June Fernández: "Si dejásemos de ejercer de policía del género todos seríamos un poquito más felices" | eslang

June Fernández: “Si dejásemos de ejercer de policía del género todos seríamos un poquito más felices”

'10 ingobernables' ya va por su segunda edición.

Leer su ejercicio de periodismo narrativo, '10 ingobernables', inspira:

  • Pero también hace reflexionar sobre un feminismo, el nuestro, que a veces es blanco y heterosexual de coj****

Seguramente el mundo sería bastante mejor si todos decidiéramos complicarnos un poco la vida. Si fuésemos un poco más como los 10 ingobernables sobre los que escribe la periodista June Fernández, ‘madre orgullosa’ de Pikara, medio feminista de referencia.

Personas que hacen y sufren (aunque no pasarán a) la Historia, en España y en Sudamérica, que viven en entornos urbanos, en capitales de provincia o en la Cuba de cuando todavía estaba Fidel, que llevan velo sin ser musulmanas y barba siendo mujeres. “Una gente que es mi gente”, explica la autora, que señala que no ha elegido a las protagonistas queriendo destacar su presunta extravagancia: “Más extravagante es para mí que te guste ir a los toros”, cuenta.

El proyecto se lo propuso Libros del K.O., pero viró de un libro de artículos sobre feminismo con un tono más pedagógico para un público no convencido a un compendio de testimonios que encarnasen las diferentes maneras de combatir los mandatos de género.  Ni la ilustración de portada, ni la tipografía ni la sinopsis aluden a lo LGTB+. Fernández explica por qué: no por una cuestión de ‘armarizar’, sino más bien como aliciente para atraer a gente que, de otra manera, quizá nunca se leyese un libro sobre feminismo.

¿Qué historias conociste primero y cuáles fueron las últimas?

Las primeras son anteriores a que se gestase el libro. La más antigua es la de Yasmin (una activista negra cubana que usa velo pero no es religiosa, es comunista pero no castrista, y disfruta de la fan fiction homoerótica de Harry Potter). Para este capítulo utilicé el material de mis viajes a Cuba en 2012. A Irina (una guerrillera en silla de ruedas que no fue mujer para el mundo hasta bien entrada la madurez) y Doña Sebastiana (activista guatemalteca y superviviente de malos tratos) las había entrevistado también. Las últimas son las que están ubicadas en el Estado Español. La del abuelo homosexual de Bilbao, el ajero, la descubrí por una colaboradora de Píkara. Gracias a una colega del activismo gordo quedé con las feministas gordas. Fue todo bastante intuitivo.

¿Cómo seleccionaste la gente de la que ibas a hablar?

Quería que cada historia sirviera para explicar algo mucho más amplio. La figura tan carismática de Doña Sebastiana, por ejemplo, me sirvió para hablar de las mujeres indígenas en Guatemala, o la de Juanita en Nicaragua (una mujer trans que decidió refugiarse en su caparazón masculino) me sirvió para vertebrar las contradicciones e incomprensión dentro del propio colectivo trans. Que fueran personajes que han encarado violencias muy jodidas sin victimizarse.

Creo que esto es una de las cosas que más sobresalen en la narración. Hay historias truculentas pero no melodrama…

Soy partidaria de no victimizar más de la cuenta, de tratar a las personas como sobrevivientes. El carácter de ellos ayuda: su sentido del humor, su ironía… También me gustaría enfatizar la importancia del activismo para sanar. La mayor parte de las personas son activistas y gracias a esto han entendido lo que les ha pasado y se han sentido útiles.

En una entrevista te preguntaban si pensabas que la división de género era la última frontera. ¿Por qué crees que nos cuesta tanto aceptar lo que no podemos clasificar a las personas según lo que entendemos como hombre o mujer?

En la sociedad, la división entre hombres y mujeres es la más fuerte y la más básica. Cuando una mujer está embarazada le preguntan lo primero si es niño o niña. Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos topado con un mandato de género que ha hecho nuestra vida más gris, en formas tan cotidianas como el deporte, por ejemplo. Si dejásemos de ejercer de policías del género, además de terminar con la discriminación contra las personas transgénero todos seríamos un poquito más felices y más libres. Son corsés que aprietan mucho.

En este último año se han publicado varios ensayos feministas. El tuyo es diferente en el sentido en que casi todos hablan desde la perspectiva de una mujer joven, occidental, universitaria, de clase obrera y urbana.

Me interesan los feminismos que relacionan el sexismo con el racismo, el colonialismo o el clasismo. Intento no practicar un feminismo que, malinterpretando el lema de “lo personal es político”, solo denuncia las formas de sexismo que me afectan directamente como mujer blanca, europea, de clase media y urbana. Creo que recoger las historias de mujeres y personas LGTBI negras, indígenas, trans, rurales… no solo es imprescindible para evitar nuevas exclusiones, sino porque sus relatos sirven para que reflexionemos sobre nuestros privilegios, sobre cómo las mismas personas que denunciamos unas opresiones, alimentamos (de forma más o menos consciente) otras.

2016 ha sido el año de la consolidación del feminismo como parte del discurso mainstream mediático. ¿Cómo valoras esto?

Una periodista de Diagonal, Izaskun Sánchez Aroca, está estudiando bastante el feminismo como nicho de mercado. El feminismo está tan demonizado que el hecho de que Disney se plantee que las princesas pueden ser rebeldes o que no hacen falta princesas me parece positivo. Pero al final no transforman las estructuras básicas. No cambia lo que entendemos por noticia, por política, ni qué conflictos se cubren y cómo se cubren. Qué realidades obviamos, qué cuerpos olvidamos,  incluso dentro del propio feminismo.

 

 

 

  • Laura Caso

    Laura Caso

    Me gusta preguntar, me interesa casi todo y llevo fatal esperar. Si algún día me parezco a Bette Davis será que lo he hecho bien.

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