Niños Mutantes: "Hemos sabido gestionar el mal rollo a través de la música" | eslang

Niños Mutantes: “Hemos sabido gestionar el mal rollo a través de la música”

Desde 1994, canciones para la cabeza y el corazón / Foto: María Pomares

Hablamos con el grupo granadino de su último disco, una redención ante su amago de ruptura

  • "Nos apetecía un poco volver a esa electricidad de antes, a esa energía"
  • "Somos como una familia y en las cenas de Navidad nos peleamos"

Los integrantes de Niños Mutantes estuvieron a punto de decir adiós en abril del año pasado en un punto indefinido del camino que hay entre Murcia y Granada. Una conversación aparentemente afable se desbocó, puso a cada uno de los miembros contra las cuerdas y destapó una botella de la que salió mierda a raudales. Pararon la furgoneta en la que iban, tiraron de freno de mano y en una cuneta de ese lugar indeterminado acabaron con la tensión. “Nuestra teoría era que llevábamos casi un año de barbecho, sin tocar… A lo que luego se unían los desgastes propios de cualquier relación”, explicaban el pasado marzo en el programa 180 grados, que presenta Virginia Díaz en Radio 3.

Con la sensación de vértigo inundando a todos, el grupo granadino no se achantó, sacó fuerzas de flaqueza y con los flecos de la disputa aún sin pespuntar, vio que las heridas solo se curan con más búsqueda, con más trabajo y, sobre todo, con más música. Entonces, Migue, Juan Alberto, Nani y Andrés se pusieron a investigar y vieron que había otra vertiente más allá del pop o del folk característico de su sello que les había encumbrado en los escenarios nacionales. Y hablaron para producir un disco con Abraham Boba y con César Verdú de León Benavente. Y compusieron himnos como No Continuar FGL. Y salió Diez, su último disco. Y se reivindicaron después de casi veinte años de carrera. Y Niños Mutantes, de nuevo, se volvió uno.

Ahora, con una cerveza en la mano y con las prisas que supone una entrevista a pie de escenario, Juan Alberto (vocalista y guitarra) y Migue (guitarra) nos atienden. En apenas veinte minutos tienen que subirse a las tablas de nuevo y encender al público, ese bálsamo que les ha ayudado de sobremanera. Esta vez no tendrán que tocar en un escenario gigantesco como el que ocuparán el próximo 11 de agosto en el vigésimo aniversario del Sonorama, pero reconocen que no es fácil levantar a la gente en un ambiente más cercano al acústico. Aun así, la emoción se les nota en las caras, más sabiendo que para esta gira cuentan con el apoyo de Alonso, vocalista y guitarra de Napoleón Solo.

¿Cuál es la guía lúcida que tiene Niños Mutantes para seguir adelante? ¿Este disco ha cambiado vuestras expectativas de futuro?

Juan Alberto: Creo que, simplemente, la pasión por la música. Somos unos ‘yonquis’, tenemos una adicción que no nos han enseñado como se cura. Necesitamos la música en nuestras vidas y necesitamos desafiarnos. Este disco ha sido un reto personal porque las cosas no estaban fáciles, porque llegar a un décimo disco es un reto en sí mismo y porque no queríamos repetirnos.

Lo único a lo que le veíamos sentido para poder seguir disfrutando de la música, que es nuestro norte, es que teníamos que plantearnos que nuestra música tenía que cambiar. Y en este disco hemos buscado deliberadamente otro tipo de sonido.

¿En qué aspectos concretos os ha influido la mano de Abraham Boba y César Verdú en vuestro nuevo trabajo? Leí que os habían quitado las guitarras acústicas…

Migue: Para este disco habíamos hecho como ‘veintipico’ temas que teníamos ahí para ver cuáles eran los que quedaban en el disco. Al contar con ellos se inclinaron por una selección de temas un poquito más eléctricos. Nosotros también veníamos ya caminando por ese sendero para el nuevo disco porque antes habíamos explotado ese tipo de recursos, música más folk, más rollo americana, y nos apetecía salir un poco de eso. La elección de ellos fue pretendida para intentar cambiar un poco de ‘sitio’.

