No es solo la crisis: investigadores exiliados nos cuentan por qué se fueron (y quizás no vuelvan) | eslang

No es solo la crisis: investigadores exiliados nos cuentan por qué se fueron (y quizás no vuelvan)

Fue hace unas semanas cuando un nombre, el del biólogo madrileño Ciro Cabal, saltaba a los titulares para convertirse en emblema mediático del goteo constante de investigadores y científicos españoles al extranjero. Investigadores exiliados. El caso de Ciro es un paradigma: tras ser rechazado diez veces en becas para el doctorado en nuestro país, va la Universidad de Princeton y lo acepta. Pero no es, claro, el único.

La dimensión del fenómeno es tal que Harvard Spain, la asociación de estudiantes españoles en la prestigiosa universidad estadounidense del mismo nombre, celebró en abril la primera edición de “Spain’s Brain Drain”, una conferencia que intenta analizar la fuga o transferencia (según quien la mire) de talento nacional. Decimos intenta porque no es fácil; en conversación por Skype con uno de sus organizadores, el arquitecto Alejandro Valdivieso, queda claro que el fenómeno es un prisma con muchas caras. Él intenta siempre buscar el lado bueno.

“La conclusión más positiva de la conferencia es que los españoles jóvenes son ciudadanos globales y locales, muy preparados, que pueden trabajar en cualquier parte, y que España tiene una capacidad enorme de formar profesionales de alta cualificación en casi todas las disciplinas, por no decir en todas. Lo verdaderamente frustrante es que si te formas como biólogo, geólogo, filósofo o historiador del arte difícilmente tendrás trabajo en España. Algo está pasando, porque se está invirtiendo en nosotros, pero se está perdiendo dinero porque nos vamos. Hay profesiones completamente desamparadas”, explica.

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No creo que mi caso sea como el de Ciro. En un primer momento la mayoría de las personas con las que contactamos para este reportaje se excusan así. Se refieren, en su mayoría, a que no han esperado a que los rechazasen diez veces para irse fuera. Algunos ni siquiera intentaron buscar financiación para investigar en España y empezaron por el extranjero. *Sus historias son distintas, pero tienen algo en común; todas reflejan que la realidad no puede reducirse a un titular. Mientras algunos se siguen considerando unos privilegiados, otros dicen que la suya no ha sido, en ningún caso, una elección libre, sino que ha estado condicionada por la coyuntura económica, aunque aclaran, al mismo tiempo, que no es crisis todo lo que “reluce” en esta brain’s drain, como tampoco es oro todo lo que brilla fuera de nuestras fronteras.

“No es solo la crisis”

Vicente Muñoz-Reja es investigador en Filosofía en el Boston College, una ciudad donde ya existe una nutrida colonia de españoles, y también ha participado en la primera edición de “Spain’s Brain Drain”. Le gustaría que no se simplificara el fenómeno de la emigración académico-científica en los medios de comunicación y la opinión pública: “Con el fin de ser constructivos en relación a este tema creo que deberíamos afrontarlo de manera menos apresurada”.

“La explicación de por qué la gente se va de España para hacer investigación y ciencia no puede contestarse simplemente con la palabra crisis”, asegura en un correo electrónico. Ése no es un análisis incorrecto, pero sí superficial, añade. Él propone, entre otras cosas, reflexionar sobre la historia reciente de la investigación y la ciencia en España y compararla con la de otros países del entorno europeo y occidental. “¿Hay movilidad entre las universidades españolas? ¿Cuántos profesores, investigadores o científicos de una institución han obtenido su doctorado en la misma? ¿Sucede así en entornos académico-científicos internacionalizados?”, se cuestiona. Tratar de entender el fenómeno, señala Vicente, “es tomarse en serio la pregunta de por qué ocurre”.

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Víctor Alonso Rocafort (39) cree que hoy en día es “impensable” que alguna universidad española adjudique en concurso público a alguien de fuera y sin vínculos con el departamento una plaza de profesor como la que él obtuvo en Talca, en Santiago de Chile. Este especialista en Teoría Política tiene a sus espaldas más de ocho años de experiencia, pero encadenando casi siempre contratos de sustitución o interinidad. “En España, cuando sale una plaza buena, te tienes que enterar de si tiene bicho”. Traducción de la jerga universitaria: si está dada, si ya tiene nombre y apellidos.

