Fact-check 1 | El inglés, invisible en la Universidad española

Universidad Laboral de Gijón (Asturias) / David Álvarez López

Imaginaos por un momento un sistema educativo universitario en España convertido en un púgil de peso pluma. “La impartición de titulaciones oficiales de grado y máster en lenguas extranjeras es todavía muy reducida en la oferta de las universidades españolas”. Con esta frase, habría quedado noqueado en el primer asalto. Por suerte, no lo es.

La afirmación -clara, directa, cruda- la realiza la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) en su último informe estadístico sobre el curso 2014/2015.  En él se evidencia que el uso de las lenguas extranjeras sólo alcanza el 7% y el 18% de los grados en las universidades públicas y privadas del país, respectivamente. Con respecto a los másteres, los valores llegaban al 10% en las públicas y al 12% en las privadas.

La competencia comunicativa en inglés puede ser un requisito o, por lo menos, un mérito para conseguir trabajo. Hoy en día, muchos anuncios de puestos de trabajo exigen titulación universitaria pero también valoran el conocimiento del inglés”, explica la catedrática Jasone Cenoz en su investigación ‘El inglés como lengua de instrucción en la Universidad: nuevas tecnologías y multimodalidad‘.

Así, la deseada internacionalización de las universidades está condicionada a que la oferta de estudios se ofrezca en lengua extranjera o, al menos, en condiciones de bilingüismo (es decir, asignaturas en español y en otro idioma).

Para tal necesidad, el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) se puso manos a la obra y, en 2014, publicó la  Estrategia de Internacionalización de las Universidades Españolas 2015-2020.

Uno de sus objetivos era ampliar la oferta formativa bilingüe (o en lengua extranjera) hasta el 30% en grados y el 50% en másteres universitarios para el primer semestre de 2015. Especialmente, en inglés, el idioma de la Ciencia y la Economía por excelencia.

Pero los datos no dejan lugar a dudas. La presencia de la lengua anglosajona en la educación superior -la universitaria- es todavía reducida.

Ello, a pesar de la oferta formativa del inglés en las enseñanzas primaria y secundaria. En España, casi el 100% de los alumnos aprenden la lengua anglosajona en la escuela. Este porcentaje se reduce, de forma exigua, al llegar a la enseñanza secundaria: un 97,5% de los estudiantes estudia inglés durante su paso por la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), según datos de Eurostat para 2014.

Excepciones positivas…

En 2007, se estableció en España la nueva estructura del sistema de enseñanzas universitarias adaptada al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Su objetivo principal era la internacionalización de las instituciones educativas a través de la movilidad de estudiantes, profesorado o titulados y, por supuesto, del estudio de lenguas extranjeras.

La adaptación pasa por dos ejes fundamentales: “la calidad y la lengua”, según el MECD. Para el cumplimiento de ambas, el Ministerio entonces dirigido por José Ignacio Wert acordó una serie de actuaciones. Entre ellas, el incremento de la movilidad de docentes, los servicios de apoyo a estudiantes extranjeros, los programas conjuntos con universidades de otros países o el ya citado aumento de la oferta formativa.

A nivel lingüístico, la prioridad es el aprendizaje del inglés. Sin embargo, en la educación superior existen debilidades y amenazas que todavía hoy impiden la normal integración del inglés o de otras lenguas extranjeras. El MECD destaca, además de la escasa presencia actual de lenguas extranjeras en titulaciones oficiales, “la dificultad de reclutamiento internacional de PDI (personal docente investigador) y PAS (personal administrativo y de servicio)” y “las dificultades normativas y económicas para la renovación de plantillas”.

Esto provoca que, nueve años después de la implantación de la nueva estructura, la internacionalización continúe sin ser real. Sólo una serie de universidades han apostado, hasta el curso 2014/2015, por la oferta formativa bilingüe o en modalidad de lengua extranjera.

