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Creadores

Blue Jeans: “He aprendido a vivir con dolor: de manos, de muñecas, artritis, de espalda, de cabeza…”

Blue Jeans cambia de registro en su última novela:

· ¿Quién ha matado a la chica invisible?

Ya no hay corazones en la portada. Los colores cuquis son ahora oscuros. Es algo simbólico, pero muy importante para Blue Jeans, que busca romper con la imagen que ha proyectado en sus diez libros anteriores. En realidad, es una ruptura a medias: él sigue siendo el mismo, su forma de escribir sigue siendo la misma y le sigue acompañando su gorra, su marca de identidad y que, quizás, deje a un lado cuando no escriba como Blue Jeans, sino como Francisco de Paula Fernández. Quizás.

¿Cuántas veces te han comparado como el Federico Moccia español?

Hace tiempo que no jaja Fue al principio, sobre todo con Canciones para Paula. Cuando empecé con Planeta creo que incluso estaba en el dossier de prensa. El Federico Moccia español… siempre lo he llevado bien, no he tenido problema. Realmente no nos parecemos tanto. Escribimos los dos juvenil, aunque Federico creo que escribe un poco más para adultos que yo. Para mí es un halago, tiene una carrera muy consolidada, es un tipo al que aprecio, he leído sus libros. Me lo preguntaban en todas las entrevistas, pero siempre lo he llevado bien.

¿Cuántas veces te han preguntado por tu edad y su relación con que tus obras sean novela juvenil (y romántica además)?

Cuando un autor escribe libros sobre la Segunda Guerra Mundial no le preguntas si ha nacido en mil novecientos cuarenta y pico. Jordi Sierra i Fabra tiene 70 años y sigue escribiendo novela juvenil. Creo que no es importante la edad a la hora de escribir, hay recuerdos que todavía tengo muy frescos de mi etapa adolescente y universitaria, sentimientos que no se olvidan nunca, que puedes equiparar a los sentimientos de tus personajes… Es verdad que me han preguntado ‘como un chico que ni siquiera se mete en la piel de una chica que es adolescente y tal puede…’ Más difícil sería si tuviera que escribir un libro sobre un romano, que ni siquiera he tenido la oportunidad de haber vivido en esa época. Es un trabajo de meterte en el personaje, ver qué es lo que cree que puede sentir en ese momento, leer, hablar, informarte… y claro, algunas veces te equivocarás, transmitirás cosas que a lo mejor no es lo que quieres decir.

Si esto fuera una partida de póker, parece que haces un ‘All in’ hacia el género del misterio…

Sí, casi. Si no un ‘All in’, la mitad de lo que tengo. Había que hacerlo. A veces hay que arriesgar un poco y salir de tu comodidad. Diez libros… me ha ido bien, hay que reconocerlo, me ha ido bien, pero uno mismo tiene que ser honesto también consigo mismo y con los lectores, y con la editorial. Cuando terminé el cuarto libro de ‘El club de los incomprendidos’ podía haber escrito un quinto. Con ‘Algo tan sencillo’ me han pedido muchas veces la cuarta parte… pero es que no sería honesto, no estaría contando lo que yo realmente pienso, lo que realmente siento. Cuando hablé con la editorial y me dijeron ‘¿Ahora qué?’ dije ‘Mira, tengo en la cabeza un thriller juvenil que creo que puede salir bien’ y ellos respondieron ‘Ah, pues tenemos una idea muy parecida a la que tú piensas’.

Ha sido un proceso guay, me he divertido mucho escribiendo. Toda mi vida he leído novela de misterio: Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, ahora Dolores Redondo… Me lo he pasado fenomenal escribiendo, lo he intentado hacer lo mejor posible; es verdad que es mi primera novela de misterio, mi primer thriller juvenil, y tengo mucho por aprender. Espero que a los lectores les guste y continúen apoyándome en esta nueva etapa.

Realmente no es tu primera novela de misterio. En tus inicios, llevaste a varias editoriales una propuesta similar y la rechazaron.

