avanzado mucho en materia de igualdad y estoy feliz con mi relación, pero sigue habiendo muchos prejuicios contra las lesbianas. Esa es mi percepción”.

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“He sido infinitamente más feliz desde que admití quién era y no gastaba tantas energías en esconderlo” (Hombre, 28 años)

“Ya desde la adolescencia sabía que me gustaban los hombres, pero hice todo lo posible por reprimirlo porque, en una ciudad pequeña, no quería convertirme en la comidilla del instituto. Y así aguanté hasta la universidad, incluso llegué a salir dos años con una chica. Vivía con dos amigos, que había conocido en el colegio mayor. Una noche, uno de ellos nos dijo que era gay, y ver a alguien tan cercano a mí admitiéndolo fue tal bofetón en la cara para mí que todo lo que había enterrado salió a presión. Decidí que no podía negar lo que sabía perfectamente que era y decidí echarle huevos y hablarlo con mi novia. No se lo tomó muy bien, pero lógicamente no la culpo. De ahí no hubo vuelta atrás. Se lo comenté a mis amigos, a mi hermana, y un año después, ya con novio, a mis padres.

Mientras que casi todos se lo tomaron bien (casi todos se lo esperaban), a mis padres les pilló bastante por sorpresa y no lo llevaron al principio muy allá. No me quisieron echar de casa ni nada por el estilo, pero hubo muchas lágrimas y muchos gritos. Pero, con el tiempo, todo acabó pasando y ahora lo llevan mejor, conocen a mi novio y no resulta ya una situación incómoda. Al final siempre pienso que ojalá hubiera salido del armario antes, ojalá me hubiera aceptado antes y no haber perdido el tiempo (o habérselo hecho perder a otros). Porque he sido infinitamente más feliz desde que admití quién era y no gastaba tantas energías en esconderlo. Y, al final, a tus amigos (a los de verdad) les importas por quién eres, no por qué eres”.

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“Nunca he sentido que tuviera que salir de un armario porque para mí todo ha sido muy normal” (Mujer, 28 años)

“Nunca he sentido que tuviera que salir de un armario porque para mí todo ha sido muy normal. Soy bisexual, pero poco, hay un número limitado de mujeres que me han atraído y no me he implicado emocionalmente con ninguna durante mucho tiempo. No tengo ni idea de cuál es mi criterio, ni me preocupa averiguarlo, es simplemente algo que ocurre a veces. Tuve mi primera experiencia homosexual a los 18 años, de pronto me vi flirteando con una chica en una fiesta, me enteré de que era lesbiana, y esa noche nos acostamos. Creo que estuve un poco torpe y le expliqué que era la primera vez que tenía sexo con una mujer, y ella tomó el control de la situación. Fue excitante y natural, y no me levanté al día siguiente preguntándome qué había pasado.

La última chica con la que estuve me gustó bastante, y se lo conté a mi madre, más que nada para confirmar que no formaba parte de esa panda de locos descerebrados que son los homófobos; le dio muy igual el tema. Con mi padre no hablo de esas cosas, y como de momento nunca me he presentado con una mujer en casa, no ha habido opción al drama. La gente que me conoce lo sabe, y en las conversaciones por ahí lo nombro si viene a cuento, y nadie me ha dicho nada raro porque no me junto con gente mal. Ahora estoy en una relación heterosexual y me implico con la causa queer, como es normal. Fustigar a la gente por sus preferencias sexuales me parece una horterada”.

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“Ser gay jamás y nunca tiene que ser una traba para llevar exactamente la vida que quieres llevar” (Hombre, 29 años)

Diría que en mi casa en Tenerife el único que esperaba mi salida del armario era yo, se lo conté a mi madre en la Navidad en la que tenía 18 años, después de tres meses en Madrid. Me preguntó si había conocido a alguien, lo que yo interpreté como una hábil manera de tirarme de la lengua, y le dije que sí, pero que era un chico. Un italiano que estaba de Erasmus y del que hoy soy muy amigo. Le dije que no se lo dijera a mi padre, que se lo contaría yo, pero 10 minutos después él vino a la sala y me dijo: “oye, eso que le contaste a tu madre, que no pasa nada, ¿tú crees que no lo sabíamos?”. Mis hermanos pequeños se rieron, son muy espabilados.

Desde entonces he visto un cambio grande, hoy los pequeños tienen menos prejuicios, entienden mejor la diversidad y se esconden menos, también tienen referentes en los que fijarse, yo no recuerdo tener ninguno. No tienen por qué pensar, como yo pensaba a los 16 años, que eso estaba mal. Antes me daba vergüenza que se intuyera que era gay, ahora me sucede todo lo contrario, sobre todo por si algún niño pequeño me ve, para servirle como ejemplo de que ser gay jamás y nunca tiene que ser una traba para llevar exactamente la vida que quieres llevar. Gracia a la educación algún día salir del armario dejará de ser algo.

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    Hablar de uno mismo sin parecer idiota es más difícil que elegir nick para el Messenger… sin parecer idiota. Buscamos historias, vivimos en las redes, nos pringamos con lo importante, nos reímos de lo solemne.

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