Pasto de los lobos o esterilización: todo antes de acabar a tiros con la cabra montés de La Pedriza | eslang

Pasto de los lobos o esterilización: todo antes de acabar a tiros con la cabra montés de La Pedriza

Manada de cabras montesas en La Pedriza./ Carlos Muñoz

¿Os acordáis de que se planteó matarlas a tiros? Pues no way:

  • PACMA y asociaciones ecologistas plantean soluciones alternativas

La superpoblación de la cabra montés en La Pedriza y alrededores, en la parte madrileña del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, era (y es) un problema real. Para repararlo, el Gobierno regional de la Comunidad de Madrid aprobó, en el primer semestre de 2016, un plan que autorizaba, por vez primera, el uso de armas de fuego para abatir a la mayoría de ejemplares de esta especie.

Entre 500 y 700 cabras serían capturadas -en un 25%- y abatidas con arma de fuego -el 75% restante- al año hasta 2020 con el objetivo de reducir la población hasta niveles más sostenibles. Es decir, unos 1.500 ungulados por los 3.500 que había en 2014.

Nada más lejos de la realidad. La idea de ver a cazadores con armas de fuego por este enclave natural se desvaneció el 23 de octubre de 2016. Ese día, el Juzgado número 32 de lo contencioso-administrativo de Madrid suspendió, de forma cautelar, el plan del Gobierno de Cristina Cifuentes (PP) tras una denuncia presentada por el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA). Dos semanas más tarde, en noviembre, el mismo Juzgado decidió mantener la suspensión cautelar.

Desde entonces, nada nuevo bajo el sol de La Pedriza o Hueco de San Blas. Son las últimas noticias sobre el tema. Los diferentes actores se mantienen a la espera de una nueva resolución judicial. Una resolución que, según fuentes de PACMA, no se producirá pronto. El Juzgado que decretó la suspensión cautelar no es el competente y la denuncia deberá pasar a una instancia superior. Pero mientras tanto, La Pedriza y el resto de enclaves afectados continúan padeciendo la abundancia de la Capra pyrenaica.

Manada de cabras montesas en La Pedriza./ Carlos Muñoz
Manada de cabras montesas en La Pedriza./ Carlos Muñoz

La incertidumbre actual y venidera no evita que se sucedan las propuestas para acabar con el problema poblacional de las cabras. La presidenta del partido animalista, Silvia Barquero, destaca un elemento que acaba de entrar en escena y puede ser la solución a gran parte de las preocupaciones: la presencia del lobo ibérico en la sierra madrileña. “El lobo, que actuaría como depredador natural, permitiría un reequilibrio natural del ecosistema sin que tenga que actuar la mano del hombre”, asegura.

Según afirmaba el agente forestal y miembro de Comisiones Obreras, José Luis Díaz, en noviembre de 2016 a la Cadena Ser, “hay mucha probabilidad de que el lobo ibérico esté cazando y alimentándose de cabras montesas en la zona de La Pedriza“.

Otras medidas alternativas

No sólo del lobo viven las propuestas para reducir el número de ungulados. El investigador Refoyo Román asegura, desde un punto de vista técnico, que lo ideal es un compendio de medidas: “Hablamos de las traslocación de ejemplares a otros lugares (como el ejemplo de Sonsaz); el desplazamiento (o dispersión) de núcleos de población a otras zonas dentro del parque o la conservación de las especies vegetales amenazadas. Hablamos de utilizar medidas combinadas. Y no se puede descartar ninguna”.

Una de esas medidas pasaría, también, por el uso de armas de fuego. Y si la Justicia se opone (de momento), PACMA batalla frontalmente contra tal cuestión. Es el punto de fricción. Barquero enumera a Eslang diferentes propuestas alternativas a la caza: “La reubicación de animales a otras zonas del Parque Nacional a través de un corredor natural, el control de los depredadores natural (como el lobo) o el control de la fertilidad a partir de vacunas anticonceptivas, como ya se hiciese en Cataluña con los jabalíes, para un efectivo control poblacional”.

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El problema de la superpoblación

Ahora, el exceso de cabras montesas es un problema. No siempre fue así. Este ejemplar desapareció de las sierras madrileñas a principios del siglo XIX, como consecuencia de las contiendas napoleónicas. En el resto de España tampoco es que hubiese muchos. Un siglo más tarde, en 1905, los investigadores apenas encontraron una docena de cabras en la sierra de Gredos, en Ávila. Doce cabras que hicieron de Gredos su particular Numancia, su enclave irreductible.

Décadas más tarde, en 1989, la Comunidad de Madrid volvería a disfrutar en sus montes de la presencia de la Capra pyrenaica. Entre ese año y 1992, se reintrodujeron 67 ejemplares (41 hembras y 26 machos) en las zonas de La Pedriza y Hueco de San Blas, gracias a un convenio entre la Fundación José María Blanc y la Agencia de Medio Ambiente.

El lobo permitiría un reequilibrio natural del ecosistema sin que tenga que actuar la mano del hombre”

Silvia Barquero, presidenta de PACMA

En estos casi treinta años se han realizado seis estudios de población en lugares próximos al punto de reintroducción de esta especie, como La Pedriza, Hueco de San Blas, la Cuerda Larga de Peñalara y La Bola del Mundo. Y el número de ungulados no ha parado de crecer en la zona de estudio (en cambio, en el resto del Parque Nacional la situación no es ni mucho menos dramática).

