Mabel Lozano: "Lo más típico de las carreteras españolas no es el toro, es el puticlub" | eslang

Mabel Lozano: “Lo más típico de las carreteras españolas no es el toro, es el puticlub”

Foto: EFE.

La cineasta da voz a un tratante de mujeres en 'El proxeneta', un relato real en primera persona:

  • Miguel, 'El Músico', explotó sexualmente a miles de mujeres en varios clubes de España

¿Existe la mafia en España? Miguel, alias ‘El Músico’, ex proxeneta, ex tratante de mujeres y actual colaborador de la policía contra la trata, cuenta que sí, y que él formó parte de ella. A explotar sexualmente a mujeres él lo llamó negocio durante décadas, y de ello habla en primera persona en El proxeneta (editorial Alrevés), un libro escrito por la cineasta Mabel Lozano. En él se narra la historia de este ex delincuente, pero también la construcción en España del entramado del tráfico de seres humanos, un negocio multimillonario que sigue en curso, una lacra que según estimaciones del Ministerio de Sanidad en 2016 podría llegar a afectar a 40.000 mujeres en España.

‘El Músico’ explica cómo en los 90 los proxenetas ‘clásicos’ se percataron de que traer a mujeres vulnerables de otros países y cargarlas con una ‘deuda’ imposible de pagar suponía inversiones de miles de euros y ganancias de cientos de miles en pocos meses. Cómo existían negocios legales para lavar este dinero y contaban con la complicidad de médicos, policías, abogados y, por supuesto, de puteros. Cómo dejaban marchar a las personas que explotaban tras dos o tres años, porque estaban física y mentalmente agotadas. Cómo la mayoría compartía un desenlace trágico. Cómo nada de esto les importaba: ‘No son mujeres, son putas’.

Lozano, que prepara un documental que empezará a rodarse en enero sobre la vida de ‘El Músico’ y presenta un corto, Tribus de la Inquisición, a los Goya, quiere con este relato poner el foco en “los delincuentes, los esclavistas”, todo ello en la voz de uno de los culpables: “La trata no es un problema de las mujeres, es una cuestión de justicia social y derechos humanos que nos involucra a todos”.

¿Cómo das con Miguel, ‘El Músico’?

Es él el que me busca a mí, no yo a él. Miguel llevaba años colaborando con la Policía Nacional para desarticular redes de trata y conocía perfectamente mi trabajo, ya de cuando estaba dentro del proxenetismo. Tenemos un amigo en común, José Nieto Barroso, inspector jefe de la UCRIF (Unidad Contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales). De dos años de conversaciones sale este libro, que no es una novela, es 100% real.

Es la historia que yo he querido contar, no la que Miguel quería contar. Él quería hablar del sufrimiento de las mujeres, de los 1.000 nombres que recordaba, de mujeres a las que había exprimido. Yo quería saber hasta el número de pie que tenía él. Para mí lo importante era dar voz al silencio, saber cómo eran ellos, los proxenetas, los delincuentes. Quería saber cómo es un esclavista del siglo XXI. Ellos a sí mismos se definen como empresarios, pero no: son delincuentes, esclavistas, proxenetas.

¿Y qué conclusiones has sacado al respecto? ¿Qué piensas que hace que alguien acabe siendo un proxeneta?

Lo mismo que hace a alguien convertirse en un delincuente. Una de las cosas buenas del libro, creo, es que Miguel no está demonizado ni está justificado, ¿o te parece que está justificado?

No, pero en el libro Miguel sí se explica a sí mismo en cierto modo, contando su difícil infancia en Barcelona, hijo de una madre soltera y pobre, enviado a orfanatos donde sufrió maltratos y abusos sexuales continuados. Él primero fue víctima, pero eso no le impidió hacer víctimas a cientos de mujeres después.

Esto es lo mismo que pasa en chavales que ven la violencia de género en su casa y lo odian, pero luego reproducen otros patrones. Él fue una víctima de abusos sexuales, cuando empezamos a hablar él nunca le había contado esto a nadie en el mundo, fui la primera persona. Él reprodujo ese patrón, se quedó enganchado a las luces de neón y a los tacones de las mujeres.

