Identidades

El techo de cristal en España, una amenaza para la igualdad de género

El techo de cristal es una de las principales razones de la desigualdad de género. Esa barrera invisible es una limitación velada que limita las carreras profesionales de las mujeres y les impide acceder a puestos de mando o poder. Este techo tan difícil de traspasar explica por qué, aunque más de la mitad de los miembros de la carrera judicial sean mujeres, nunca haya habido una presidenta del Tribunal Supremo y solo haya una mujer entre las 17 presidencias de Tribunales Superiores de Justicia, según ha asegurado la asociación de juezas de España.

Así está el poder judicial, pero otros ámbitos también demuestran la -por ahora- infranqueabilidad de este muro invisible. Por ejemplo, en el poder legislativo. En el Congreso de los Diputados, solo el 39,4% de los escaños están ocupados por mujeres, una cifra similar a la del Senado, el 39,9%. A este respecto, el pasado mes de febrero se aprobó en el Congreso, con la abstención del PP y C’s, una iniciativa del PSOE que instaba al Congreso a cumplir con la igualdad entre hombres y mujeres (que un género no supere nunca el 60%), tanto la de los miembros de la Mesa como la del resto de sus órganos.

El poder ejecutivo, liderado en la actualidad por Mariano Rajoy, no iba a ser menos: de los 13 ministros que conforman el Gobierno central, 5 son mujeres. Otra vez, menos de la mitad.

La historia se repite en otros ámbitos, aquí os dejamos algunos datos de un vistazo:

  • Solo un 22,5% de mujeres son consejeras de empresas del Ibex-35
  • Las mujeres apenas representan un 10,9% del total de miembros de las Reales Academias Españolas
  • Solo hay 2.136 mujeres catedráticas de un total de 10.017
  • Y de los 77 miembros que integran el Tribunal Supremo, solo 11 son mujeres (un 14%)

Por esto (y muchísimas cosas más), #NosotrasParamos.

  • Iris Villar

    Por Iris Villar

    Salmantina. Creadora de contenido sin ser youtuber, hago vídeos de vez en cuando. Cinéfila de formación, seriéfila por vocación y snowboarder casi profesional. Sin miedo a admitir que me gustó el final del Lost.

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