Para hacerse una idea, los expertos en el materia calculan que el número de ungulados en una zona como la descrita no debería superar los 1.500, con una densidad de población no mayor a los 10 ejemplares por kilómetro cuadrado. En el enclave natural que nos ocupa, se ha pasado de 359 cabras en 1992 a 3.324 en 2014. De la misma forma, se ha evolucionado de una densidad de 6,2 cabras por kilómetro cuadrado en 2000 a una de 42,9 en 2014.

Afecta a la flora ¿y a la fauna?

Diversos factores –la ausencia de depredadores naturales, la elevada disponibilidad de recursos alimenticios o la tranquilidad del lugar– han favorecido el rápido crecimiento de la población. Y no cabe una cabra más en La Pedriza y alrededores.

Un estudio científico de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) concluyó, en 2014, que el exceso de cabras montesas afectaba a la flora de La Pedriza: “Alrededor de un cuarto de las especies protegidas mostraban unos niveles insostenibles de daños”. ¿La solución? Sí, reducir la cifra de cabras. “La reducción en un 50% de la presión realizada por los ungulados aumentaría la probabilidad de regeneración exitosa de la vegetación en un 60%”, aseguraban.

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La flora no es la única preocupación. Cuando una población crece en demasía, el sistema puede no llegar a soportarlo. El anterior director general de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid Ricardo Riquelme y Sánchez de la Villa reconoció, en la Asamblea de Madrid en diciembre de 2014, que en La Pedriza los ungulados “distan de su equilibrio”. Y prosiguió: “No se autorregula, lo que la sitúa en unas condiciones favorables para la posible aparición de epidemias, que provocarían un hundimiento poblacional y gravísimos problemas de salud”.

Aunque el investigador Refoyo Román reconoce que es “difícil” que se produzcan enfermedades en Guadarrama por la “buena condición sanitaria” de las cabras montesas, no es imposible que surjan, como ya sucediese en la sierra de Cazorla (Jaén), en 1990, o en Asturias, en 1993.

Así, este aumento continuo de las cabras es indeseable por dos motivos. Primero, porque la aparición de una enfermedad puede afectar a otros animales (la fauna), como ya sucediese en el segundo ejemplo del párrafo anterior. Segundo, porque la autorregulación -aunque llegase sin enfermedades- requeriría de un proceso lento. “Hasta que la especie se autorregule puede desaparecer una mayor cantidad de especies vegetales protegidas” (de nuevo, la flora), señala Refoyo Román.

Críticas a la gestión

En los últimos años se ha llegado a un punto de no retorno. Desde 2009 se han aprobado diferentes medidas para atajar estos problemas. Por ejemplo, la caza con muerte -se realizó con arco, sin tener en cuenta el interés comercial y se abatieron 51 ejemplares- y la captura en vivo -con la que 157 ejemplares se llevaron a la reserva de Sonsaz (Guadalajara y Madrid) y 38 al Pirineo Francés-. Pero a tenor de los resultados (la población ha seguido aumentando), dichas soluciones han resultado insuficientes.

Y cuando eso ocurre, las críticas asoman. En 2014, el citado estudio de los investigadores de la Universidad Politécnica madrileña enfatizaba “la necesidad de considerar planes (medioambientales, sociales y factibles económicamente) de control de población antes de reintroducir ningún ungulado salvaje”, algo que no se hice en el caso que nos ocupa.

Macho cabrío, en una roca, observando a la manada./ Carlos Muñoz
Macho cabrío, en una roca, observando a la manada./ Carlos Muñoz

Por su parte, el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en Zoología y Antropología Física, Pablo Refoyo Román considera que la resolución de los problemas se ha realizado “sin la intensidad que hubiese sido necesaria”. No obstante, echa un capote a la Administración: “No es fácil gestionar poblaciones en un Parque Nacional, en un lugar protegido”.

Ángeles Nieto, coordinadora de Ecologistas en Acción en Madrid, va más allá. Denuncia “la ausencia de transparencia en la gestión de la especie y de datos fiables”. También pide que tal gestión no se lleve desde el Área de Conservación de Fauna y Flora (de la Consejería de Medio Ambiente de Madrid) por “su incapacidad para manejar poblaciones de fauna”, sino por el Centro de Investigación, Seguimiento y Evaluación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

Con todo, presente y futuro pasan por conocer si la presencia del lobo ibérico y un posible descenso actual del total de cabras -como afirma Barquero- son reales y sirven de ayuda; y, también, por la nueva resolución judicial sobre el plan del Gobierno regional, que pondrá blanco sobre negro acerca de las medidas a adoptar. Mientras tanto, La Pedriza y alrededores continúan padeciendo la abundancia de cabras.

Y si no se actúa a corto plazo ni se aprueban soluciones con las que todos estén conformes, un hecho será evidente -el inevitable aumento del daño para las especies vegetales protegidas- y otro, posible -la indeseada autorregulación de ungulados con aparición de enfermedades-.

  • Carlos Muñoz

    Carlos Muñoz

    Periodista de datos. O eso dicen las estadísticas. También soy escéptico, pero con un axioma vital: correlación no implica causalidad.

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