Conocer

Otro artículo para recordar que no, que ni la homeopatía ni las pseudociencias te curan

El debate sobre la invalidez científica y médica de la homeopatía está zanjado, pero...

· El 36% de los españoles reconoce que ha tomado un remedio homeopático alguna vez

· Y más de un 80% no muestra escepticismo alguno ante las llamadas pseudociencias

El debate sobre la invalidez científica y médica de la homeopatía está zanjado, pero...

· El 36% de los españoles reconoce que ha tomado un remedio homeopático alguna vez

· Y más de un 80% no muestra escepticismo alguno ante las llamadas pseudociencias

En el momento álgido de su lucha contra una infección mortal, el protagonista de Osmosis Jones le cuenta a su compañero de aventuras, un principio activo contra el catarro, una historia sobre una pastilla de azúcar con sabor a fresa que no se rindió hasta curar el cáncer. Y aunque esa mentira sirve para animarle a seguir combatiendo a Trax, es una bola. El mismo glóbulo blanco lo reconoce. Ese es el principio básico de la homeopatía: unas dulces mentiras para hacerte sentir mejor pero que no tienen base científica ni médica.

El problema, como todo, viene cuando estas ‘mentiras piadosas’ derivan en una industria multimillonaria que incluso puede convertirse en un riesgo para la salud pública. En España, tras más de 20 años viviendo en un limbo legal, se va a regularizar su comercialización en farmacias dando cumplimiento a una ley europea. Es decir, estarán al lado de los medicamentos reales. Y esto ha puesto en pie de guerra a la comunidad científica y médica.

El propio Ministerio de Sanidad aseguró que pondrá en marcha una campaña para dejar claro a los pacientes que no hay evidencia terapéutica de la efectividad de los productos homeopáticos. No curan, pero se venderán en las mismas condiciones que medicamentos probados.

¿Qué es la homeopatía?

En primer lugar, hay que dejar claro que, aunque la homeopatía no funciona, el 36% de la población ha consumido homeopatía en algún momento. La homeopatía es heredera de los remedios tradicionales de toda la vida: desde las plantas medicinales de la abuela hasta el agua bendita de las Iglesias. Es algo natural al hombre tratar de sentirse bien y aliviar su malestar. Y la ciencia médica no siempre ha sido la respuesta.

En el siglo XVIII un médico llamado Samuel Hahnemann tuvo una idea brillante. Proclamó que lo que te pone enfermo te puede curar, pero en una dosis menor (si lo piensas bien así funcionan las vacunas, claro). Así que inventó una serie de preparados que consistían en diluir en agua la sustancia nociva. El agua reducía su peligrosidad y sólo dejaba sus propiedades beneficiosas. Esto es la homeopatía: diluir en agua un compuesto para cambiar sus propiedades.

Se diluye tanto que ni siquiera se encuentra la sustancia original. Por ejemplo: coges una cucharada de cerveza, la diluyes en una olla de 10 litros, coges una cucharada del producto de esta disolución y la vuelves a diluir en otra olla de 10 litros. El resultado final: cerveza homeopática. ¡No emborracha, pero nutre!

Aunque la medicina es antigua como la vida misma, hace 300 años era un batiburrillo de ideas pintorescas como podéis ver en este artículo. Así que la homeopatía se siguió practicando y tuvo muchísima aceptación. Con el tiempo la homeopatía adaptó sus medicamentos y dejaron de ser soluciones ultra diluidas de agua para presentarse en pastillas de lactosa, sacarosa y agua. Es decir, agua, leche y azúcar. Para combatir dolencias y enfermedades.

¿Funciona?

No, no y no.  Este es un debate zanjado por la comunidad científica hace unos años. En la revista científica The Lancet,  de gran prestigio internacional, publicaron un editorial demoledor: El fin de la homeopatía. El gobierno australiano hizo un exhaustivo estudio en 2014 sobre evidencias científicas y llegó a la conclusión de que no hay ningún problema de salud que curen. En España un consejo de expertos dictaminó, tras una investigación solicitada por el gobierno, que “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta”.

Sólo hay un resquicio científico a través del cual la homeopatía se puede validar: el efecto placebo. Y todos los estudios científicos homeopáticos se agarran a esto: cura, pero no se sabe muy bien cómo. El placebo es un efecto demostrado por la ciencia según el cual ciertos síntomas pueden mejorar al recibir un tratamiento sin verdadera aplicación médica: una pastilla de agua, leche y azúcar, una palmadita en la espalda o un consejo de tu vidente a las doce de la noche.