“¿Para qué hacer entonces toda la burocracia, que a veces lleva varios días, para optar a ella? Incluso sé de gente que no se presenta a determinadas plazas porque teme que los grupos de poder que se la quieren adjudicar a otros los enfilen”, continúa. Víctor tuvo que regresar de Chile por motivos familiares, pero las plazas de profesor que están saliendo en nuestro país, explica, son de asociado y “por 300-600 euros al mes”, así que no descarta empezar a buscar trabajo en otro sector.

Él cree que lo que la crisis ha hecho no ha sido más que acentuar males estructurales. “Lo que ha pasado en la universidad es que las redes clientelares que antes te podían conseguir una plaza fija ahora solo te pueden dar una temporal. Antes podías optar por tus méritos, te podía tocar. Pero los recursos han descendido y las redes se han estrechado mucho”, relata.

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Pedro Belio (24) estudió Biotecnología y ahora se prepara para ser investigador biomédico. Un objetivo que ya está más cerca gracias al contrato que ha conseguido, dentro del programa de doctorado de la Universidad Otto von Guericke de Magdeburg, en el German Center for Neurodegenerative Diseases, pero que no siempre ha parecido alcanzable.

Y eso que hubo un momento en el que, como él mismo cuenta, se hubiera “conformado con nada”. “Me puse a hacer un máster en Barcelona y entré en prácticas en un laboratorio. Me dijeron que era imposible que me quedara porque no tenían dinero para contratarme. Aun así, trabajé mucho, una barbaridad, había días que echaba 12, 14… incluso 20 horas, entre otras cosas, porque quería convencerlos de que valdría la pena mantenerme allí haciendo el doctorado”, relata por Skype.

“Pero fue imposible, porque no hay medios. Y, viéndolo con perspectiva, pienso que no habría valido la pena quedarme, porque ni siquiera habría tenido dinero para material”, reflexiona ahora. Si a Pedro no le cogieron en aquel laboratorio fue, entre otras cosas, porque no podía optar a una ayuda del Ministerio de Educación. “Mi expediente universitario no es brutal. Estaría bien que las ayudas estuvieran basadas en el expediente si el sistema español funcionase de otra forma, pero aquí solo se fomenta la memoria”, comenta. Por eso, en cuanto dejó el laboratorio, supo que “la solución estaba fuera”. “La gente a la que le gusta la ciencia tiene que ser muy obsesa, y yo lo soy”, explica entre risas. Cree que, en Alemania, donde le han contratado tras una entrevista y una exposición por videoconferencia, “la motivación y la vocación se valoran mucho”.

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El objetivo de Javier Cámara (38) después de doctorarse en Informática en 2009 era acceder a una plaza fija en el sistema español de ciencia. Para ello necesitaba experiencia, y la adquirió con contratos de investigación posdoctoral que le llevaron a Francia, Portugal, y, finalmente, a la Carnegie Mellon University de Pittsburgh, Estados Unidos. Allí se ha quedado, porque, tras un par de años, su contrato pasó a ser indefinido y “en lo laboral, las perspectivas son buenas”, mejores, sin duda, que en España.

“Una de las diferencias fundamentales que percibo entre Estados Unidos y España es que aquí se valora mucho la preparación y se recompensa bastante el esfuerzo, algo que, en términos generales, brilla por su ausencia en España”. Y, si nos centramos en el campo de la investigación, nos cuenta, “la falta de medios en España contrasta con la cantidad de recursos que se invierten en investigar aquí”.

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Desde el principio, Blanca Peguera (24), graduada en Ciencias Biomédicas y con un máster en Neurociencia, supo que la investigación no sería un camino fácil: “El trabajo en un laboratorio puede llegar a absorberte por completo y tienes que valorar si eso te compensa”. Ella renunció a una beca del Ministerio para el doctorado y empezó a pensar en lo que de verdad quería, en vez de lo que querían de ella los demás.