Con 17 años entra al primer puticlub. Puticlub lo llamo yo, él lo llama negocio, local… Pero mira, yo soy de un pueblo enano, donde no había cabina de teléfono ni buzón de correos, pero sí un puticlub. Es una cosa tan normalizada en España…

En lo que más incide y se detiene el relato es en cómo un grupo de proxenetas pasan de ser chulos a ser tratantes, cómo dan con un sistema de explotación perfecto a nivel empresarial…

Todos son autodidactas. La mayoría de los socios de Miguel son analfabetos, gente que en muchos casos no sabe leer, pero son unos linces para los números. Ojo, ellos fueron los ideólogos de la trata en España. Se dieron cuenta de que el negocio no estaba solo en explotar, sino en captar a mujeres en su país de origen porque cuando llegaban a España se convertían en una propiedad que podían vender mil millones de veces. Lo que se cuenta es la transición entre la prostitución normal, entre comillas, en la que había chulos y macarras (siempre ha habido un tercero que explotaba) a la trata: montaron locutorios, enviaron dinero e hicieron contactos en los países de origen y elaboraron un entramado para mandar a las mujeres aquí.

Respecto a esa etapa de la prostitución ‘con chulo’, Miguel cuenta cómo se establecía a menudo una relación sentimental entre las mujeres y sus explotadores, que estos últimos utilizaban para manejarlas. Me recordaba un poco a lo que decía la teórica feminista Kate Millet sobre que el amor ha sido el opio de las mujeres.

Yo hice esa misma reflexión. Imparto muchas conferencias en institutos y veo una involución al amor romántico por parte de las chavalas. Probablemente las de mi generación éramos más rebeldes: queríamos estudiar, viajar, autonomía. Lo que me contaba Miguel era que esas mujeres sufrían necesidad económica pero también emocional. Ellos eran tipos atractivos con don de gentes que las embaucaban: ‘te he comprado un piso, vamos a poner una peluquería’… Cuando se daban cuenta de que todo era un engaño, ellos las amenazaban con contarle a su familia que eran prostitutas, jugando con la vergüenza y el estigma.

En su testimonio, Miguel menciona la Operación Pompeya en 2015, que en su momento fue la mayor investigación por blanqueo de capitales y fraude fiscal vinculada a la prostitución, y cómo a efectos reales no sirvió para nada: “Los cientos de páginas de cobertura mediática que ocuparon todos los medios de comunicación no sirvieron más que para que el asunto estuviera en la conversación durante algún tiempo; pero no pasó nada más. Curiosamente, no se precintó ni un solo club”.

Los puticlubs de los que era dueño en su día Miguel siguen abiertos y a pleno rendimiento. Cuando se sabe que hay tráfico drogas en las chabolas de las afueras de las ciudades, lo primero que se hace es tirarlas abajo. Pero cuando hay víctimas de trata los clubes siguen funcionando. ¿Qué es lo más típico de las carreteras españolas, el toro? No, es el puticlub. No sé si es que no los cierran por si queda mal el paisaje. Miguel no daba crédito cuando les hacían cientos de redadas en sus locales y ahí seguían y siguen funcionando.

Se dieron cuenta de que el negocio no estaba solo en explotar, sino en captar a mujeres en su país de origen porque cuando llegaban a España se convertían en una propiedad que podían vender mil millones de veces.”

Mabel Lozano

‘El Músico’ también aborda la cuestión de los puteros, y cómo en sus 30 años dedicándose a la explotación y la trata no ha visto dejar de acudir a jóvenes a sus locales, una realidad muy preocupante.

Miguel me lo contaba: vosotros, los que os dedicáis a luchar contra la trata, lleváis trabajando con los jóvenes muy poco tiempo. Yo he empezado a dar charlas en institutos hace dos años. Ellos llevan agasajando a los chavales jóvenes décadas. Los jueves se les vaciaban los puticlubs: los hombres pasaban el fin de semana con sus familias. Así que los tratantes se lo curraban para convertirlos en discotecas. Llevan 30 años trabajando en hacer cantera. Se han anunciado en radios de provincia hasta la saciedad, han patrocinado equipos de fútbol, han hecho verdaderos esfuerzos para captar a clientes más jóvenes.

Nosotros no hemos sabido llegar a los chavales. Ellos no leen los periódicos ni medios convencionales. Nos llevan años de ventaja. Una de las soluciones es educar, y te hablo de chicos de 13 años. Explicarles que la prostitución y la trata van de la mano. Cuando imparto las charlas les pregunto: ‘¿Dónde creéis que están las víctimas de trata?’. ‘No sabemos’, me responden. ‘¿Y dónde están las prostitutas?, y ahí me dicen: ‘En los clubes, en las rotondas…’ Pues están en el mismo sitio. El 90% de las veces es lo mismo, y los chavales no lo saben.

Los proxenetas como Miguel han hecho muchas campañas de ‘antisensiblización’. Nuestras campañas sobre la trata son dolor, esclavitud. Las suyas: Fiesta Miss Tetas Mojadas, ven aquí, que rifamos un polvo con una chica. Ellos relacionan la trata con el ocio, con el divertimento.

También está cómo los medios informamos de este tipo de delito: que no falte la imagen de mujeres sin rostro con poca ropa.