Juan Alberto: Ellos son, en gran parte, responsables de ese cambio. Nosotros lo queríamos y ellos nos ayudaron a orientarlo hacia la electricidad, hacia el músculo y hacia un vigor que quizás teníamos un poco abandonado, aunque siempre hemos tenido. A nosotros nos ha dicho la gente en los conciertos que sonábamos mucho más rockeros de lo que luego quedaba registrado en los discos. Quizá hemos ido a buscar ese lado y ellos han sabido pulirlo, quitar los trozos para llegar a esa energía más visceral, que es lo que buscábamos.

¿Era un objetivo desmarcaros y afianzaros en vuestro sello personal / estilo?

Migue: Tanto como desmarcarnos… Era como volver un poco a los orígenes. De hecho, con todo el asunto de Mutanciones , el disco homenaje que nos hicieron los compañeros, tuvimos que revisitar nuestras primeras épocas y le encontramos cierto gusto a esa electricidad que teníamos un poco abandonada porque, además, en los directos no solíamos tocar canciones del primer repertorio. Nos vimos obligados con el tema de las Mutanciones y la verdad que nos sentíamos bastante cómodos y nos apetecía un poco volver a esa electricidad, a esa energía.

Dicen por ahí que vuestro disco es ‘poco amable’. ¿Qué hay de verdad y qué hay de mentira en todo eso?

Juan Alberto: Sí, hay algo de verdad. No sé si la palabra sería ‘dulzura’, pero es verdad que nuestro sonido en los dos últimos discos era un sonido sin grandes estridencias, no era anguloso, no había aristas… Este es un disco mucho más ‘sucio’ y en el que los bordes pueden cortar un poquito, tanto en la música como en letra. Nosotros siempre hemos tenido un componente bastante ácido en nuestras letras, en nuestra forma de ver el mundo, no ya de ver la sociedad sino de ver incluso las relaciones personales. Pero quizá también en el disco anterior habíamos intentado ser un poco más positivos de lo que estábamos acostumbrados, entonces en este disco hemos vuelto a nuestra negatividad por naturaleza y a la mala leche. La mala leche no suele ser amable.

Fotografía: María Pomares
Fotografía: María Pomares

Si, parece que esa vuelta de tuerca siempre estuvo ahí. Por ejemplo, recuerdo La costilla, del disco ‘Las noches de insomnio’…

Juan Alberto: Sí. Quizá por nuestro estado anímico, por buscar salir de lo que ya teníamos aprendido últimamente nos hemos adentrado más en esos territorios que son más ‘oscuros’. Y la verdad es que nos hemos sentido muy cómodos metiendo los dedos en la herida y no haciendo ‘buenrollismo’. No estábamos para ello.

‘Tempus fugit’ en ‘No continuar’, ‘Collige virgo rosas’ en ‘Jovencita’… ¿Os ha entrado la responsabilidad de avisar a vuestros fans más jóvenes de la fugacidad del tiempo?

Juan Alberto: Claro, ahora que hemos pasado los cuarenta nos damos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y tenemos la obligación de deciros a los más jóvenes que aprovechéis, que viváis la vida, que os desmadréis… Porque la verdad es que pasa rápido. Puede que en este disco está muy presente el vértigo que produce el paso del tiempo. (Piensa un momento) Y aunque tampoco está presente esa sensación de la oportunidad perdida, sí que existe ese consejo entre líneas que os damos a las nuevas generaciones para que os lanceáis a la calle a hacer lo que os pida el cuerpo.

Enrique Morente, Lagartija Nick, Carlos Cano, ahora vosotros… Está claro que Federico García Lorca ha sido referencia directa de la música granaína. ¿Os quedáis con el costumbrismo de su obra teatral o con su lúgubre discurso de Diván de Tamarit?

Migue: Creo que nos interesa más la segunda parte, esa época más oscura de Diván en Tamarit o de Poeta en Nueva York; pero vamos, Llanto por  la muerte de Ignacio Sánchez Mejías también nos gusta…

Juan Alberto: Personalmente, soy más del Romancero Gitano. Esto ni lo saben ellos: las primeras veces que escribía era porque un profesor que tenía en el colegio nos hacía escribir poemas y siempre nos basábamos en un poema de Lorca, del Romancero. Luego, a su vez, buscábamos vocabulario para crear nuestros propios poemas inspirados en éste y también en otras obras como Platero y yo; es decir, trabajaba con Juan Ramón Jiménez y Lorca. Entonces, yo al Lorca más costumbrista lo llevo en las venas, porque con 10 años o algo así nos cargamos el Romancero Gitano de ‘pe a pa’. Recuerdo que me atrapaba y quizás el primer impulso que tuve para escribir vino por ahí. Eso sí, la vanguardia de Lorca también es muy interesante: por un lado, la Andalucía del olivo, el gitano, la cueva del Sacromonte y la chumbera; y por otro lado,  los rascacielos y el caimán en el cielo de Nueva York.

