Cultura Popular

Todo lo que Bridget Jones nos enseñó de tener 30 y no ha servido de nada

Joder, que esta mujer ya se sentía una solterona:

· Recordamos cómo la pizpireta británica nos enseñó a temer los 30 cuando sólo éramos unas adolescentes...

El estreno de El bebé de Bridget Jones supuso el regreso de la solterona lunática (según sus propios términos) más popular de la cartelera. Ha llovido mucho desde que Renée Zellweger interpretara por primera vez al personaje creado por la escritora británica Helen Fielding en 1995, y con ellos, claro está, también han pasado muchas cosas.

No solo para la actriz, que pasó de engordar 11 kilos por exigencias de guion para El diario de Bridget Jones (2001) a verse envuelta en una loca polémica acerca de si había hecho bien en operarse o no, que llegó a retirarla de la escena pública unos cuantos meses.

También para un público que ha crecido con el personaje. Los que éramos casi adolescentes cuando Bridget nos avisó de la que se nos vendría encima con los treinta ya los hemos cumplido, pero sin los mismos problemas que ella. Claro: porque tenemos otros diferentes.

¿Acostarte con tu jefe? ¿Con qué jefe?

 

Los primeros quebraderos de cabeza de Bridget Jones en la ficción comenzaron con una aventura con su jefe, un tipo nada recomendable llamado Daniel Cleaver al que Hugh Grant dio vida en la pantalla. Con la actual tasa de desempleo nacional, de un 21,82% para las mujeres y un 18,41% para los hombres, quizá no todos tengamos tantos motivos para preocuparnos por lo de flirtear en la oficina.

georgeconstanza

Sí, ya sabemos que existe gente que ha llegado a los treinta con trabajo. Pero aquellos que lo han conseguido a costa de hacerse autónomos con la oficina en casa o de practicar el pluriempleo disperso tampoco tienen demasiado fácil lo de echar una canita al aire en el despacho de enfrente.

Empezar de cero

Agobiada por la ruptura con Cleaver, en El diario… Jones decide que lo mejor que puede hacer es cambiar de empresa. Y no solo lo consigue de inmediato, una situación que en el contexto actual se diría casi de fantasía para cualquier currito, sino que entra, sin ningún tipo de experiencia previa, como reportera en un programa de la tele, lo cual hoy constituye, directamente, ciencia-ficción. Sí nos podemos tomar como una profecía, en cambio, el retrato que tanto la novela como la película hacen del reporterismo televisivo: un poco de iniciativa, bastante inconsciencia y mucha vergüenza ajena.

Que tu madre te avergüence con sus apariciones en ¿la teletienda?

Con Bridget Jones aprendimos que, al llegar a la madurez, puede que no solo tengas que lidiar con tus problemas sentimentales, sino también con los de tus padres, que, al verte tan bien criado, optan a veces por lanzarse en brazos de una segunda juventud. En el caso de la madre de Jones, ésta consiste en juntarse con un mago de la teletienda, con el que aparece en un programa de televisión desde el que abochorna a su hija y su marido. En cambio, a ti, ahora que ya les has explicado cómo funciona el Whatsapp, lo que debe preocuparte no es que tus padres salgan por la tele, sino que salgan por Periscope.

La sopa azul: imperdonable en tiempos de foodies

El primer día que Mark Darcy (Colin Firth) se presentó por sorpresa en casa de Bridget, ésta se agobiaba preparando una cena para amigos que no salía según lo planeado. Darcy intentó echarle un cable, pero no consiguió impedir que el plato principal se tiñera de un nada apetecible color azul. No obstante, todo se resolvió gracias al sentido del humor de unos invitados a los que se les notaba mucho que todavía no habían visto MasterChef ni leído El comidista: habría que ver qué pasaría si hoy, con tanto gourmet suelto, se nos ocurriera servir sopa azul.

masterchef

¿No es terrible lo de Chechenia?

Agobiada por la perspectiva de un evento de trabajo en el que estaría rodeada de intelectuales, la primera Bridget Jones ensayaba la pronunciación correcta de Chechenia, entonces país de desgraciada actualidad, mientras pasaba la aspiradora. Cumplir treinta significaba, dedujimos, estar obligado a saber ciertas cosas o, en caso de no saberlas, a fingir que se sabían. Bueno, ahora nos hemos dado cuenta de que, por fortuna o por desgracia, no pasa nada si ya tienes treinta y reconoces que hay cosas que no sabes.

  • Manuela Astasio

    Por Manuela Astasio

    Periodista y mujer orquesta. Como diría Lola Flores, soy “una persona muy sensible que ha visto muchas cosas”.

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