En concreto, siete, según la CRUE. Ofrecen más de un 30% de sus grados de esta forma “la Universidad de Alcalá, la Universidad Carlos III de Madrid, la Universidad Pública de Navarra, la Universidad Europea de Madrid y la Universitat de Vic”. Y más de un 30% en másteres “la Universitat Pompeu Fabra, la Universidad Carlos III de Madrid y la Universitat Autónoma de Barcelona”.

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Son excepciones positivas que rompen con el estado actual de la cuestión. Otro ejemplo de ello es la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo: la mitad de sus titulaciones se ofrecen en modalidades bilingüe o exclusivamente en inglés.

Pero, ¿por qué hay tantas diferencias entre universidades en el uso del inglés? Según el decano de la Facultad anteriormente mencionada, José María Legorburu, “depende de la voluntad de las instituciones. Debe existir la voluntad de vencer posibles resistencias y apostar por los idiomas”.

Unos apostaron más que en otros. En el caso que indica Legorburu, la apuesta por el inglés como herramienta educativa esencial comienza hace más de una década. Ahora, “en el curso 2015/2016, un tercio de los estudiantes de primer año ya realizan sus estudios en formato bilingüe o en lengua extranjera”, explica.

….que también reciben críticas

Dos universidades mencionadas con anterioridad -la Carlos III de Madrid (UC3M) y la de Alcalá de Henares- también son objeto de crítica por parte de alumnos internacionales que estudiaron o estudian grados bilingües o, de forma íntegra, en inglés.

Para Meike Guo, que cursó un Grado en Periodismo en la UC3M entre 2011 y 2016, la infraestructura para ofrecer clases en inglés era “insuficiente”. “Me sentía como en un gallinero experimental”, dice. Según este estudiante chino, el nivel de profesores y alumnos no era adecuado: “Me atrevo a decir que el nivel de inglés de un joven universitario medio en Pekín es superior que el de un colega en Madrid”.

También habla del profesorado: “Con todos mis respetos, muchos no estaban preparados para dar clases en inglés. Me acuerdo de un profesor periodista que solía confundir la palabra sources (fuentes) con sausages (salchichas)”.

La italiana Claudia Falzone se muestra menos crítica que Meike Guo. Cursa diferentes asignaturas en Estudios Ingleses y Estudios Hispánicos (con todas las clases en inglés) en la Universidad de Alcalá y destaca las diferencias entre ambas: “En las clases de Estudios Ingleses, el nivel es bastante alto. Incluso, me esperaba un nivel más bajo. En cambio, en la de Estudios Hispánicos el nivel baja”. No obstante, rompe una lanza en favor del profesorado asegurando que su nivel le parece “muy bueno”.

Sin embargo, los dos estudiantes extranjeros coinciden en un hecho: la ausencia de docentes extranjeros (o nativos). Mientras Claudia Falzone destaca que los estudiantes Erasmus extrañaron “no tener ningún profesor nativo”, Meike Guo sostiene que sólo ha tenido uno en toda la carrera. Y no es de extrañar. Según la CRUE, sólo el 1,6% de la plantilla universitaria de docentes no tiene nacionalidad española. Y no todos ofrecen clases bilingües o en lengua extranjera.

Muchos profesores no estaban preparados para dar clases en inglés. Me acuerdo de un profesor periodista que solía confundir la palabra sources (fuentes) con sausages (salchichas)”

Meike Guo, estudiante chino de Periodismo en la UC3M

Estas opiniones podrían ser gratuitas. Pero no lo son. Coinciden con las afirmaciones vertidas sobre el conjunto de universidades por el Ministerio de Educación, en su Estrategia de Internacionalización, y el Bristish Council, en la publicación de una conferencia sobre la formación inicial de profesores de programas bilingües en inglés.

Entre las principales críticas de los expertos al desarrollo del inglés hasta la actualidad destacan: la asignación de recursos financieros insuficientes por falta de recursos de las instituciones; el limitado interés del personal; el escaso nivel de inglés de los estudiantes universitarios o el no desarrollo de una Agencia potente con programas de apoyo a la internacionalización.

