Política

Crisis, la enfermedad CRÓNICA que padece nuestra generación: estos son sus síntomas

Que ya no hay crisis, que nos hemos curado, pero no nos enteramos. A lo mejor es porque:

· Casi la mitad de los parados de España tiene entre 16 y 34 años: 1,45 de 3,73 millones

· El 69,3% de nuestro sueldo se lo lleva el casero cada mes (el porcentaje recomendable: entre el 25 y el 35%)

Que ya no hay crisis, que nos hemos curado, pero no nos enteramos. A lo mejor es porque:

· Casi la mitad de los parados de España tiene entre 16 y 34 años: 1,45 de 3,73 millones

· El 69,3% de nuestro sueldo se lo lleva el casero cada mes (el porcentaje recomendable: entre el 25 y el 35%)

Lo ha repetido Rajoy, De Guindos, Báñez e incluso lo dicen tus amigos cada vez que vais a tomaros una cerveza. “¿Crisis?, ¿dónde está la crisis? Si no hay ni una silla libre en el bar”.  Has escuchado tantas veces que se ha acabado la crisis que, si no fuese por lo vacía que está tu cartera cada vez que la miras, casi te lo creerías.

El PIB ha crecido y ya se sitúa al 3,1% de la variación interanual, cerca del nivel de 2007, un año antes de la crisis. Los datos macroeconómicos dicen que, a nivel técnico, hemos dejado de tocar fondo y nos estamos recuperando. El dinero que te queda del sueldo después de pagar el alquiler, la compra del mes y el abono de transporte dice que, a nivel social, seguimos siendo pobres y que la crisis nunca se ha ido.

A lo mejor la crisis ha acabado para todos aquellos que nunca la notaron. Según el último estudio de Oxfam, la recuperación económica ha favorecido cuatro veces más a los ricos que a los pobres. Con esto, España se ha convertido en el tercer país más desigual de la Unión Europea y quienes más lo han sufrido han sido las mujeres y, por su puesto, los jóvenes. Por eso para ti, querido joven (que sueña con ser) mileurista, la crisis no ha terminado. Y te vamos a decir por qué.

Primer síntoma: Trabajo

“España es el país que más crece y que más empleo crea de Europa”, “este es el mejor año para el empleo de la serie histórica en términos homogéneos”. Las frases del Gobierno recordándote lo bien que va el empleo y todo lo que ha bajado el paro no paran de sonar en la tele y tú las escuchas muy atentamente desde el sofá de casa de tus padres. Porque tú sigues en paro y eso te da la ventaja, quieras o no, de poder ver los informativos. Otra cosa es que te creas sus declaraciones.

España no es el país que más empleo crea en Europa. La Sexta desmintió las afirmaciones hechas por Mariano Rajoy y Rafael Hernando hace unos meses. En datos estadísticos, nuestro país ocupa la séptima posición junto con cuatro más. Y desde luego nosotros, los jóvenes –refiriéndonos a personas entre 16 y 34 años en este texto-, no habíamos notado en nuestras carnes todo ese empleo creado. En España, casi la mitad de los parados tiene entre 16 y 34 años: 1,45 de 3,73 millones, lo que se traduce en un 23,23% de jóvenes activos sin un puesto de trabajo. Si lo comparamos con la tasa de paro general del país (16,38%), la de la juventud se sitúa un 6,85% más alta que la media española.

En esta franja de edad, y en términos absolutos, hay 4,80 millones de personas ocupadas. En 2007 los jóvenes con trabajo (8.299.900) casi doblaban a los de ahora y los parados (986.300) eran prácticamente la mitad. Sin embargo, esto no se debe únicamente a que antes hubiese más trabajo. Hace diez años en España vivían cerca de tres millones más de jóvenes activos, lo que indica que probablemente la población haya envejecido, que los jóvenes se hayan ido a otros países a buscar un empleo o que se hayan quedado incapacitados para trabajar. O las tres cosas a la vez.