Sí, lo viví con desencanto. Aquella novela se llama, o se llamaba, ‘El legado de Agatha’. Estuve como un año y pico documentándome sobre ciertas cosas para el libro, trataba la época victoriana en Inglaterra. Leí muchísimo sobre lo que tenía que tratar, no voy a decir el qué, no vaya a ser que algún día me dé o a alguien le dé por publicarla jaja Fue un trabajo. Acababa de licenciarme en Periodismo, no encontraba trabajo, vivía en un sitio súper pequeño en Madrid, no tenía ni mesa para escribir, me iba a las cafeterías a escribir, por eso sigo escribiendo en cafeterías, y cuando la terminé se la pasé a mi familia. A mi familia les gustó mucho, entonces ya te crees que ‘buah, con esto vamos a pegar un pelotazo, se van a pelear las editoriales…’ Claro, desde el total desconocimiento del sector, del mundo editorial. Entonces, cuando van llegando las cartas de rechazo, unas porque no encajas con lo que están buscando, otras porque… se inventaban cualquier excusa, algunos ni siquiera te devolvían el manuscrito, lo destruían… te quedas ‘chafao’.

Fue una época en la que lo pase mal, no solo por los rechazos editoriales, también por problemas de identidad. A mis padres los tenía muy preocupados. No encontraba trabajo, estaba en Madrid solo… fueron momentos duros y difíciles durante unos años. Afortunadamente, un día se encendió una bombilla y me puse a escribir en Internet, pero esos momentos me han ayudado a que no se me suba la cosa a la cabeza, a tener siempre los pies bien clavados en el suelo y a saber lo que cuesta llegar a cualquier sitio.

La respuesta cambia cuando pasas de ser Francisco de Paula, sin nadie detrás, sin un aval, a ser Blue Jeans, con fans en la red…

Es lo que me pasó. Cuando en 2008 abrí aquel Fotolog de ‘Canciones para Paula’ tenía 0 seguidores, conocía a 0 personas… Cuando en 2009 me pongo en contacto con las editoriales tenía una comunidad de 10.000 personas más o menos. Tenía 150 cuentas de Tuenti abiertas, con 500 personas cada una, un foro, gente que me ayudaba a promocionar la novela por Internet… eso fue lo principal, seguro, para que la editorial Everest publicara ‘Canciones para Paula’.

De hecho, con el paso del tiempo me enteré que la nota de evaluación que me dieron fue un 3. Sobre 10. Hubo una persona que insistió mucho en Everest en que ‘hay que publicar a este chico, que lo está petando en Internet, fíjate todo lo que ha conseguido él solo…’ En esa época nadie había publicado todavía nada de Internet al papel. Los jefes de la editorial hicieron un comité de evaluación para valorar la novela y tuvo un 3 jaja Pero esta persona siguió insistiendo y, al final, decidieron publicarme. Fue la primera novela que pasó de las redes sociales al papel, así que mira, no siempre lo que dicen los jefes es luego lo que vale. Todos los libros que tiraron en diciembre de aquel año se vendieron, para sorpresa de mucha gente, y eso fue creciendo, fue creciendo… y yo también fui aprendiendo, mejorando, poco a poco, libro a libro, pasito a pasito. Gracias a eso he aprendido a ser disciplinado, a ser exigente, a saber lo que quiero hacer. Sé que tengo que aprender mucho todavía, pero sí tengo un plan cada vez que escribo un libro, y se nota cuando ves o lees lo anterior, que el trabajo es mucho mejor ahora que el que hacía con ‘Canciones para Paula’, por ejemplo.

¿Crees que es peligroso que las editoriales, en su afán por vender, se puedan llegar a fijar más en números de seguidores que en la propia calidad de los textos?

No lo sé. Muchas veces se habla de lo comercial, de los seguidores, de los libros de ‘youtubers’, que si es porque eres famoso, que si gente que tiene muchísima calidad no vende… Todo es súper relativo. Una editorial es una empresa, una librería es una empresa, y necesitan ventas para poder sacar al siguiente autor, para seguir con el negocio adelante. Lo han pasado muy mal durante muchos años, se han cerrado prácticamente la mitad de las librerías que existían en España… así que cuando aparece alguien que vende… Lo que no quiere decir que no haya que publicar otro tipo de contenidos. Hay gente que escribe muy bien que, a lo mejor, no ha tenido la oportunidad. Pero esto pasa como con los cantantes, es decir, muchas veces no llega el que mejor canta, llega el que más transmite.