Y con respecto al profesorado, criticado por el estudiante asiático, otro informe -realizado por los docentes de la Universidad de Alcalá Ana Halbach y Alberto Lázaro- asegura que “la amplia oferta formativa en otro idioma no implica que ésta sea de calidad o que el profesorado esté preparado”. Sólo una de cada cuatro universidades exigen un nivel C1 -esto es, avanzado- en inglés a los docentes que den clase en esta lengua. Concluyen que existe una carencia “de requisitos de nivel avanzado en muchas universidades que pone en entredicho la calidad de la enseñanza en inglés”.

Diferencias entre CCAA y ramas de enseñanza

El informe estadístico de la CRUE también ofrece datos sobre el uso de las lenguas extranjeras en las universidades públicas -sólo centros propios- por comunidad autónoma y por ramas de enseñanza.

Por autonomías, Navarra destaca por encima del resto a nivel global, como se observa en el siguiente mapa. En el lado contrario (y negativo) se encuentran Extremadura, Cantabria -en donde sólo hay grados y másteres en español- y La Rioja, que sí dispone de másteres en esta modalidad (un 15%) pero no oferta ningún grado que sea en una lengua distinta al español.

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Con respecto a las ramas de enseñanza, Artes y Humanidades ofrecen un mayor porcentaje (un 18%) de grados bilingües o sólo en inglés, muy por encima de la media entre las universidades públicas de España.

En el lado de los másteres son las titulaciones de Ciencias, excluyendo las Sociales y de la Salud, las que más se ofrecen en una lengua extranjera: un 17%.

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Un reto plausible

Pese a todas las críticas sobre la integración de las lenguas extranjeras en las universidades públicas de España, la situación mejora con el paso de los años. La estudiante Paloma Álvarez del Vayo y el decano José María Legorburu lo atestiguan desviando el rumbo negativo del relato.

La primera, estudiante del Grado en Periodismo bilingüe en la UC3M -la misma carrera cursada por Meike Guo-, afirma que, en su segundo año de carrera, su experiencia está siendo “positiva y satisfactoria”. Y agrega que el nivel actual, tanto de profesores como de alumnos, es “elevado”.

Sus afirmaciones divergen todavía más de las realizadas por Meike: “El nivel de inglés se ajusta a mis expectativas. Todo se hace en este idioma y la comunicación profesor-alumno no está permitida en español, por lo que te sumerges en un ambiente totalmente bilingüe”.

Por su parte, Legorburu garantiza que cada vez más estudiantes llegan a la Universidad de la que forma parte para realizar la carrera superior en su plenitud. “Y muchos de ellos, en grados bilingües o en inglés”, dice.

Pese a las críticas de diversos informes y alumnos, el desarrollo del inglés en la Universidad española es paulatino y mejora con el paso de los años

“Decisión y firmeza” son las dos claves del decano para afrontar el reto que continúa siendo la integración de lenguas extranjeras en la enseñanza superior en España. En lo que a su universidad respecta, destaca que los docentes asisten a cursos de formación en inglés “para mejorar o, al menos, mantener el nivel”. Pero esta realidad dista de lo que se vive actualmente en otras muchas universidades del país.

Según los expertos, las universidades, tanto públicas como privadas, deben apostar por el aumento de programas educativos europeos, el incremento de docentes y estudiantes internacionales o la mejora de las infraestructuras de internacionalización a nivel estatal con el apoyo de organismos públicos.

Así, mientras las afirmaciones de Meike Guo o Claudia Falzone suponen toques de atención para las universidades, las palabras de Paloma Álvarez del Vayo o Legorburu son sinónimos de buen hacer y de oportunidad. Todo depende de las decisiones a corto plazo de los dirigentes. El camino a recorrer es largo y cuenta con obstáculos, como la insuficiente financiación, pero el terreno es sólido.

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  • Carlos Muñoz

    Carlos Muñoz

    Periodista de datos. O eso dicen las estadísticas. También soy escéptico, pero con un axioma vital: correlación no implica causalidad.

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