¿A qué se debe vuestra obsesión por las islas sin ejército como Costa Rica o Islandia?

Juan Alberto: Los sitios sin ejército tienen un punto especial, denotan que hay gente que está más avanzada y que tiene una mentalidad diferente. No solo coinciden Islandia y Costa Rica en que no tienen ejército, coinciden también en que la gente sabe que la naturaleza es más importante que ellos. Yo tuve la suerte de haber viajado a estos dos países y la verdad es que cada uno inspira una canción de este disco. Son sitios que impactan y que se te quedan en el corazón.

En este disco habéis buscado ser más literales, eliminando metáforas, cualquier adorno innecesario… ¿Es complicado decir algo sin dar tantos rodeos?

Juan Alberto: Creo que van ya unos cuantos discos que generalmente no hace falta rascar mucho para ver de qué van las canciones. Cuando empezamos, sea por timidez o sea porque buscábamos un lenguaje supuestamente más poético, podían ser canciones con más imágenes, en las que era más difícil identificar qué era lo que estaba diciendo. Creo que desde hace varios discos las cosas suelen salir muy claras y quizá especialmente crudas en este. Nos gusta llamar a las cosas por su nombre.

Decíais en Mondo Sonoro que generabais cierta envidia en el mundillo por vuestra armonía. ¿Detrás de la aparente unión de las bandas hay siempre cierto ‘cainismo’?

Migue: Nosotros lo hemos contado. Son muchos años juntos y somos como una familia. Es decir, en las cenas de Navidad nos peleamos. Es mucho tiempo y de alguna manera tiene que salir el mal rollo, lo que pasa es que lo hemos sabido gestionar a través de la música.

Fotografía: María Pomares
Fotografía: María Pomares

¿Cómo lo evitasteis? ¿Cómo limasteis esas asperezas? Porque estuvo la cosa al borde la ruptura…

Juan Alberto: Fue bastante desagradable porque nosotros, en 18 años y pico, prácticamente solo habíamos conocido una relación entre cuatro personas, casi siempre con aspectos positivos y con muy pocas asperezas, vamos, cosas puntuales. Generalmente hemos disfrutado mucho de nuestra compañía y haciendo música juntos. Pero bueno, siempre hay corrientes subterráneas que van creciendo y  llegó un momento en que la capacidad de la cañería subterránea llegó a su límite, reventó, y salieron cosas. Pero es positivo y sano que salgan. Además, no es fácil que cuatro personas se lleven bien durante 20 años. De hecho, es bastante milagroso que lo hagan, sobre todo con una convivencia tan intensa como la que tenemos y que no es comparable a la que tienes con tus amigos normalmente. Al final, compartimos un proyecto en el que hay muchas horas, hay tensiones profesionales y no es fácil.

Eso sí, simplemente el placer tan grande que experimentamos cuando tocamos fuerte nos hace no perder el norte. Y decir que, por muchas pequeñas diferencias que podamos tener, siempre habrá cosas más grandes que nos unan. Todo comenzó a rodar de nuevo cuando volvimos a hacer gira otra vez y a estar en la carretera. Estamos fantásticamente: no hay divorcio a la vista, se lo decimos a Jorge Javier y a toda la prensa del corazón.

¿Y hubiera salido el disco igual sin estos rifirrafes?

Migue: Creo que también tiene un poco más de rabia por eso, ha sido la forma de sacar nuestros fantasmas fuera.

Juan Alberto: Y le debemos directamente una canción. ‘NM’ ha acabado siendo el primer single del disco y es una canción deudora de esa crisis personal.

  • Miguel Luque

    Miguel Luque

    Periodista, de Jaén y olivarero. Nunca estoy contento con lo que escribo hasta que compruebo que es verdad.

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