Mi forma de escribir no es ‘académica’, escribo como creo que debo escribir: mucho diálogo, no hay prácticamente descripciones en mi libros, capítulos cortos… Si a lo mejor coge mi libro un miembro de la RAE dice ‘pero bueno, como este chico está vendiendo libros’… pero es mi manera y ha llegado, y ya saben cómo escribo los lectores. Hay que dar oportunidades, ojalá todo el mundo tuviera las mismas oportunidades y mucha gente consiguiera vivir de los libros, tanto gente que tiene seguidores como gente que no tiene seguidores. También hay que hacer ‘clic’ y darte cuenta del mundo editorial, me puede pasar a mí: ‘oye, tú ya no vendes, ya no estás arriba… pues lo sentimos mucho…’. Es lo que hay, es un negocio y lo hago lo mejor posible, pero tienes que ser consecuente con eso.

Has reiterado que con ‘La chica invisible’ quieres salir de tu ‘zona de confort’. ¿Qué sientes que pones en riesgo al publicar esta novela?

Lo de la ‘zona de confort’ es una frase que voy a cambiar en las próximas entrevistas jaja El riesgo es que al lector no le guste; está acostumbrado a un determinado tipo de libro, en los que trato unos temas, dirigidos a un público joven… pero es que empiezo con un crimen. Hay gente que ya me ha dicho ‘oye, es que yo no estoy acostumbrado a leer este tipo de libros’ o ‘Este no es el tipo de libros que me gusta’. Yo ya tengo conseguido mi ‘mundo’, mi marca; con esto lo que arriesgas es que a gente que le gustabas no le guste lo que haces ahora. Ese es el principal riesgo.

Luego, el que la historia no esté bien construida, es decir, a pesar de que hay un trabajo editorial, una gran correctora, mis padres lo han leído… pero cuando empecé a escribir el libro no sabía si iba a ser capaz de escribir esta novela como al final ha sido. No es fácil empezar con un crimen y resolverlo al final con todo lo que tiene que pasar por el medio. Es una novela mucho más complicada que las otras en cuanto a trama, documentación… Ese es otro riesgo, que me hubiera quedado bloqueado o que no hubiera sabido hacerlo. Luego hay otras cositas: que a la editorial no le gustara, que no se vendan los libros… pero desde el punto de vista personal siempre pienso en el lector. Si al lector no le gusta, ¿qué haces? ¿Vuelves otra vez a los corazones? ¿Intentas buscar otras soluciones? No sé, es un riesgo que a lo mejor desde fuera no se ve tanto, pero yo lo vivo. Y no tengo la seguridad de que esto vaya funcionar.

Eres un apasionado de las redes sociales […]

Bueno, más que apasionado de las redes sociales, soy una persona muy activa en las redes sociales, que es diferente. No soy adicto a las redes sociales. No necesito las redes sociales para… es decir, podría estar perfectamente días sin utilizarlas, pero es cierto que tengo una manera de llevar las RRSS, que además las llevo todas yo, que necesitan alimentación diaria. Hay veces que me gusta, es decir, lo paso muy bien contestando, pero cuando contestas 15 veces lo mismo en el mismo día… Ahí tienes que ‘comerte’ todo lo que pasa por tu cabeza y decir ‘tranquilidad, esta persona no tiene por qué haber visto lo que he escrito antes’. Creo que es necesario dedicarles tiempo; aunque claro, he publicado más de 134.000 tuits, parece de una persona totalmente adicta jaja

Lo de las redes sociales venía a colación de plantearte un reto: ¿Cómo definirías ‘La chica invisible‘ en 140 caracteres?

Ostras… Es un thriller juvenil en el que he intentado dar importancia a lo que pasa en los pueblos en cuanto a rumores, a que todo el mundo se conoce… He intentado buscar personajes diferentes: el ídolo de Julia es un jugador de ajedrez, Emilio es el ‘incomprendido’ de la historia… y he utilizado sobre todo a adultos, que no había utilizado hasta ahora. Creo que los personajes y la investigación policial son la base de ‘La chica invisible’.

[La descripción ocuparía finalmente dos tuits de 280 caracteres]

He leído que no crees mucho en la inspiración, que prefieres sentarte horas y horas delante del ordenador hasta que salen las palabras.