En 2017 había un 76,77% de jóvenes ocupados, en 2007 un 89,38%. O lo que es igual, hace una década había un 12,61% de jóvenes menos en paro. Tras el estallido de la crisis, los que contaban con un trabajo eran cada vez menos y los que se quedaban sin él cada vez más. Pese a que ahora los datos se inviertan, a día de hoy aún nos encontramos con unos niveles similares a los de 2009, cuando estábamos en plena crisis.

A los veteranos de la generación millennial les dijeron que si estudiaban una carrera, tendrían un puesto esperándoles nada más salir; a los medianos que con un máster tendrían un futuro asegurado y a los más jóvenes los animan para que, después de la carrera y el máster, trabajen de manera precaria unos meses “para hacer currículo”. El problema viene cuando esos meses se convierten en años. El 6,88% de los contratos que existían en 2017 en España eran temporales a tiempo parcial, un 1,4% más que hace una década . El trabajo precario por excelencia.

Si eres alguno de los del párrafo anterior, lo más probable es que te graduases en el lado equivocado de la recesión. Pero, al fin y al cabo, te graduaste y por mucho que intenten colártela, no siempre lo consiguen. Soraya Sáenz de Santamaría aseguró que en 2017 había “un mayor porcentaje de contratos indefinidos de los que había en el año 2011”. Nos hubiese gustado que fuese cierto, pero no. En el tercer trimestre de 2017 había un 72,62% de contratos indefinidos en todo el país; en 2011 un 73,97%.

Alrededor del 70% de los jóvenes españoles tiene, a día de hoy, un trabajo temporal, según los datos de Eurostat. En España, los trabajadores que cuentan con un contrato indefinido lo firmaron en su mayoría hace seis o más años (el 70%) y solo cerca del 6% lo firmó en los últimos once meses.

Los jóvenes asalariados cada vez tienen menos contratos a tiempo completo y más de media jornada. De 2007 hasta hoy, somos un 10,04% menos los trabajadores entre 16 y 34 años que trabajan ocho horas y un 8,8% más con un horario reducido. Ahora, en nuestro país, se trabajan menos horas que hace una década debido a una menor actividad empresarial (68.000 horas menos a la semana), pero se echan prácticamente las mismas horas extra y en muchos trabajos siguen sin pagarlas. En este último año, el 46,22% del trabajo a deshora no fue remunerado.

¿Os acordáis de cuando indignaban los sueldos mileuristas? Pues bien: el salario mediano de las personas entre 16 y 34 años es de 13.637 euros brutos al año, según los últimos datos anuales del INE (2015). Así, una persona joven cobra al mes 974 euros (con 14 pagas) sin descontar aún los impuestos y deducciones, mientras que los trabajadores de entre 35 y 54 reciben al mes 1.760 euros, una diferencia de 786 euros. En 2008, primer año que aparece en el INE, los jóvenes cobraban 1.097 euros mensuales.

Segundo síntoma: Vivienda

Estás cerca de la treintena y sigues viviendo con tus padres. No eres una excepción, estás en la media. A los 29 años es cuando el promedio de españoles consigue emanciparse y enfrentarse al mundo de la independencia personal, tres años más tarde que el europeo. Un 5,26% menos de personas entre 16 y 24 años lograron irse de casa con respecto a 2016, la cifra más baja desde 2002.

Sabemos que vivir a merced de los horarios de una casa familiar a estas alturas de la vida no había sido tu sueño. El Consejo de la Juventud achaca esos porcentajes a la situación del mercado laboral y a un sector de la vivienda “inaccesible”. Otros jóvenes han dado el paso y se han atrevido a mirar cara a cara al abismo: el alquiler.

Comprarse una casa suena a rito de paso de antes de la crisis (no hay más que atender al título de la novela de la artista Zahara, Trabajo, piso, pareja, que al nacer en el 83 es millennial por los pelos).  A día de hoy muy pocos pueden lidiar con los gastos que supone tener una propiedad. El número de viviendas hipotecadas ha caído estrepitosamente: en diez años han desaparecido casi un millón. Los domicilios hipotecados se incrementan muy paulatinamente desde 2014, pero los datos poco o nada tienen que ver con los de 2007, cuando se contaban 1.239.000 hipotecas frente a las 282.700 de 2016.