Estas noticias siempre se ilustran con el tanga y el tacón. Siempre, siempre, siempre la mujer semidesnuda. Yo lo he reprochado hasta la saciedad, es revictimizar a las mujeres utilizando su cuerpo. Nadie habla del proxeneta. Si es que mucha gente me pregunta que qué es un proxeneta, alucinas. Por eso es importante ponerle cara y voz a los verdugos.

Miguel habla de la intrahistoria de la creación en 2001 de ANELA (Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, extinta desde 2015 tras un juicio por el descubrimiento de menores prostituyéndose en locales que pertenecían a la organización). Así se refiere a esta organización y a otras similares que niegan la existencia de la trata y abordan la prostitución como ‘una necesidad’ y una actividad voluntaria por parte de las mujeres: “Una manera de convertir a los grandes explotadores de la prostitución y la trata, macarras y proxenetas, en honrados empresarios”.

Una vez coincidí con el presidente de ANELA en una tertulia de por la mañana en Antena 3. Allí yo hablé de la trata y me dejó como si fuera yo una loca. Lo que vendió ANELA en su día: estaban todos los días en las teles y las radios. Era todo mentira, una operación de marketing, por un lado para captar mujeres para prostituirse y por otro para blanquearse de cara a la opinión pública. Ellos tienen grupos de presión para intentar legalizar la prostitución y confundir a la ciudadanía.

En varios momentos del libro se asegura que la prostitución nunca es libre. Algunas veces de boca de proxenetas y del propio Miguel y en otras de las propias prostitutas, como Tatiana: “Mira, Miguel, yo soy la puta más puta de todas las que habéis traído o conocido. Primero me explotaste tú, luego me explotó la enfermedad de mi hija, después los estudios de mi otra hija, ahora los de mi nieta… Quien te diga que ejerce libremente que no se engañe, o al menos, que no mienta. Y si no, me la presentas a mí y que me cuente el cuento para reírme un rato”.

La prostitución en libertad también es explotación: el sistema de la diaria (el pago de la estancia en los clubes), por ejemplo. Ellas no se sienten víctimas porque no están en cautiverio. Siempre es como más moderno legalizar que abolir, pero aquí legalizar es una involución en Derechos Humanos. Miguel decía sobre la legalización: “A mí me da igual, yo me traigo a una colombiana en vez de con una visa de turismo con una visa de trabajo. Como no tiene dinero para el billete, se lo adelanto. Como no tiene para darse de alta como autónoma, se lo adelanto. Al mes siguiente ya tiene deuda, así que la exploto igualmente, lo único que sería más fácil”.

En Eslang hemos tenido la oportunidad de hablar con trabajadoras sexuales feministas que no están a favor de la abolición sino que piden derechos y ser escuchadas, como Natalia Ferrari o Conxa Borrell. A menudo, se sienten atacadas y ninguneadas por otras feministas. 

Fíjate que es curioso: el feminismo siempre se enfrenta en temas económicos. Contra la violencia de género estamos todas de acuerdo. Pero no en la prostitución y los vientres de alquiler, que son cuestiones que mueven mucho dinero. En la llamada gestación subrogada: ¿Quiénes son esas mujeres que portan esos niños? Mujeres pobres. Yo, cuando una mujer con vida hecha tenga la generosidad de dedicarle un año de su vida a que otra pobre pueda ser mamá, creeré en la libertad. Cuando una mujer que tenga estudios y pueda tener una profesión y elija ejercer la prostitución, creeré en la libertad. Pero no es lo que yo veo: en la prostitución veo a mujeres sin herramientas, toxicómanas, con cinco hijos. En los vientres de alquiler igual veo a mujeres empobrecidas. Yo alucino cuando una mujer feminista piensa que legalizar la prostitución es una cosa digna para las mujeres.

Miguel explicaba que con la crisis España también se había convertido en un país de captación de mujeres para la trata…

España no solo se ha convertido en un país de captación sino que se han incorporado mujeres a la prostitución y eso hace muchos años que no ocurría. Ellas no se sienten víctimas porque lo han decidido ellas, pero el sistema está creado para explotar. Han dado un primer paso condicionado. Es un círculo del que es muy difícil salir. Incluso para aquellas mujeres que hablan de las bondades de la prostitución. Habría que preguntarles dos años después si siguen pensando lo mismo. Un tipo que trabaja 10 horas asfaltando carreteras dirá: ‘A mí también me explotan’. Sí, pero ellas están trabajando 10 horas con su cuerpo y con su vida, aguantando que te compren o te utilicen como si fueras un zapato.

  • Laura Caso

    Laura Caso

    Me gusta preguntar, me interesa casi todo y llevo fatal esperar. Si algún día me parezco a Bette Davis será que lo he hecho bien.

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