Sí, es verdad. Como he dicho otras veces, nunca ha venido un hada madrina que se llame ‘inspiración’, me ha dado en la cabeza con la varita y ¡boom! se haya rellenado la página en blanco. A lo mejor no tengo esa facilidad para escribir que pueden tener otras personas. Le dedico muchas horas y, con el tiempo, te vuelves más exigente con lo que haces; que no quiere decir que sea mejor o que vaya a gustar más, pero tú eres más exigente. No pasas al siguiente párrafo a no ser que estés conforme con el anterior, y eso no es inspiración, es esfuerzo, es trabajo, son horas delante del ordenador, es que el ojo te tiemble porque llevas muchas horas… Escribir es mi pasión, pero se ha convertido también en mi trabajo. Agatha Christie decía algo así como que ‘escribir dejó de gustarle en el momento en el que tenía que escribir por obligación’. A mí no me pasa, me pasa justo al contrario. Cuando he empezado a escribir con ‘presión’ ha sido cuando más ganas tengo de ir a mi cafetería y pasar allí el tiempo, escribiendo. Disfruto mucho, pero sigo sin pensar que deba escribir cuando me sienta inspirado. Diferente es que necesite estar bien para escribir, es decir, que la cabeza esté bien y que esté bien físicamente y de salud y que no tenga en la cabeza algún problema, una pelea con tu pareja… ahí sí que me cuesta más escribir.

¿Estás contento con la adaptación al cine que se hizo de ‘El club de los incomprendidos’?

Estoy contento, me gustó la peli, viví una experiencia súper intensa, me volqué con la promoción a través de las redes sociales, incluso me metí en algún follón con algún periodista al que no le había gustado la película… Creo que se podría haber hecho de otra manera, que podía haberse ajustado un poquito más al libro…

Precisamente una de las críticas a la película es que no reflejaba lo que se narraba en ‘¡Buenos días, princesa!’…

Claro, se empieza de una manera que no empieza el libro… Cuando me dieron el guion, la octava versión del guion que habían escrito, y lo leí, dije ‘madre mía, dónde está aquí ‘¡Buenos días, princesa!’… Fui comentando página por página todo lo que pensaba de todas las escenas, de lo que yo haría, de lo que cambiaría… cuando volví a hablar con la productora, Bambú, me explicaron absolutamente todo, por qué habían hecho cada cosa. Todo tenía un motivo. Lo principal: que una película no es un libro, que el lenguaje es distinto, que hay unos guionistas que tienen su versión de la historia, que hay un director que dirige, que en este caso fue fantástico, Carlos Sedes, que hay unos actores que interpretan… Como me dieron esa explicación y como se fueron cumpliendo los tiempos, todo iba rodado y no tenía mucho más que hacer decidí sacar la bandera blanca y decir ‘a por todas con esto’.

¿Qué hay cosas que hubiera cambiado? Sí. Sobre todo el personaje de César, que era muy diferente al César que yo creé, cómo llega a Valeria… me parecía un topicazo tremendo lo de ‘la chica nueva en la ciudad’, eso en el libro no aparece así, ellos se conocían de antes, de cuando eran más pequeños… La película al final es una película juvenil, que ayudó mucho a los libros, eso para mí fue lo principal. Ojalá hubiera habido una segunda parte o, por lo menos, una explicación de porqué no se hizo una segunda parte, pero bueno, es una experiencia más que me llevo. Ojalá hubiera series y películas de más libros y me dejaran participar un poquito más o por lo menos para decir ‘esto es más importante que lo otro’ o ‘por favor no machaquéis a este personaje’ jaja Pero es verdad que mucha gente me conoció por la película y eso hay que agradecerlo.

Canciones para Paula’ fue originalmente editada por la editorial Everest, que ahora está en proceso de liquidación y con varios frentes abiertos, por ejemplo impagos. ¿Cómo está actualmente la situación? ¿Quién tiene los derechos de los libros?

Lo de ‘Canciones para Paula’ fue un proceso curioso. Antes de la película de ‘los incomprendidos’ una productora compró los derechos de ‘CPP’. Una productora que cambió de nombre dos o tres veces. Hubo ofertas de grupos para comprar ‘CCP’, se estuvo haciendo mucho tejemaneje con la película, con series, con no sé qué… Al final parece que Mediaset, por lo que luego la productora me explicó, se interesó. Iban a hacer una miniserie de, creo, cuatro capítulos. Teníamos hasta un guionista, un guionista que escribió tres capítulos que no se parecían absolutamente en nada a ‘Canciones para Paula’. En lo que debería ser una serie para adolescentes / jóvenes teníamos a un chico que era cocainómano, que esnifaba droga en su habitación, que era Ángel; la madre de Paula era alcohólica, ‘las sugus’ le regalaban a Paula cocaína por su cumpleaños… y yo no entendía nada de eso. Entonces dije ‘mira, si esto es lo que va a salir, yo me desvinculo absolutamente de todo’.