El efecto placebo existe, pero no reside en lo que tomas en sí, sino en el entorno y en otros factores relacionados con la dolencia. Por ejemplo, en cómo te trata tu médico. Y aquí entra la figura del homeópata amable que se preocupa por ti y escucha y te dice que te vas a curar. Nada que ver con el malvado oncólogo que te condena a un tratamiento de sufrimiento, dolor y te habla de posibilidades de supervivencia.

Vale, este es un ejemplo extremo, pero nunca una pastilla de azúcar curó un cáncer por sí misma. Y el agua no tiene memoria

Pseudoterapias

Muy relacionado con la homeopatía se encuentra el mundo de las pseudoterapias o terapias alternativas. La idea es la misma: una serie de tratamientos sin base científica que se usan con fines médicos para mejorar la salud y curar enfermedades. El problema, de nuevo, es que no son efectivos desde el punto de vista científico.  Además, estos tratamientos tienen el apoyo de eminencias científicas como Mercedes Milá (defensora de una dieta basada en una enzima que no existe) o ese presentador que cuestiona las vacunas y lleva a su programa a expertos en morfopsicología, Javier Cárdenas. Es decir, son mitos que no funcionan pero cuentan con gran apoyo de la sociedad.

De hecho en el  CIS de Febrero se preguntó, por primera vez en la historia, sobre tratamientos médicos. Con unos resultados demoledores:

-El 86% de los encuestados no muestran escepticismo.

-El 21% las utilizaría como alternativa si no fuesen tan caras.

-El 47% de los que las utiliza cree que con ellas tienen una vida más sana.

Estas son algunas de las pseudoterapias más conocidas y utilizadas:

Reiki. Viene de Japón así que tiene que ser buena

Terapia oriental budista que se basa en el chi y la energía propia. El terapista usa su propia energía y sus manos para equilibrar una fuerza interior que tenemos todos y alinearla de manera que te cure tus problemas de salud, tus problemas mentales y, con suerte, te consiga empleo. (modo ironía ON)

Sí, la ciencia ha desmontado esta teoría con estudios rigurosos. Se ha demostrado, por ejemplo, que los pacientes que se sometían al reiki para tratar sus dolencias físicas no apreciaban mejoría comparándolos con los que se sometían a tratamientos clínicos. No existe una energía interna que nos una y, si existiese, no se controla con las manos.

Quiropráctica. El maravilloso cubo de basura de Homer Simpson

La idea no es mala. Todo nuestro sistema nervioso parte de la columna vertebral así que equilibrándola todo se arregla. Deja que te manipule las vértebras, te cause lesiones de gravedad y lo mismo te sientes un poco mejor.

Apiterapia, te pica la abejita y te mueres

Las abejas son unas criaturas maravillosas (que quizás analicemos en otro artículo) pero esta terapia se pasa tres pueblos. Básicamente quiere utilizar todo lo que producen para mejorar la salud, incluido el veneno. El veneno de las abejas tiene un compuesto antiinflamatorio, la melitina, y puede ayudar a relajar partes del cuerpo. Pero claro, el veneno tiene otros componentes tóxicos que pueden producir reacciones alérgicas extremas. Tanto que ya tenemos el primer fallecido oficial por probar esta terapia.

En todo caso, y rompiendo una lanza a favor de esta pseudociencia, pudiera ser que en el futuro se pueda aplicar a casos de esclerosis múltiple. Pero de momento el aguijón lejos, gracias.

Flores de bach, agua y pétalos, la inmortalidad te espera

Edward Bach era un genio. Tras estudiar la homeopatía llegó a la conclusión de que diluyendo flores en agua podría cambiar el estado mental de una persona y de esta manera cambiar su estado físico y su salud.  Diluyó 48 flores en agua y brandy, por darle un poco de gracia al asunto. Eso sí, para que sean efectivas sólo puedes mezclar hasta siete.

Sólo hay que decir que Bach ni siquiera trató de explicar cómo funcionaba su remedio. Funcionaba y punto. Flores, agua y brandy. Un genio.

  • Javier Iglesias

    Por Javier Iglesias

    Juntando letras desde que tengo uso de la razón. Soldado de fortuna en el mundo de la comunicación. Una cita de Vinton Cerf: “Todavía hay mucha gente que ofrece contenidos por el mero placer de saber que la información puede resultar útil a otras personas".

¿Qué te ha parecido?

Te doy mis diez

Me indigna

Me entristece

Fli-po

Me partooo