Soy trans y la sociedad aún cree que sufro un trastorno mental | eslang

Soy trans y la sociedad aún cree que sufro un trastorno mental

Manifestación LGTB en Madrid / FELGTB, Flickr

Se cumplen 10 años de la entrada en vigor de la Ley de Identidad de Género:

  • El Trastorno de Identidad de Género fue suprimido internacionalmente en 2013
  • Para cambiar de nombre una persona trans tiene que presentar aún documentos médicos

David tiene 21 años y hace dos su vida dio un vuelco de 180 grados. Por entonces, sus amigos y su familia lo solían llamar Clara y lucía bajo los cánones que el género le marcaba: pelo largo, pendientes en el lóbulo de cada oreja, tacones y ropa de chica. Pero hasta 2014 David se perdió muchas cosas. Por ejemplo, la graduación de secundaria que celebraba cada año el instituto y a la que tenía que ir con vestidos de fiesta, esos que le hacían llorar desde que tiene uso de razón. O esos días de piscina que se antojaban agradables hasta que le tocaba quitarse la camiseta.

El 17 de marzo de 2007 entró en vigor la Ley de Identidad de Género, que permitió a los transexuales poder cambiar de nombre y sexo en el Registro Civil sin someterse a cirugía

Al bucear en la red y leer unos cuantos artículos, David se dio cuenta de su realidad y se la contó a su madre: no se sentía a gusto con el género que le habían asignado al nacer. “No lo asimilaba al principio, lloraba mucho”, recuerda. Algunos de sus amigos le dieron de lado porque no lo entendían y al cruzarse con ellos por la calle apenas le saludaban. “Supongo que eran personas que ya me tenían en cierta medida cruzado y eso fue la puntilla. Al menos supe quiénes eran mis verdaderos amigos”, apostilla.

Este viernes 17 de marzo se cumplen diez años de la entrada en vigor de la Ley de Identidad de Género con la que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero abanderó una lucha a favor del reconocimiento de derechos del colectivo de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI). Gracias a esta ley se abrió la veda para la visibilidad social de las personas trans y, a raíz de ella, surgieron normas autonómicas que, en teoría, sancionaban los ataques transfóbicos y facilitaban tratamientos a aquellos que lo necesitaban.

2 años

de tratamiento hormonal previo y tener 18 años. Son los requisitos necesarios en España para poder cambiar el nombre y el género en el registro civil

Pero David lo que quiere es un reconocimiento que no cree posible si existe una patologización de los trans. La disforia de género, término científico con el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define los casos de transexualidad, es para el colectivo un arma de doble filo que impone un diagnóstico previo antes de proceder ante trámites como el cambio de nombre o el cambio de género. En España, a diferencia de otros países como Argentina o Australia, se necesitan dos años de tratamiento hormonal previo y tener 18 años para poder cambiar el nombre y el género en el registro civil.

No obstante, el acceso a ese tratamiento hormonal tampoco es precisamente un camino de rosas. Como en España la sanidad está descentralizada por autonomías, cada una de ellas es soberana de establecer cuál es su normativa al respecto. De hecho, no es lo mismo ser trans en Castilla y León que serlo en Andalucía o en Cataluña. Actualmente, solo la Comunidad Foral de Navarra, Cataluña, Andalucía, la Comunidad de Madrid, Extremadura, Canarias y País Vasco tienen una norma trans específica, lo que deja a muchas personas fuera del mapa.

Tratamiento hormonal

David es andaluz, pero cuando decidió someterse a cambios hormonales la Ley andaluza de Identidad de Género todavía no estaba en vigor. Por ese motivo tuvo que trasladarse a la Unidad de Trastorno de Identidad de Género del Hospital Carlos Haya de Málaga, donde podrían recetarle el tratamiento. Pero había un problema: necesitaba de un informe psicológico.

En 2013, la Asociación Norteamerica de Psiquiatría eliminó el Trastorno de Identidad de Género de su manual de enfermedades mentales

La lucha contra la patologización de la transexualidad ha sido uno de los principales caballos de batalla del colectivo LGTBI y ha tenido resultado en estos últimos diez años. En 2013, la Asociación Norteamerica de Psiquiatría (APA) eliminó el Trastorno de Identidad de Género de su manual de enfermedades mentales, el DSM-5, el mismo que hasta 1973 consideraba enfermedad mental a la homosexualidad. Tras el cambio, las unidades especializadas existentes en España también cambiaron su nombre. Una de ellas fue la actual Unidad de Identidad de Género (UIG) del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, anteriormente conocida como la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG).

“Desde el centro en ningún momento consideramos a la disforia de género una patología psiquiátrica”, afirma el doctor Antonio Becerra, endocrino y coordinador de la unidad madrileña, que justifica el nombre anterior de la unidad a la definición que ofrecía la APA. “Nos debemos a las directrices nacionales e internacionales, pero nosotros como profesionales nunca pensamos que fuera un trastorno ni físico ni mental”, aclara.

Antes de la llegada de las leyes trans en las comunidades autónomas, en muchas de ellas existían problemas de carácter administrativo para acceder a los tratamientos. Los pacientes que deseaban someterse a ellos necesitaban de una prescripción clínica previa con el aval de un endocrino o de un psicólogo. Ahora, con las normas autonómicas, ese trámite se ha suprimido para acabar con la patologización.

En Cataluña, por ejemplo, la ley llegó en 2014, pero antes existía el régimen mencionado. “Se ha conseguido eliminar el sistema sanitario anterior, totalmente patologizador, e instaurar un nuevo centro de atención sin necesidad de diagnóstico clínico”, explica Raúl Rodríguez, abogado del bufete catalán Rights and Rainbow Advocats.