Tuve varias broncas con la productora y luego, cuando salió la película de ‘El club de los incomprendidos’, por arte de magia dijeron ‘ahora no queremos una serie, vamos a hacer una película’. Y hasta ahí es lo que sé. Luego pasó lo de Everest, el concurso de acreedores. La editorial se portó súper mal con sus autores, con todos los proyectos, porque no daban explicaciones de nada, no pagaban nada, y la productora desapareció también. Tras lo de Everest, Planeta se interesa por ‘CPP’ y compra los derechos de los tres libros, los saca y ya adquiere también los derechos audiovisuales.

Viajes, promociones, firmas, entrevistas… ¿Sientes que te han faltado fuerzas hasta el punto de decir ‘basta’ y desaparecer por un tiempo?

No soy capaz. Cuando acabo un libro acabo agotado y pienso ‘me voy a tomar un tiempo libre’… y no. Tardo dos días en sentarme otra vez en la cafetería de Callao [Madrid] y ponerme a escribir. Hace como tres o cuatro años que debería haberme tratado la espalda, la cadera, el ojo, la vista… y no me lo trato porque no tengo tiempo. Pongo la excusa de que sigo teniendo cosas, pero es verdad que esto te va mermando físicamente, es decir, estás a lo mejor ocho horas sentado en una firma sin levantarte o levantándote para hacerte una foto, firmando, al día siguiente lo mismo, tienes que levantarte temprano porque el avión sale a tal hora o coges un bus o un tren que tarda cinco horas en llegar al sitio… y eso durante tres meses, sin parar, durante ocho años. Con un libro que ha tardado siete u ocho meses en crearse… el cuerpo se tiene que resentir cuando hace cosas antinaturales.

Y mi cuerpo se resiente. Cuando llego al hotel caigo muerto, cada día. Es como dicen los deportistas, ¿no?, que cuando tienen cierta edad se levantan y les duele todo. He aprendido a vivir con dolor: de las manos, de las muñecas, los dedos, artritis, las rodillas, dolores de cabeza… lo vas asimilando, vas viviendo con eso. Cuando ves que esos dolores se incrementan es cuando igual es el momento de hacer un parón. De momento no lo he he hecho, y no sé cuándo lo voy a hacer. Tengo una pareja también, algún día me gustaría ser papá, casarme… pero es que no llega ese momento. Y tarde o temprano tendré que tirar de lo que he conseguido para parar, porque nunca sabes hasta cuándo te va a durar esto y tienes que tener la cabeza muy fría y muy bien puesta para decir ‘oye, que esto está bien ahora pero a lo mejor dentro de dos años no funciona, es bueno guardar lo que has sembrado anteriormente’.

Insistes mucho en que a veces se obliga a jóvenes a leer libros densos, que no entienden, que no conectan con ellos.

Sí, pienso que a los jóvenes de 12-13-14 años les dan lecturas que no entienden o que no les motiva. Es muy complicado que tú empieces a leer porque te ha entusiasmado el ‘Cantar de mio Cid’, ‘El lazarillo de Tormes’, ‘La Regenta’, ‘La celestina’ o ‘El libro del buen amor’. Entonces, eso hay que estudiarlo y leerlo. Soy partidario de que hay que estudiarlo, hay que saberlo, incluso hacerlo con el profesor delante, decir ‘oye, ¿qué ha querido decir aquí…?’, pero no crea lectores. Ese tipo de libros, para mi, en mi opinión, no crea lectores. Además es que me lo cuentan los chicos, esto lo he preguntado treinta mil veces en las redes sociales, y ellos se enganchan a la lectura leyendo a Laura Gallego, ‘Los juegos del hambre’, a Javier Ruescas o a Andreo Rowling. Hay asignaturas de Literatura y Lengua, está muy bien que lean clásicos, pero a lo mejor se debería dar un margen más amplio para lecturas actuales, en plan ‘De estos diez libros elige tú el que quieres leer’ y, a lo mejor, no hacer examen o no hacer un trabajo, porque leer como obligación no te va a crear un lector. Es un debate muy abierto, hay gente que piensa de otra manera y lo respeto, pero lo que he visto, lo que me han contado, lo que he vivido… Yo no empecé a leer por ‘El lazarillo de Tormes’, empecé a leer porque me gustaba ‘El señor de los anillos’, que no me lo dieron a leer precisamente en el instituto.

Ya que has nombrado a Javier Ruescas y Andreo Rowling… Parece que lo que no han podido hacer los publicistas o las editoriales lo están logrando los ‘booktubers’.

