"Tenía 13 años. Un borracho me tocó la pierna y me preguntó que por qué no era divertida": la serie fotográfica que retrata el acoso callejero | eslang

“Tenía 13 años. Un borracho me tocó la pierna y me preguntó que por qué no era divertida”: la serie fotográfica que retrata el acoso callejero

Cheer Up Luv, de Eliza Hatch

Eliza Hatch denuncia a través de fotos todas las veces que nos han acosado:

  • Su proyecto, Cheer Up Luv, es "una plataforma para que las mujeres sean escuchadas"
  • Cada vez más chicas cuentan su historia en redes para denunciar este tipo de machismo

Lolita Dixxon es una chica madrileña. El pasado lunes sufrió acoso callejero mientras caminaba dirección al metro sobre las 6:30 de la mañana. Un hombre la persiguió con los pantalones y la ropa interior bajados en mitad de la calle hasta que entró en la estación. Narró el suceso en un hilo de Twitter a modo de denuncia, al igual que lo hacen cientos de tuiteras para concienciar de la gravedad de este tipo de situaciones.

 

 

Llegaron en su mayoría respuestas de empatía por parte de chicas que habían pasado por circunstancias similares y de algunos chicos que condenaban cualquier acto machista. Pero también llegaron las críticas: “Siempre os pasa a las que tenéis miles de seguidores”, “Lo cuenta para llamar la atención” o “Seguro que es invent”. Culpabilizar a la víctima es tan común como sufrir acoso callejero.

Hay una historia de acoso detrás de cada mujer. Persecuciones, miradas lascivas, masturbaciones públicas o insinuaciones verbales. Eliza Hatch narra a través de sus fotos todas esas situaciones repulsivas que nos ocurren a diario. Su proyecto de fotoperiodismo, Cheer Up Luves un espacio “para todas aquellas veces en las que te has sentido sexualmente incómoda en un lugar público”.

No son relatos falsos, no son exageraciones y, desde luego, no es culpa del largo de nuestra falda. “El proyecto surgió tras una conversación con mis amigas sobre el acoso diario que sufríamos”, cuenta Hatch a la BBC. “Después hablé con mis amigos (hombres) y se mostraron completamente incrédulos”. Contarlo se convierte en una obligación cuando, a pesar de la cotidianidad, aún hay personas que creen que este tipo de violencia machista es algo puntual.

“Cuando tenía unos 13 años, cogí el tren cuando aún era de día. Un borracho se subió y empezó a gritarnos ‘putas’ mientras caminaba por el vagón. Vino, se sentó a mi lado, me tocó la pierna y, a pocos centímetros de mi cara, me preguntó que por qué no era divertida. Todo el mundo lo estaba viendo, pero nadie dijo nada”.

 

“Estaba sola sentada en la parada del bus cuando un hombre trajeado se acercó y me empezó a hablar. Se puso frente a mí, me dijo que le gustaba mi pelo, me llamó ‘guapa’ y me acercó sus labios. Por un segundo me quedé congelada y lo empujé. Vi mi autobús y me subí y él me siguió. Se sentó a mi lado e intentó meterme la mano bajo la falda. Grité y le dije ‘que te jodan’, pero nadie creyó que estuviese en peligro”. 

La mayoría de las historias tienen varios factores en común. Primero, las personas que lo presencian se quedan impasibles y miran hacia otro lado. Ocurre en la calle, con personas que no conoces y piensan que no les incumbe y ocurre incluso, en un nivel elevado, con abusos sexuales dentro de una misma familia. El otro factor se encuentra en la edad: son muchos los sucesos que comienzan recordando situaciones de acoso incluso antes de alcanzar la adolescencia. “Una de las cosas más perturbadoras para mí es cuántas chicas han tenido este tipo de experiencias siendo tan jóvenes”, explica Hatch.

“Mi conductor de Uber me dejó en una calle cercana. Un chico joven vino hacia mí y empezó a llamarme ‘guapa’ y a preguntarme mi nombre. Empezó a seguirme a casa, intentando rodearme con sus brazos y pidiéndome un beso. Me preguntó si tenía novio y tiraba de mí para darme un beso. Le dije que parase, entonces me agarró y me dio un azote en mi culo. Huyó riéndose y mirándome. Debería haberlo denunciado, pero solo estaba aliviada por haber vuelto a casa”.

“Iba camino a casa y un coche comenzó a conducir más lento cerca de mí. Dos chicos me llamaron ‘ sexy’ y me preguntaron si me subía al coche con ellos. Cuando dije que no, ellos empezaron a molestarme, así que entré en una tienda. Escuché a uno de ellos diciendo ‘da igual, tampoco es tan guapa'”.

“Era una tarde calurosa de julio en el metro de París. A un metro de mí, había un hombre sonriéndome constantemente. Después de unos minutos me di cuenta de que se estaba tocando con una gran erección mientras me miraba. Entré en pánico y salí corriendo en la siguiente parada”.

“Tenía 19 años y acababa de mudarme a París. Estaba en un tren lleno de gente y un chico estaba presionando mi espalda. Después empezó a apretarme. Al principio pensé que estaba intentando bajarse del tren, pero después empezó a susurrarme al oido. Me giré para mirarlo, intentando parecer enfadada. Pero entonces puso sus manos en mis caderas y empezó a frotarse conmigo. Le pisé los dedos de los pies todo lo fuerte que pude y salí del tren”.

Una mujer en el metro, en el autobús o en mitad de la calle. Los acosadores se exponen públicamente y no supone un problema para ellos. Las historias del proyecto Cheer Up Luv son situaciones cotidianas y nada fuera de lo habitual. Son mujeres normales que han relatado momentos incómodos y personales para denunciar una práctica de la que cada vez somos más conscientes, pero de la que aún faltan muchas medidas para erradicarla.

“Cuando tenía 7 años, iba caminando hacia casa en el este de Londres y un hombre me paró para preguntarme por una dirección. Después de contestarle, él me dijo: “¿Tus pezones son grandes o pequeños?” Pensé que no lo había entendido y contesté ‘¿Qué?’ Él se acercó y me lo volvió a preguntar. Corrí todo el camino a casa.

  • Laura Martín

    Laura Martín

    En sexto de primaria suspendí matemáticas por primera vez. Ahora me paso el día convirtiendo estadísticas en historias y visualizaciones para evitar que a otros le pase lo que me pasaba a mí. Detrás de toda la parafernalia, al final solo soy periodista.

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