'Girls' pasa a la historia como nuestra gran serie sobre la amistad | eslang

‘Girls’ pasa a la historia como nuestra gran serie sobre la amistad

'Girls' dice adiós tras 6 temporadas:

  • Hannah Horvath y su 'squad' han sido la estampa de nuestra generación
  • Con la serie se va uno de los mejores retratos de amistad en tiempos millennials

Días antes de que HBO emitiera el episodio final de Girls, muchos fans ya habían decidido que su final ‘moral’ era Goodbye Tour, el capítulo de la semana anterior. Funcionó como una especie de tributo a sus seguidores, al cariño que han mostrado siempre a sus protagonistas, una entrega deliberadamente dedicada a uno de los grandes temas de la serie. “Me gustaría deciros que no infravaloréis esta amistad. Sé que parece que todo será amor y deseo, pero el deseo desaparece y la amistad no. Si la alimentáis”, le espeta Hannah Horvath a un grupo de universitarios que la miran con cara de poker. Con esta idea en mente, los minutos nos guían hasta una improbable reunión de Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna, más bien una discusión, la última en la que podrán echarse mierda a la cara. La última, al menos, de la que seremos testigo, pues, a la espera de confirmarse una película extra, no las veremos juntas nunca más.

susan

Girls no ha sido una ficción de grandes audiencias (su entrega final ha registrado una media de 500.000 espectadores), pero es incuestionable su huella en un culto muy joven, y su habilidad para sugerir dramas y tristezas de la generación millennial. Hoy estamos acostumbrados a ficciones de aspecto indie tildadas así, con ejemplos brillantes como Atlanta, Master of None o Insecure, pero cuando HBO lanzó en 2012 su apuesta no sabíamos a qué nos enfrentábamos. Que la produjera Judd Apatow, padrino de la comedia juvenil (Freaks & Geeks, Love), era un buen augurio, pero el descubrimiento fue Lena Dunham, autora y estrella, con una honestidad lúcida y cruel. Por su pluma han pasado todas las inquietudes, de la familia al sexo, de la vocación a la muerte, de la dependencia a la madurez, del amor a la amistad. Esto último ha sido tal vez lo más interesante: cuando todo se desmorona, los amigos permanecen. ¿No?

Las comparaciones con Sexo en Nueva York fueron bastante usuales al principio de la ficción, aunque solo tenían tres aspectos en común: HBO, estar protagonizadas por mujeres y su reflejo de la amistad femenina. Aspectos bastante importantes, eso sí. Girls nos regaló un grupo de protagonistas con las que todos pudimos identificarnos, regla clásica de empatía de las pelis y series juveniles: Hannah Horvath era el punto de encuentro, los ojos a través de cada aventura; Marnie Williams la estirada, caída en desgracia profesional y sentimental; Jessa Johansson era lo salvaje, lo inestable y lo extremo; y Shoshanna Shapiro la aplicada y apocada, a la que callárselo todo acabaría pasándole factura. La química entre Lena Dunham, Allison Williams, Jemima Kirke y Zosia Mamet cuajó al instante; o podemos decir la falta de ella, ya que las disputas han sido tan habituales como los momentos felices entre sus personajes.

Por su pluma han pasado todas las inquietudes, de la familia al sexo, de la vocación a la muerte, de la dependencia a la madurez, del amor a la amistad

Es una de las virtudes por las que recordaremos Girls, por su retrato crudo y sincero de la amistad. Para que una ficción logre alzarse como voz colectiva, estampa de una generación, no solo hace falta un amplio abanico de personajes, sino un enfoque con personalidad, próximo al espíritu con el que su público enfrenta sus problemas. En la era en que las series han asimilado lo que el filósofo Zygmunt Bauman llamó amor líquido (esa incertidumbre de lo romántico que consagró la trilogía Antes del…, de Richard Linklater), la amistad debía encarar un fenómeno similar, y aquí está pincelada como un cúmulo de grandes egoísmos y pequeños altruismos. La dependencia emocional, la necesidad de atención y la rivalidad por el cariño (de esa mítica discusión de Beach House a la replicada en Goodbye Tour) compiten con escenas puntuales de unidad, empatía y comprensión (ese baile al ritmo de Robyn, o la entrañable boda de Marnie).

Si lo que nos sugirió Girls en Goodbye Tour es alegre o triste depende de los ojos de quien lo vea. Es incuestionable, eso sí, que es realista, un momento emocionante por los recuerdos, pero también de resignación, o más bien de aceptación, de la fugacidad de todo lo bueno. La amistad, como lo que no se cuida, acaba muriendo, y eso es una lección de vida, incluso una moraleja, de las muchas que nos deja Girls. El sentimiento más certero quizá sea el agridulce, porque en este viaje también hemos aprendido cosas buenas: el gran valor de la autenticidad, de la identidad, de la lucha por lo que nos apasiona, de la seguridad que llega con la madurez (la de sus personajes, pero también la de su creadora). Esa confianza ante lo que no se puede cambiar es precisamente lo que provoca la sonrisa emocionada de Hannah Horvath al mirar a sus amigas bailar en la última fiesta. ¿Y qué si no se vuelven a ver? Ya siempre la acompañarán.

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  • Víctor M. González

    Víctor M. González

    Periodista madrileño, estrella del pop en construcción. Apasionado del cine y la televisión en un encuentro improbable entre Wong Kar-wai y Tony Soprano. No te fíes demasiado de esa mezcla explosiva.

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