Permitirse una hipoteca cuando tienes entre 16 y 34 años es complicado (tampoco es que nos apetezca vivir una nueva burbuja inmobiliaria). Permitirse un alquiler en una vivienda decente, también. El 69,3% de tu sueldo se lo lleva tu casero cada mes, según los datos del Observatorio de Emancipación. El Banco de España afirma que el 35% de nuestros ingresos es el límite que debemos destinar para pagar el alquiler, Tinsa (compañía de análisis y asesoramiento inmobiliario en España) fija el límite en el 25%. El porcentaje desmesurado que la juventud dedica a la vivienda hace que, después de hacer frente a los gastos básicos, solo te puedas permitir encerrarte a llorar con una botella de Sherinton, porque para la ginebra buena no te da.

En 2017 se dio la mayor subida del alquiler de los últimos diez años. La demanda es inmensa, la oferta muy reducida y los propietarios, en muchas ocasiones, se aprovechan de ello. El precio de las viviendas arrendadas se incrementó un 10,2% en abril del año pasado, lo que deja el metro cuadrado en 8,04 euros, como indica el informe del precio medio de la vivienda de Fotocasa a falta de datos institucionales. No pagábamos tanto por un piso desde el año 2011.

Si alquilar un piso en cualquier región de España es complicado, alquilarlo en la Comunidad de Madrid o Cataluña ya es como llegar vivo a la última pantalla de Super Mario. El 43% de toda la actividad en el mercado de la vivienda se concentra en estas dos comunidades, según Fotocasa, y eso influye en su precio. Cataluña (11,96€), Madrid (11,36€), País Vasco (10,59€) y Baleares (10,05€) son las únicas regiones que superan la media española en el precio por metro cuadrado. A las facilidades existentes de alquilar un piso que se adecue a tu bolsillo, hay que añadirle también el incremento de las plataformas que subarrendan pisos turísticos en las ciudades españolas como Airbnb.

Firmar un contrato, salir de casa de tus padres y encontrar un buen piso en el que vivir ha sido un camino tan enrevesado que lo último que te hace falta es ser una de esas personas que suben las estadísticas de la pobreza energética. En pleno invierno, un 10,1% de los hogares en España no tiene el suficiente poder adquisitivo como para calentar su vivienda, lo que quiere decir que, en 2016, 4.700.000 personas se vieron afectadas, según las últimas cifras de Eurostat.

Tercer síntoma: Calidad de vida

Hay quien considera que los millennials somos unos quejicas. Otros, que nos vamos a convertir – posiblemente- en la primera generación de la historia moderna que será más pobre que sus padres. Mientras que nos hacíamos adultos hemos visto cómo han metido la tijera en derechos sociales, han recortado en educación y en sanidad, han subido el precio de las matrículas universitarias, las facturas de la luz se han inflado y nos hemos convertido en el segundo país europeo en el que más se ha incrementado el IVA.

La subida del IVA no solo nos afectó en tener que reducir las veces que íbamos al cine o de concierto, nos afectó en cosas tan esenciales como llenar el carrito de la compra. En España el IVA superreducido ha pasado en un lapso de diez años del 7% al 10%, incrementando así el precio de la cesta básica y dándonos un poquito más de dolor de cabeza. En 2016 nos gastamos más dinero en comida que el año anterior aún habiendo comprado menos cantidad. En concreto, cada persona pagó 1.528 euros por una media de 662,6 kilos de alimentos.

Y esto a los jóvenes nos perjudica directamente porque casi todo lo que acostumbramos a apuntar en la lista de la compra ha subido de precio. Un carrito muy básico de un millennial podría llevar arroz, macarrones, pan de molde, carne de pollo, unas croquetas congeladas, queso semicurado, kiwis, café, helado, cerveza y una botella de ginebra para ocasiones especiales. El precio de 2007, 36,37 euros; el precio de 2017, 42,36 euros, según los datos del Ministerio de Economía. Seis euros más cada vez que haces la compra, tres cervezas menos cuando sales de terraceo. De esta lista, los productos que más han incrementado su precio son el queso (un 10,19% más caro) y la ginebra (11,10%).

