‘Trainspotting’: 20 años siendo un rito de paso generacional

Tú cuando se te cae el móvil al wc y te metes a rescatarlo. Fotograma de 'Trainspotting'.

El film que marcó los 90 y se dispone a marcar esta década:

  • Es, como 'Pulp Fiction' o 'El gran Lebowski', más que una peli de culto un icono pop

La línea de bajo trotona es la misma -el Lust for life de Iggy Pop, con el que daba comienzo la película original-, pero algo ha cambiado en la estación de trenes escocesa. Ésa fue la sensación que tuvimos muchos de nosotros cuando se hizo público el trailer de Trainspotting 2, un avance en el que, aunque sólo pudiésemos ver un plano de la película, sólo uno, y ni siquiera siendo éste un primer plano, la evidencia era demoledora: Renton y su pandilla de Trainspotting tienen arrugas. Qué desastre, cómo pasa el tiempo: la hemeroteca nos confirma que hace justo 20 años la película británica llegaba a nuestros cines, nos hacía elegir una vida, un trabajo y, horreur, un futuro.

Defender la vigencia de Trainspotting dos décadas después de su estreno, incluso obviando la inminente existencia de su secuela, es pan comido. Trainspotting, como Pulp Fiction, como El gran Lebowski, es de esas películas estrenadas en los noventa que han excedido su condición de cintas de culto. Son, directamente, camisetas, tatuajes y ritos iniciáticos, incluso para un público joven, que la recupera de generación en generación. Hoy alguien verá Trainspotting por primera vez. Y mañana. Lust for life.

Basada en la novela de Irvine WelshTrainspotting narra las desventuras de un grupo de heroinómanos en la Escocia de mediados de los noventa. Pese a lo patalógico -heroinómanos- y lo local -Escocia-, la película terminó por convertirse en un inusitado sleeper; una bomba que estalló por sorpresa y cuya onda expansiva se extendió por medio mundo. Insistimos: una película sobre heroinómanos convertida en fenómeno global; un chute provinciano, bajo un puente, causando una sobredosis a nivel internacional.

Hoy parece imposible que alguien calentase una dosis sobre una cuchara, la succionara con una jeringuilla que luego clavaba en su brazo, y que presionase el émbolo. Lo que en los ochenta fue una auténtica pesadilla, daba sus últimos coletazos a mediados de los noventa, y tanto Trainspotting como la antes mencionada Pulp Fiction daban buena cuenta de ello. “Coge el mejor orgasmo que hayas tenido, multiplícalo por cien, y ni siquiera andarás cerca”, declamaba sobre el caballo Renton, el protagonista de la cinta.

A diferencia de otras propuestas más o menos contemporáneas a ella como Réquiem por un sueño o Diario de un rebeldeTrainspotting, aunque algunos de sus pasajes no escatimaban en sordidez, no constituye una crítica al mundo de las drogas. De hecho. Si Réquiem… y Diario… son capaces de hacerte dejar de fumar tras su visionado, Trainspotting y su puesta en escena hiperbólica, frenética, de ritmos pop -a Iggy hay que sumarle Lou ReedDavid BowieBlurPulp o Joy Division-, te hace entrar ganas de peinar, a tope sin siempre, rayas de azúcar para sorber con una cañita. Y de salir a bailar fuerte, por supuesto.

'Trainspotting', aunque algunos de sus pasajes no escatimaban en sordidez, no constituye una crítica al mundo de las drogas

Trainspotting‘s still kicking, sí. Y lo está porque, aunque las heridas en las que se recrea durante hora y media ya estén cerradas, seguimos siendo adictos: la heroína y el éxtasis, a la postre, han sido sustituidas por la nomofobia -adicción al móvil- o el running -cambiamos los sudores del mono por los del trote. Quizás sean esos los derroteros por los que transite Trainspotting 2; quizás sea ese el futuro que reciba a Renton y los suyos. Lo que queda por descubrir es si ése es (o no) el futuro que ellos eligieron.

  • Víctor Parkas

    Víctor Parkas

    Periodista cultural y ex-agente de S.H.I.E.L.D. Puedes encontrar sus artículos en fanzines, en medios de gran tirada y ahora también en Eslang. Como Billy Elliot, lo único que quiere es bailar.

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