Cultura Popular

¿Es ‘Los caraconos’ la película más olvidada de nuestra infancia?

'Los caraconos' cumple 25 años en 2018 excluida de nuestra lista de pelis de referencia:

· ¡Pero si mascaban condones como si fueran chicles y comían gofres más rápido que Eleven!

'Los caraconos' cumple 25 años en 2018 excluida de nuestra lista de pelis de referencia:

· ¡Pero si mascaban condones como si fueran chicles y comían gofres más rápido que Eleven!

Es probable que si preguntamos a alguien por un planeta ficticio con vida extraterrestre mencione antes Raticulín que Remulak. El legado que Carlos Jesús dejó a la cultura freakpop a través de sus viajes astrales es inconmensurable, por supuesto, y al fin y al cabo, Raticulín albergaba al Mesías. Y contra eso no se puede competir. Aun así, el planeta de Los Caraconos no parece ser en absoluto célebre en el acervo colectivo. La película, que este año celebra su 25 aniversario, apenas está presente en el imaginario cinematográfico popular aun formando, muy seguramente, parte de nuestra infancia. Si todos la vimos, ¿por qué muchos la han olvidado?

Las invasiones alienígenas estaban a la orden del día en el cine de los 90. Títulos como Independance Day o Mars Attacks marcaron la prepubertad de muchos de nosotros, cada una a su estilo. Sin embargo, antes de que Will Smith salvara al planeta aquel 4 de julio y de que Tim Burton estrenara esa comedia de ciencia ficción que hacía gracia y daba canguelo a partes iguales, llegó Los caraconos. 

La película se estrenó el 23 de julio de 1993 en Estados Unidos y surgió como una oportunidad de explotar el tremendo éxito que los sketches de los caraconos habían tenido en el programa Saturday Night Live, como anteriormente había sucedido con The Blues Brothers. Dirigida por Steven Barron, el filme narra la historia de Beldar (Dan Aykroyd) y Prymaat (Jane Curtin), una pareja de extraterrestres que se quedan atrapados en la Tierra cuando su nave es derribada por un caza-interceptor F-16 de la Guardia Nacional Aérea de Nueva Jersey (EEUU).

Beldar y Prymaat Conehead en pleno sueño americano.

El matrimonio Clorhone, que luego adoptó el apellido Conehead por razones obvias, tendrá entonces que adaptarse a la forma de vida de los hombres y mujeres occidentales hasta que otra nave pueda llevarlos de regreso a Remulak… y trasladarles así toda la información necesaria para conquistar el planeta. Pero tranquilidad, que tras tantos años en este mundo quedan tan fascinados con el american way of life que se quedan a vivir entre nosotros.

A pesar de que sus creadores siempre alegaron que la película se concibió con el simple objetivo de entretener, lo cierto es que Los caraconos puede ser vista como una crítica satírica hacia el clásico relato aspiracional del sueño americano y al férreo sistema de inmigración de Estados Unidos. No obstante, a la familia Caracono, que tendrá un +1 cuando conciban a su hija (a la que los guionistas llamaron Connie en un tremendo ejercicio de metástasis creativa), les perseguirá durante muchísimos años un agente del INS que no cesará en su empeño por intentar deportarlos de vuelta a Remulak Francia, de donde aseguran haber emigrado. Para un americano medio de los 90, el exotismo podría ser perfectamente el mismo.

Gif de un sketch extraído del ‘Saturday Night Live’.

De este modo, Los caraconos nos presenta una historia de inmigración familiar alimentada con el humor facilón de gags protagonizados, en su mayoría, por su choque cultural con los terrícolas. Mención especial merece el momento en el que Prymaat grita aterrorizada en el supermercado al confundir un puesto de berenjenas con un montón de cabezas cónicas decapitadas.

En pocos segundos suspira aliviada bajo la mirada de incomprensión de su vecina. ¿?

Mientras Prymaat se encarga de gestionar la economía doméstica, realizar las tareas del hogar y educar a su hija Connie (Michelle Burke), Beldar encontrará trabajo primero como reparador de electrodomésticos -tarea que realizará por cuatro duros-, luego como taxista y posteriormente montará su propio negocio y se convertirá en profesor de autoescuela.

Los caraconos se integrarán así, con su robótica forma de hablar y toda la pesca, en la cultura estadounidense de manera plena…

…participando de las actividades extraescolares de su hija Connie…

…hartándose de gofres y junk food…

… y mascando condones rosas como si fueran chicles.

Esto último quizá no lo pillaron del todo, pero tienen excusa: los caraconos se reproducen a través de anillos sensoriales colocados en la cabeza, como nos dejan ver cuando pillan a la ya-no-tan-pequeña Connie perdiendo su virginidad con un terrícola (“¡NOOOO! ¡Tu cono es demasiado joven!”).

¿La prueba definitiva de su integración en la sociedad americana? Una de los primeros pasos que da Beldar en este nuestro planeta -aparte de conseguir una identidad falsa como Donald R DeCicco gracias al personaje que interpreta Adam Sandler, todo sea dicho de paso- es ir al dentista para revisar el aspecto de su dentadura.

La cinta forma parte del catálogo de Amazon Video y me la tragué hace poco un domingo de resaca. Revisitar la película 25 años después me hizo preguntarme por qué hemos condenado este título al ostracismo cinematográfico más absoluto, porque Los caraconos funciona como comedia y como crítica a la política de aquel momento, pero también a la actual, aunque el 3,7 de FilmAffinity no indique lo mismo.

¿Quizá fue el regustillo a nostalgia? ¿A alcohol? ¿La mezcla de ambos? Lo desconozco. Quizá, simplemente, la película entretiene. Al menos, para un domingo por la tarde. En cualquier caso, FilmAffinity también suspende a otros clasicazos de nuestra infancia como Flubber y el profesor chiflado (4,3) o Daniel el travieso (4,0) y le da un aprobado raspado a Babe, el cerdito valiente (5,7). Just sayin’.

  • Cecilia Marín

    Por Cecilia Marín

    Periodista. Dúctil y resolutiva. Una vez maté una cucaracha tirándole la guía telefónica encima. Todo en mí son grandes ideas. Nadie ha dicho si buenas o malas.

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