Javier Ruescas lleva publicando desde los 18 años, se ha abierto un hueco y lo de YouTube le ha venido fenomenal, pero es un chaval que lleva currando… lo conozco de hace mucho tiempo, es muy listo y cada vez que ha tenido que hacer algo lo ha hecho perfectamente. Y es verdad que hay una generación ‘booktuber’ que primero aparece en la pantalla del ordenador: gente que habla de libros ha conseguido que gente joven hable de libros, y después los lean. Andreo Rowling, Josu Diamond, May R. Ayamonte, Esmeralda Butterfly… se han hecho un hueco, las editoriales grandes les están teniendo en cuenta y llenan salas. Esto es muy bueno. Son gente joven, llegan a otra gente joven y son tanto escritores como lectores. Primero han sido lectores y han hablado de libros que les gustan y ahora son escritores. Es gente que tiene un gran mensaje, aparte de buenas personas. Gente que llega, que transmite y que están haciendo muchísimo bien a la literatura juvenil y estoy seguro de que todos los jóvenes que se enganchan ahora con ellos seguirán leyendo en el futuro.

Hay una anécdota sobre esta última novela: cuando la enviaste a la editorial lo hiciste sin final…

Soy lector de novela negra y me da mucha rabia adivinar el asesino o el culpable antes de tiempo. Muchos de los libros que leo son por consejo de mi padre. Cuando creo que sé quién es se lo escribo a mi padre por mensaje o se lo digo, y muchas veces, últimamente, he acertado, y eso me da una rabia tremenda. Si escribes una novela de ese tipo, lo que te da rabia es lo que intentas evitar. No quiero que sea previsible. Escribí unos 60 capítulos y dije a la editorial ‘os mando lo que llevo del libro, sin final. Si vosotros averiguáis quién es el culpable o me dais la solución me vuelvo al principio y hago ajustes’. Se lo mandé a mi padre, a mi madre, a mi hermana y a cuatro o cinco personas de la editorial y, afortunadamente, ninguno dio con la clave jaja que eso no significa que ahora lleguen los lectores y al llegar a la página 300 puedan decir ‘pasa esto’. Lo que no van a averiguar seguro es el final final del todo, así que por lo menos tengo esa ultima bala en la recámara jaja

Sueles transmitir una imagen amable, afable, natural. ¿Qué te enfada?

Ostras, también me enfado, ¿eh? Soy una persona tranquila, intento tomarme la vida con filosofía. Últimamente me enfadan mucho las redes sociales: los linchamientos, el que la gente hable sin saber, el que no haya pruebas de algo y ya se esté machacando a alguien… Y aunque alguien meta la pata, es decir, hay ciertas maneras de meter la pata que no se tiene por qué linchar a una persona por eso. Entonces, las redes sociales, que tanto me han dado, que tanto me manejo… me pone muy nervioso el radicalismo que hay en ellas, el juzgar a las personas antes de que lo juzgue la… no estoy hablando de política ni de nada, hablo en general. Me pone muy nervioso.

De hecho, he dejado de leer el timeline en Twitter. Antes sí que repasaba lo que ponía la gente que sigo, casi 14 mil personas. Leía mucho, me servía de información… llevo un mes sin leerlo y soy una persona mucho más tranquila. Quieras o no te enfada que pasen esas cosas, y se juzga y se juzga y se juzga, y a mi me ha pasado, yo he tenido mi propio linchamiento. Como sé que lo que a mi me ha pasado es falso y han pasado cosas que han hecho daño a mi familia, a mi chica, me pongo en la piel de la persona a la que están machacando… Creo que deberíamos tomarnos las cosas con más tranquilidad, dedicarnos a lo que nos gusta, ser más amables, que no cuesta nada. Las RRSS se han convertido en una jungla y nadie pone solución: no sirve de nada denunciar, no sirve de nada contestar, es como si echas migas de pan, viene la paloma y van viniendo palomas y palomas y te rodean. No me suelo enfadar mucho, lo de las redes sociales me pone más nervioso que enfadar. Me tomo la vida con filosofía, con tranquilidad. Tengo mi personalidad, a veces fuerte, pero creo en el diálogo, en las personas y en que hay una manera buena de hacer las cosas.

  • Cristian Buades

    Por Cristian Buades

    Dicen que soy periodista, aunque algunos me llaman juntaletras. Tweetdeck humano, rastreador, un tipo serio.

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