La situación del empleo, el sector de la vivienda y la subida de los precios en productos básicos está acabando con el estado de bienestar de muchos jóvenes españoles. Y ya no hablamos de tomarse unas cervezas menos, sino de una ínfima calidad de vida. Los que tienen entre 16 y 29 años son los que más lo sufren. Tanto que el 38,2% de ellos se encuentra en riesgo de pobreza, según el Observatorio de Emancipación del Consejo de Juventud de España (CJE). A partir del 2007 se produjo un crecimiento acelerado en el nivel de pobreza que continuó hasta 2014, año en el que se alcanzó el máximo histórico. De cada cuatro jóvenes, uno de ellos trabaja para ser pobre.

Pronóstico: Futuro incierto

A principios de 2017 el Ministerio de Cultura decidió que era el momento de rebajar el IVA del 21 al 10% en los eventos culturales. Bajarían un 11% los conciertos, el teatro, la danza y los toros, pero no el cine. Méndez de Vigo declaró que el IVA de las salas descendería cuando lo permitiese “la senda del déficit público”. Tales fueron las quejas que en septiembre la senda del déficit posibilitó que en este año, 2018, se rebajase de igual modo el cine. Pero… ¿dónde está esa rebaja, a ver, que yo la vea?

Las previsiones de futuro tampoco pintan bien. En 2018 se reducirá el porcentaje del PIB destinado a Educación (del 4% al 3,8%), a Sanidad (del 6% al 5,8%) y a Protección Social por tercer año consecutivo, según el Plan Presupuestario para este año. Los fondos destinados a las políticas que fomentan el empleo o que se ocupan de las pensiones caerán del 16,5% al 16,2%. Ahí van nuestros (no) nuevos puestos de trabajo.

(Pasa el cursor por el gráfico para ver los porcentajes de cada partida)

A largo plazo, el mundo de las pensiones tampoco parece que nos vaya a dar muchas alegrías. La relación actual entre el salario y la pensión habrá caído para cuando nos toque jubilarnos, algo que pasará más tarde de lo que podríamos pensar. En 2030 las pensiones se verán afectadas por los efectos demográficos, lo que se traducirá en un aumento de tres años de la edad de jubilación media (de 63,4 a 66,3 años), según estima la Comisión Europea.

La sociedad sabe que nuestro futuro –y presente- no pinta bien. Por eso nos lo ponen en inglés. Ya en 2011 intentaron que aspirásemos a tener un minijob, lo que venían siendo los empleos temporales de jornada parcial mal remunerados. Pero en inglés todo suena mejor. Y ahí se abrió la veda. Ahora es tendencia el nesting, quedarse en casa en vez de salir a la calle porque mola, no porque no tengas dinero que gastarte. También es genial el coliving, o cómo compartir un piso con diez personas más a tus 30 años porque así es la vida moderna. Ser un doer –alguien que lucha por sus sueños a.k.a. echar diez horas extra a la semana no remuneradas- o freegans –la última tendencia en dietas a.k.a. rebuscar en los contenedores del supermercado comida en estado aceptable (nótese que nos parece muy bien lo de no desperdiciar comida a lo tonto)- se han convertido, por si no lo sabías, en la nueva moda entre los jóvenes. O al menos esas son las tendencias que nos quieren colar para que dejemos de pensar que somos pobres y empecemos a creer que lo que somos es cool.

  • Laura Martín

    Por Laura Martín

    En sexto de primaria suspendí matemáticas por primera vez. Ahora me paso el día convirtiendo estadísticas en historias y visualizaciones para evitar que a otros le pase lo que me pasaba a mí. Detrás de toda la parafernalia, al final solo soy periodista.

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