Cinco razones por las que sigues siendo un becario precario indefinido

Tienes más de 25 y ya te has dado cuenta de que...

  • Conseguir un contrato indefinido es más difícil que entrar en Hogwarts

“Tiene casi 20 30 años y ya está cansado de soñar” con un contrato laboral. Puede resultar paradójico que cuando pensemos en libertad nos venga a la cabeza un contrato laboral que nos ate a una silla durante 40 horas a la semana, pero claro, el primer paso para ser libres es ser solventes, no estar agobiados porque no llegamos a fin de mes o, incluso, tener unos ahorrillos, ¿no? Y la verdad es que como mucho llega uno a ser becario.

No tienes ni experiencia ni más de 30 años

Estás formado, tienes hambre y ganas de hacerlo bien, pero primero tienes que prosperar dentro de tu empresa o, directamente, recibir una oferta de trabajo de las de verdad, de las que te pagan un sueldo, tienes tu Seguridad Social, tus vacaciones y días de asuntos propios.

No es sencillo, habitualmente en las ofertas laborales se busca un perfil profesional con una edad y una experiencia determinada. Según el Informe Infoempleo y Adecco sobre la oferta y demanda en España, la edad que suele buscarse a la hora de contratar a un profesional es de 33 años y con una experiencia en el sector de, al menos 3,3 años. En otras palabras, te va a tocar ir de beca en beca hasta que al cumplir, al menos, los 30 años (!!!!), firmes tu primer contrato y vivas una alegría más o menos así:

 

Has estudiado letras

Si ya nos lo decían de pequeños: “Tú estudia ingeniería, que es lo que tiene salida”; pero eres joven, tienes pájaros en la cabeza y crees que serás el próximo Woodward, Murakami o Nietzsche. Nada más lejos de la realidad, a estas alturas tu mayor éxito es la traducción del valor energético de una caja de cereales, las prácticas en aquel colegio bilingüe de extrarradio o ese tuit al que Cuñado de Twitter dio un FAV. Según la encuesta de inserción laboral de titulados universitarios, en 2014, siete de las diez carreras con mayor tasa de empleo han sido ingenierías. En la cola, las que menos empleo han generado son las filologías, Historia o Bellas Artes.

Sigues queriendo trabajar en España

Los jóvenes españoles tenemos la extraña costumbre de tener apego y coger cariño a la ciudad donde hemos nacido, al barrio donde hemos crecido o a las personas con las que hemos compartido parte de nuestra vida. Estas rarezas influyen negativamente en nuestra carrera profesional. Según Eurostat, tras Grecia, somos el Estado europeo con una tasa de desempleo más elevada. En abril de 2016, los datos de desempleo en España fueron de un 21%, en Noruega; Reino Unido o Alemania no llegaban ni al 5%. En realidad, lo que debe hacer todo buen patriota es comprar un billete de avión solo de ida en busca del contrato prometido.

 

Quieres cobrar un sueldo

Esta es otra de las manías del joven español, que le gusta cobrar por trabajar. No solo de becas vive el hombre. Ante esta tesitura, nos enfrentamos a dos posibilidades: esperar hasta que encontremos algo que nos satisfaga profesionalmente o firmar cualquier contrato para poder recibir ingresos al final de mes. Ante esta última opción surgen dos fenómenos: la sobrecualificación y subocupación. El primero de ellos indica las personas que desempeñan un trabajo en el que no es necesario el nivel de estudios que han alcanzado. En cambio, el segundo define a los profesionales que tienen un contrato con menos horas de lo que les gustaría.

Respecto a la sobrecualificación, el Banco de España señaló que en 2011 cerca del 35% de los trabajadores españoles se encontraban en esta situación. Por su parte, el Observatorio de Emancipación del Consejo de Juventud de España, indica que este porcentaje incrementa entre los jóvenes, sobrepasando la barrera del 50%. En cuanto a la subocupación, los datos de este mismo informe no son positivos: en torno al 20% de los menores de 34 años se encuentran en esta coyuntura.

 

Tanto este concepto como la sobrecualificación  suelen ser criticados. El primer motivo es la dificultad para medir estas variables. Los propios estudios suelen indicar que las cifras deben tomarse con cautela. Es decir, que es cierta la idea general de que existe un problema, aunque quizá no puedan conocerse los números con total exactitud. La segunda crítica es la eterna pregunta: ¿faltan puestos de trabajo cualificado o el verdadero problema es que sobran profesionales con un nivel de preparación superior? Este debate seguramente resulte apasionante a todos los jóvenes que andan pillados para llegar a fin de mes.

Sale rentable que seas becario

No siempre la culpa es de los jóvenes, aunque sean unos millennials de mierda no elijan bien la carrera que estudiar, no quieran salir de España o busquen una remuneración acorde a su profesión.  En los últimos años, el número de becarios no ha dejado de crecer y ya son 70.000 según los últimos datos de la Seguridad Social. Sin embargo, estos cifras tienen su trampa. Según confirma el sindicato UGT, contabilizan únicamente aquellos que no reciben ninguna remuneración.

El resto de becarios se contabilizan en un apartado llamado “otros”, junto, efectivamente, a otros colectivos. Por tanto, no puede conocerse el número exacto total de becarios, aunque sí podemos detectar una tendencia al alza. UGT señala que entre marzo de 2013 y ese mismo periodo en 2016 ha incrementado el número de “otros” un 77%, lo que supone pasar de 121.533 a 157.151. Sin embargo, el incremento en el número de becas no se traduce en contrataciones. Solo un 45% recibe una oferta re renovación de la beca o un contrato laboral. Aumento de becarios baratos y pocas renovaciones… que cada cual saque sus conclusiones.

  • Álvaro García

    Álvaro García

    Periodista. Ahora, obsesionado con las únicas celdas que no nos hacen menos libres: las de Excel. Los datos también pueden ser divertidos o, por lo menos, eso trataré de demostrar por aquí.

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