“Cuando tienes opciones a una beca de doctorado en España, muchos grupos de investigación se interesan por ti por el hecho de no tener que pagarte de sus bolsillos, sin importarles mucho lo demás”, cuenta. Actualmente lleva cuatro meses como estudiante de doctorado en la Goethe Universität de Frankfurt, donde no depende de ninguna beca -tiene un contrato con la universidad- y se muestra satisfecha, porque siente que en el trabajo se le valora por sus aptitudes, experiencia y personalidad, y “no por la nota”.

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Azahara Palomeque (29) se licenció en Periodismo y Comunicación Audiovisual en 2009, “el año que se suele indicar como fecha de inicio de la crisis en España”. Pero, para ella, la crisis ya existía antes: “en los medios de comunicación no se estaba contratando a nadie en plantilla, todo eran prácticas, contratos temporales, o hacerte autónomo o freelance”.

Así, cuando vio que la Universidad de Texas ofrecía un máster en Cultura y Literatura Brasileña (una de sus pasiones) lo solicitó. La aceptaron, con beca, y cuando terminó, en 2011, la crisis y sus consecuencias ya se habían visibilizado lo suficiente, y Azahara decidió que lo mejor era quedarse en Estados Unidos, donde hoy está a punto de terminar su tesis doctoral en Princeton.

Lleva varios meses buscando trabajo, por ahora sin éxito, y nos habla de la “descompensación abismal” que, en su opinión, existe entre los estudiantes que la universidad americana admite y los trabajadores que luego el mercado americano retiene. Además, aunque allí los datos del paro son más esperanzadores que en España, explica, “la tendencia también es la de crear contratos temporales y/o a media jornada que además no ofrecen ningún tipo de prestación social”.

Fuera también hay dificultades

Ángel Cordero dice que se puede considerar afortunado, porque él sí tuvo la oportunidad de trabajar en lo que había estudiado: Ambientales y un máster de Gestión Integrada. Pero la situación económica y personal le hicieron volver a la universidad, donde se inclinó por la investigación.

Cuando ya llevaba tres rechazos en becas para el doctorado en España, le aceptaron en la University College de Dublin, en la que ahora mismo está escribiendo su tesis. “Irlanda tiene más posibilidades de cara a encontrar un trabajo o beca post doctoral relacionada con mis estudios, aunque realmente es difícil hacerse camino en general dentro del área científica”, señala, así que no descarta “buscar fuera de allí también”.

Volver…

Alejandro Valdivieso, uno de los organizadores de “Spain’s Brain Drain” reconoce que, incluso en el caso de aquellas becas que, como las célebres Fullbright, establecen mecanismos para que sus beneficiarios regresen a España cuando las terminen, “hay un choque de realidades que impide que eso se cumpla, porque la situación en España es, en muchos casos, muy dramática. Muchas personas que se aventuran a probar suerte fuera deciden quedarse porque las condiciones son mucho mejores, muy a nuestro pesar”.

Lo suscribe desde Estados Unidos Azahara Palomeque: “Me gustaría volver, pero no a cualquier precio: lo que yo estoy buscando, y supongo que mis compañeros de exilio también, es una estabilidad laboral que nos permita hacer ciertos planes a largo plazo, nada del otro mundo, sino simplemente aquello que caracterizó la vida de muchos de nuestros padres […] Si existe, me gustaría vivir en el país que me permita satisfacer esas mínimas cuotas de dignidad…”.

“No puedes formar científicos, forzarlos a dejar su país y luego atraerlos con contratos que rozan la precariedad, porque en el extranjero sí valoran todos los años de formación”, añade Ángel Cordero desde Dublín. “Cuesta suficiente sobrevivir cuatro (o cinco) años con una beca predoctoral, pero más cuesta sabiendo que lo que viene puede que no sea mucho mejor”.

  • Manuela Astasio

    Manuela Astasio

    Periodista y mujer orquesta. Como diría Lola Flores, soy “una persona muy sensible que ha visto muchas cosas”.

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