Bandera trans. (Foto:Flickr/torbakhopper)
Bandera trans. (Foto:Flickr/torbakhopper)

Pero la especialización clínica es escasa. Actualmente hay pocos profesionales que estén dedicados al colectivo trans y desde la unidad especializada del Ramón y Cajal lo saben, aunque la afluencia de pacientes suba. De hecho, tal y como afirman diversas asociaciones LGTB, existen casos de personas procedentes de comunidades sin legislación que van a aquellas que sí la tienen.

A todo esto se une que, desde las unidades, la labor no se limita a llevar un seguimiento de los tratamientos de transición. “A nuestra unidad ha llegado gente con miembros amputados, cirugías mal resueltas o desastres analíticos surgidos a raíz de la automedicación que hemos tenido que corregir”, comenta Becerra.  Y eso se traduce en una saturación excesiva: “según nuestros datos de trabajo,  la demanda es de 133 personas de media por año. El doble de lo esperado”.

El género

Al cabo de dos años con un tratamiento una persona puede cambiar su género asignado en los papeles del registro civil, tal y como indica la ley nacional. De este modo,  puede efectuar el cambio de hombre a mujer y viceversa, lo que para muchas personas afectadas es bastante satisfactorio. Aun así, existen personas que afirman no sentirse identificados con los dos géneros predominantes y que, al contrario, tienen características comunes de ambos.

Debería haber un género no binario que acogiese a todas esas personas que no se identifican con el binomio hombre-mujer”

Javier Navarro, portavoz de la asociación LGTB Colega

Esta apreciación no está contemplada en la legislación española; no obstante, hay países que sí lo recogen en su normativa. Javier Navarro es portavoz de la asociación LGTB Colega, y para él el género es una construcción social preestablecida por la sociedad. “Debería haber un género no binario que acogiese a todas esas personas que no se identifican con el binomio hombre-mujer”, explica.

A este nuevo género se le ha intentado llamar de muchas formas: género X, género neutro, tercer género… Sin embargo, no es tan nuevo. Lo que en occidente era un submundo dentro de su realidad y no reconocido hasta hace pocos años, en países como la India ha estado presente desde milenios atrás. La indefinición de géneros en la cultura hindú (muchos de sus dioses tienen ambos sexos) ha hecho que se acepten a los llamados hijra, personas que afirman no pertenecer a ningún sexo, es decir, que se consideran trans. En el pasaporte indio ya existe la opción de elegir un tercer género.

En la Unión Europea, Alemania es pionera en incluir una nueva nomenclatura a la hora de elegir un nuevo sexo. Sin embargo, el efecto es limitado: solo es aplicable a aquellos niños que, al nacer, comparten características sexuales inherentes al hombre y a la mujer, los llamados intersexuales. El espectro de aplicación, no obstante, es más amplio en Australia. Desde 2014, y gracias a la lucha de la transexual Norrie May-Welby, una persona australiana puede definirse como no adscrita a ningún género.

Cambio de nombre

A David no le gustaba ver su antiguo nombre en el DNI de su cartera ni tampoco quería que lo llamaran así. Era su identidad. Tampoco quería que pasaran dos años de tratamiento para poder cambiar su género y su nombre en el registro civil. Lo quería ya y se puso manos a la obra para encontrar el resquicio adecuado que le permitiera llamarse David a todos los efectos. En términos legales, en España nadie puede cambiar su nombre por otro que no coincida con su género asignado, pero también es ilegal que un nombre atente contra la dignidad de la persona. Al final, la interpretación de un juez le permitió a David llamarse así de forma oficial, por el nombre por el que todos lo conocían.

En términos legales, en España nadie puede cambiar su nombre por otro que no coincida con su género asignado, pero también es ilegal que un nombre atente contra la dignidad de la persona

Por esta vía alternativa también han caminado muchos trans que han querido cambiarse el nombre antes de cambiarse de género. De ellos, muchos lo han hecho porque son menores y la ley no les permite hacer el cambio hasta la mayoría de edad. Su principal arma: aludir a un uso habitual del nombre y a autos favorables de jueces españoles al respecto. Según la Fundación Daniela, especializada en personas trans menores de edad, entre 40 y 50 personas en España lo han conseguido de este modo.

“Hay personas que no se someten a un tratamiento porque no lo necesitan o porque por cuestiones de salud no pueden hacerlo. En estos casos, el cambio de nombre o de género no debe limitarse a la interpretación de un juez”, denuncia Isidro García Nieto, gerente de la fundación. El activista pide, al igual que lo hace la Federación Española de Gais, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), una revisión integral de la ley de 2007 que evite la patologización de la identidad de género y que sea accesible a personas sin tratamiento y a menores.

“Debe haber una vía única e igualitaria para todas las personas. Es una responsabilidad social”, afirma.  El pasado octubre, Ciudadanos realizó una proposición no de ley para pedir al Congreso de los Diputados que se modificara la ley actual y hace apenas dos semanas, el 3 de marzo, el Grupo Socialista presentó una reforma de la ley que ellos promovieron hace una década en la que, aparte de incluir las exigencias del colectivo, también se permite el cambio de nombre en los extranjeros trans sin nacionalidad. García Nieto espera que “por lo menos” sea admitida a trámite.

  • Miguel Luque

    Miguel Luque

    Periodista, de Jaén y olivarero. Nunca estoy contento con lo que escribo hasta que compruebo que es verdad.

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